• Caracas (Venezuela)

Juan Manuel Mayorca

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Juan Manuel Mayorca

¡Parla!

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Entre esas leyendas, mas anecdóticas que documentadas, hay una muy atractiva, sin ser punto medular de cuanto sigue. Se dice que Miguel Ángel, al finalizar su obra escultórica cumbre – el Moisés- recreándose en su perfección la golpeó en la rodilla y le ordenó hablar con el verbo que introduce estas notas. No me importa si el hecho ocurrió pero si así fuere, el genio quería demostrar que tanta belleza nacida de sus manos estaba muda, lo cual era una imperfección. Siglos después, el cineasta Stanley Kubrick en 2001 Odisea del espacio inicia la película con una escena silente de la bóveda celeste, infinitamente azul y estrellada, bajando hasta la tierra donde un grupo de homínidos caminan encorvados, los cuales se detienen al hallar un fémur. Alguno lo observa, se yergue y alzándolo suelta un grito potente que se confunde con el tema de fondo: “Así hablaba Zaratustra”. Estos pasajes, bien diferentes, tienen en común el reclamo de la palabra.

Quienes sean dados a la lectura de la Biblia, abriendo el Evangelio de San Juan encontrarán “que en el principio existía el Verbo y el verbo era Dios”; en múltiples traducciones y ediciones verbo es un sinónimo de palabra, mientras que para Goethe significa acción, lo cual explicaría que el mote implique un actuar, aunque no sea siempre positivo. Duval en Religión, superstición y criminalidad apunta que “en el principio sólo había crueldad”. Estos ejemplos han sido traídos no por erudición sino como eso que califican los lingüistas de sobrecarga semántica, es decir: todo término que pueda ser empleado con muy variados significados. Y ahora sí llegamos a la médula del asunto, haciéndolo en la época del Mundial 20l4 y basándome en las expresiones, comentarios, en fin, palabras de periodistas y narradores, especialmente argentinos, chilenos y españoles, aunque previamente debo hacer algunas aclaraciones.

La primera surgió en entregas anteriores: no hay buenas y malas palabras, máxime con la apertura de la Real Academia de la Lengua Española de unos años a esta parte con un merecido hurra para ella y hasta un olé, si cabe. Tal actitud no solamente coloca al castellano en su mejor etapa de crecimiento sino que ahora no tenemos que cuidarnos tanto para hablar y escribir dignamente. La segunda aclaración es que mientras más motes conozcamos y empleemos, el campo de nuestras neuronas crecerá aumentando la interacción. Eso nos distanciará más de las especies (aunque entendiéndolas mejor) pues ellas viven de la repetición y emisión de fonemas como el homínido de Kubrick o el guaguau de los infantes que un día dirán perro con toda propiedad. Al lograr este cambio no nos quedamos en mera corrección sino que alcanzamos la elegancia y, sin cursilería, nuestro estilo se transforma en más humano y por lo mismo hermoso.

En el territorio de los primates o quizás en el de los que se empecinan  en decir cualquier cosa con tal de impresionar. Los ignaros suelen empeñarse mucho pues tienen peñas por cerebro e insisten en caer, casi siempre, en el mismo hueco. Hacer de alguien, con sus atributos y virtudes, un ser tan especial puede llegar a lo psicopático. Esto puede darse cuando a un simple mortal se le asignan cualidades divinas como la omnipresencia (estar en todos los lugares al mismo tiempo).Y si no me creen, pregúntenle a Maduro a quien capté por televisión en toma desde una estación del Metro. Señalaba a una pared manchada que, según él, correspondía a la figura de su antecesor en el poder y todo para concluir que “Chavez está en todas partes”. Lo siento por ambos. Al primero por no poder descansar más allá de la agonía y al otro por no tener a mano algún buen algún psiquiatra, pero de los más capaces y con posgrado en el llamado imperio.

En el idioma también existen falsas creencias y por tanto vocablos inapropiados, aunque en el diccionario oficial se admitan. La mayor parte proviene del francés o del inglés. Influenciar era un verbo que implicaba  trasmitir la influenza. Existía la voz correcta (influir) que, a mi entender, sigue siendo el adecuado para expresar la acción de traspasar conocimientos o estilo de una persona o escuela a los demás. Pero creo que ya es hora de meternos con el fútbol.

“En un período de tiempo” dijo un español y siguió narrando hasta descubrir algo: “Se viene Cristiano por la izquierda”. Mire, querido amigo, todo período, incluido el de las mujeres siempre, oiga bien, siempre es de tiempo. Por otro lado, Cristiano, por la izquierda o por la derecha, no hacía otra cosa que venir (sin el reflexivo pronombre se) que, por otra parte, acorta. Imagine la locura que usted lograría si pusiese pronombre reflexivo a bajar o subir la cancha.

Muchas personas critican la costumbre del fútbol brasileño que implica   imponer pseudónimos y apodos. Realmente este falso purismo no ha tomado en consideración dos cosas: la brevedad necesaria para una transmisión y que no se trata del fútbol sino de una decisión permitida en todas partes, como en Holywood o en el mundo de la tauromaquia. Imagine que Pelé se hace con el balón. El locutor no tendría tiempo para narrar la jugada si tuviera que decir el nombre completo: Edson Arantes do Nasimento. Lo mismo habría que decir de Cacá, Miler, Paulihno y largo etc. que incluye a la pulga Messi o al pelusa Maradona y no empleo las comillas por innecesarias. Y si hubiere discrepancia invito a conocer los apelativos legales de Ronald Reagan, Obama, Elvis Presley, Tony Curtis el loco Bermúdez , Jesulín de Ubrique y hasta el Chacal.

Ni hablar de tautologías que, salvo en poesía (Sube conmigo hasta este arriba) resultan hasta cochinas como ocurre si un equipo se concentra en un área determinada y el narrador dice que se están acercando los más cercanos. ¡Gran cosa! Bueno hubiese sido que se acercaran los jugadores lejanos. Tan sencillo hubiese sido decir que todo el equipo se ha metido en el campo contrario o decir el número de los que llevaron a cabo la acción, bastante peligrosa por cierto. Pero no es tanto como el galicismo que muchos narradores emplean al mirar el reloj y tratar de no perder público. Textual: “Esto no ha concluido… para el Real Madrid hay tiempo, ahora es que hay juego. No, que no. Ahora es cuando”.

Hay frases, palabras o giros que denotan un empalagoso sabor a extrangerismo o a ignorancia. Puño cerrado, por ejemplo. No lo conozco de otra manera  pues los que se cierran son los dedos. Culpable es una palabra siempre peyorativa y hasta denigrante. Por eso no puede emplearse al hablar del sujeto que realiza una acción digna de aplauso o que beneficia a alguien. Si un equipo gana y un jugador ha sido la clave no se debe decir ante las cámaras tienen ustedes al culpable de este triunfo. Mover no es sinónimo de tocar o desplazar mucho menos si lo que se toca o desplaza es un balón. Tampoco es valedero en castellano decir que el árbitro señalizó falta… el arbitro señaló.

 Y ¿ por qué linier y out side? En nuestro idioma, aún cuando sean voces más extensas hay como expresarlo con juez de línea y fuera de juego. Por cierto, cuando tiran la moneda para iniciar el evento como se trata de un acto del azar no se puede decir ya lo habíamos pronosticado. Nada de eso: lo había predicho. Hay jugadores que casi no tocan el balón en noventa minutos pero calificarlos de “inéditos” va más allá de la estupidez.

¿No creen, las damas y los caballeros, lectores de todo lo anterior que hace rato debían haberse comprado un buen diccionario? ¿Quiere ponerse de pie y emitir palabras en vez de fonemas dignos de primates y homínidos? En próximas entregas, es muy posible que les traiga a la memoria algunas ideas que servirían de ayuda (eso deseo y aspiro). Así, ni el propio Miguel Ángel podría ordenarles con su anecdótico ¡Parla!...y ahora excúsenme…