• Caracas (Venezuela)

Juan Guillermo Quintero Sutil

Al instante

Las flores y las velas

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Esta semana, París se ha quedado en mi mente y estoy seguro de que en la de muchos de ustedes también. Ese mismo viernes, Beirut sufría uno de los peores atentados terroristas en su historia, y a los pocos días los huéspedes de un lujoso hotel en la ciudad de Bamako vivían el mismo terror junto a la incertidumbre de encontrarse en medio de un conflicto que tal vez no les pertenecía.

Ante tales actos de humillación y odio del hombre contra el hombre, me he quedado en silencio por horas frente al computador, tratando de encontrar una lógica a esta miseria humana desatada por unos pocos en nombre de un Dios al que dudo que verdaderamente conozcan. A veces debo reescribir cada párrafo dos o tres veces y mis dedos se congelan sobre el teclado tratando de definir mejor mis ideas para no ofender a quienes no lo merecen.

Con la sensación de tener una especie de espiral de rabia que me da vueltas en el pecho, me detengo para recordar una historia que tal vez ustedes habrán podido ver o escuchar. Yo me tomo el permiso de comentarla por si alguno no la conoce y antes de seguir leyendo le recomiendo que vaya de inmediato y busque en la red un video que podrá encontrar fácilmente cuando coloque en cualquier motor de búsqueda las palabras: “Un padre le explica a su hijo”.

Un hombre de rasgos asiático y su pequeño hijo se acercan a regalar un ramo de flores en uno de los muchos lugares que se han destinado en la Ciudad Luz para recordar a las víctimas de esa noche. Un periodista del diario Le Petit Journal se acerca a ambos y le pregunta al niño:

—¿Entiendes qué ha pasado? ¿Entiendes por qué esas personas atacaron París el viernes por la noche?

A lo cual el niño responde: “Sí, porque son muy, muy, muy malos”. Ese niño ya no se siente seguro. Se apega a la chaqueta de su padre como si tuviera frío y no sale de sus brazos ni ante la mejor propuesta. Luego afirma: “No está bien ser malo”. Conoce que ser malo es hacer lo que estos individuos hicieron. Que han causado dolor en los otros y que nada bueno puede venir de estos actos ni de estas personas.

En un momento de la entrevista, el joven padre interviene  y le propone a su hijo: “No te preocupes. No tenemos que cambiar de casa. Francia es nuestro hogar”. El padre le acobija y hace lo que tiene que hacer: le educa y le da confianza. El niño responde mirándole por primera vez a la cara y comienza tímidamente a sonreír. Segundos después el padre le comenta al pequeño: “Ellos tienen pistolas pero nosotros tenemos flores… ¿Ves todas las flores? Son para combatir las pistolas… Las velas, son para no olvidar a las personas que se han ido…”. Y al final el pequeño entiende la idea de su padre y expresa gloriosamente: “Las flores y las velas son para protegernos”.

Al final la sensación es extraña. Todos sonreímos con un nudo en la garganta y conteniendo las lágrimas porque el joven padre ha logrado disipar el miedo de su pequeño y parte del nuestro. Nos enseña que a los niños hay que mantenerlos lejos de la violencia, la intolerancia y sobre todo de la venganza. Hay que mantener su inocencia en la medida de lo posible y tiempo ya hará más adelante para que ese niño se haga hombre y trate de entender lo que ha ocurrido.

Tengo fe en que en este mundo son muchos más los que apostamos por el bien que aquellos que no lo hacen. Los que nos atacan son pocos y su fuerza está justamente en la unión que les caracteriza. Nuestro pecado es que casi siempre somos demasiado silenciosos y es urgente que aprendamos a buscar alianzas verdaderas y mantenernos unidos.

 

*Universidad Metropolitana

 

jquintero@unimet.edu.ve

@jgquintero74