• Caracas (Venezuela)

Juan Manuel Raffalli

Al instante

Tiempo de mangos

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El episodio del mango o intento de “manguicidio”, como se la ha dicho, no fue poca cosa. Precisamente por ello Maduro, el presidente, no el mango, ha tratado de minimizarlo recurriendo a ridiculeces inverosímiles. La primera y más estúpida fue señalar que era un medio contundente para enviarle un mensaje escrito, como si los venezolanos realmente fuéramos idiotas. Incluso la burla ha llegado al extremo de informar públicamente y en transmisión oficial que ya estamos en “tiempo de mangos” y que ha recibido otros mensajes escritos por ese extraño medio para dirigirse a un presidente. El bochorno ha sido mayúsculo cuando estas excusas inverosímiles han sido satirizadas aún más en shows de televisión con mucha audiencia internacional como Last Week Tonigth de John Oliver.

Claro que estamos en tiempo de mangos, presidente. Ese mango recuerda esa famosa frase publicitaria según la cual “el medio es el mensaje”. El mango en sí mismo era el mensaje aunque nada estaba escrito en su cáscara. Imaginamos, que al igual que el otro objeto lanzado con menos puntería, iba impregnado de sentimientos múltiples; desesperación, decepción y quién sabe si hasta rabia. Pero tranquilo presidente, como siempre muy al estilo “goebelianamente” el asunto usted lo ha resuelto íntegramente informado a la colectividad que la señora lanzamangos ha sido complacida y que usted le profesa un gran amor que le manifestó con la entrega de una flamante apartamento de la Misión Vivienda. Alguien con sorna decía que si le hubiera lanzado una patilla le hubiera otorgado el edificio completo.

Hasta cuándo estas tácticas de poca monta presidente. Asuma un papel de estadista. Entienda que cada día estamos peor y la solución no es callar mangazos con viviendas, el tema es mucho más grueso. El asunto pasa por dejar de buscar fantasmas con fines electorales como la supuesta guerra económica y asumir que el ataque persistente a la empresa privada, junto con la corrupción descomunal que signa este tiempo, ha derivado en inseguridad jurídica, despilfarro y desinversión. El agotamiento de un modelo nefasto nos ha llevado en tiempos de vacas flacas a una crisis económica sin precedentes pero su estrategia es tan elemental que se limita a escurrir el bulto culpando a Obama mantenido como objetivo primordial para mantenerse en el poder y no tratar de sacar al país adelante en este vendaval.

Los errores por acción u omisión son de tal magnitud que no pocas veces se escucha la tesis que le confiere la duda de la intencionalidad con el fin de gobernar en tierra arrasada. No comparto esas dudas, no hay intencionalidad posible cuando se tata de reinar en el caos, me resisto a pensar que un hombre joven tenga esa mezquina y malévola aspiración. Por eso es inexplicable lo que vivimos, sueldos de hambre, inflación de tres dígitos, desabastecimiento, inseguridad y nada menos que una diáspora de talentos y gente buena que nos hace llorar a diario. Vaya saldo, magníficos logros. No hay manera ahora de lidiar con la impopularidad. Y lo peor es que la elección parlamentaria se viene encima y ya los números hablan de lo que ocurrirá si la gente sale masivamente a votar.

Se acaba el tiempo presidente. Es tiempo de magos, vendrán muchos más mangos, lo digo alegóricamente presidente, no se le ocurra apresarme por esa pendejada, mire que a eso recurren los gobiernos en estado de desesperación y después hay que recurrir a Felipe González y compañía. Tome el toro por los cachos, asuma el error histórico de un modelo que sin ingresos petroleros descomunales no es viable. La economía se está dolarizando en sus narices pero con un agravante, al no hacerse de manera planificada y gradual quienes más sufren son quienes menos tienen. Ya son casi 4 salarios mínimos para llegar al nivel de la cesta básica. El estudio sobre pobreza de varias universidades da cuenta de que la revolución sin el petróleo a 100 se convirtió en una fábrica de pobres y de emigrantes.

Si no quiere pasar a la historia en peores términos de los que ya está, o terminar por dar la razón a quienes le dan el beneficio de la intencionalidad, rectifique, tome medidas sin importar costos políticos, anteponga el país al partido, ubique a sus adláteres poderosos en su sitio y resuelva. Y otra cosa presidente, ordene al Ministerio de Asuntos Electorales que fije la fecha de las elecciones, seguramente eso le ayudará mucho a desinflamar este estado de crispación que en ocasiones toma forma mango al más puro estilo de Montejo en su Terredad de Todo.