• Caracas (Venezuela)

Juan Marcos Colmenares

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Unidad

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Es importante conocer la historia política de nuestros pueblos, para no cometer los mismos errores y aprender de sus avances y experiencias.

En 1975 muere Francisco Franco, quedando España afectada por grandes tensiones políticas después de 40 años de una férrea dictadura. Comienza un período de transición con huelgas y grandes movilizaciones populares; y la profundidad de la crisis y los resultados de las elecciones obligan a Adolfo Suárez a poner en marcha una política de acuer­dos y consensos. En 1977 gobierno, partidos políticos, asociaciones empresariales y sindicatos firmaron los Acuerdos o Pactos de la Moncloa, que permitieron a España salir con éxito de la crisis y sentar las bases del desarrollo político, económico y social que han hecho posible la consolidación de su democracia. 

En 1988 Chile protagoniza otro histórico acuerdo, cuando la Concertación de Partidos por la Democracia le gana el plebiscito a Pinochet. Después de 17 años de dictadura esa coalición asegura el restablecimiento de la democracia, con las elecciones que el régimen tuvo que convocar en 1989. El demócrata-cristiano Patricio Aylwin fue electo presidente y desde entonces los acuerdos se han mantenido, pues dirigentes y partidos entendieron la necesidad de deponer sus diferencias a favor del objetivo común: La democracia. 

Ambos acuerdos tomaron como ejemplo y se inspiraron en nuestro Pacto de Puntofijo, firmado en 1958 por los tres partidos más significativos de la época: AD, Copei y URD; donde se comprometieron a defender la constitucionalidad, el derecho a gobernar conforme al resultado electoral, un gobierno de unidad nacional y un programa mínimo común. Igual que los pactos anteriores, fue diseñado para afianzar el sistema democrático eliminando el militarismo, garantizar la alternabilidad del poder y evitar los presidentes vitalicios.

 

Hoy la alternativa opositora ha logrado, para las elecciones parlamentarias del 6D y en torno a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), construir una causa común entre los venezolanos militantes de partidos políticos, independientes, opositores y disidentes, descontentos con la situación del país. Esta unidad electoral será necesario convertirla en una unidad política y programática permanente, que permita el restablecimiento de la institucionalidad democrática. La profundidad y gravedad de la crisis política y económica que actualmente estamos viviendo, nos obliga a poner en marcha una política de acuerdos y consensos, un pacto de gobernabilidad entre los partidos políticos, sociedad civil, organizaciones sindicales y patronales; en donde también estén representados: militares, universidades, iglesias, gremios profesionales y demás organizaciones sociales.

Ya en 1981, en la XXI Convención Nacional de AD, el visionario Rómulo Betancourt había propuesto un gobierno de concertación nacional para hacer frente a la crisis del país, “en el cual estén representados los dos partidos de mayor auditorio en la nación, representantes del sector económico privado y representantes de la CTV. Sólo un gobierno con esa fuerza puede ser capaz de enfrentar los problemas fundamentales que tiene Venezuela”. Más recientemente, el pasado 27 de octubre, Eduardo Fernández en representación de tres prestigiosas instituciones (Fundación Arturo Uslar Pietri, Fundación Alberto Adriani y el Centro de Políticas Públicas Ifedec) dio a conocer el proyecto “Frente al 2016”: Un amplio consenso nacional sobre la base de una agenda compartida y un programa de lo que debería hacer la alternativa democrática para solucionar los problemas nacionales.

Pero para lograrlo necesitamos unidad, cohesión y liderazgo colectivo. Esta es una lucha de todos, que no le pertenece particularmente a nadie y donde el ego personal no puede estar sobre el bienestar de todos los venezolanos. Dejemos a un lado los protagonismos, los divismos y los egocentrismos.

 

jmcolmenares@gmail.com