• Caracas (Venezuela)

Juan Guillermo Quintero Sutil

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Ojos cerrados

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Eran varios los temas sobre los que quería conversar esta semana, pero hay uno que me llena de impotencia y sobre el cual tengo que escribir urgente y necesariamente. No es cuestión de moda, ni mucho menos de tendencia. Es algo más ligado a mi tranquilidad personal e incluso emocional.

El mundo entero se conmovió hace unos días al ver las imágenes del cuerpo sin vida del pequeño sirio Aylan el-Kurdi, de 3 años, que yacía en una playa turca tras intentar escapar del horror de la guerra en su país. Después de ver las tomas, muchos se sorprendieron, se conmovieron, lloraron y comenzaron a declarar públicamente sobre el conflicto, olvidando que sus ojos habían estado cerrados por mucho tiempo y no habían querido comprometerse con la situación que ya sobrepasa los cuatro años.

Han sido miles los “Aylan” de todas las edades que han perdido la vida desde que comenzaron las protestas contra el gobierno de Bashar Al-Assad y al parecer no hay una respuesta que atienda verdaderamente el problema. Los países del mundo, sobre todo los europeos, hacen esfuerzos por “repartir” una cuota de refugiados, no solo sirios, sino africanos que huyen de la pesadilla de Boko Haram, árabes que huyen del terror de el Estado Islámico y cientos de miles que han decidido hacer frente a las condiciones de terror y pobreza en las que viven inmersos en sus naciones de origen.

La locura en Siria no comenzó a principios del mes pasado y es tonto pensar que culminará con el éxodo de los refugiados. Los refugiados no son el problema, son la consecuencia de la ceguera y mudez de muchos líderes que con su indiferencia han propiciado el avance de los regímenes autoritarios, totalitarios y opresores que opuestos a la libertad de sus nacionales han sembrado la semilla de la tragedia.

Esta semana, Kinam Masalmeh, un joven de 13 años, volvía a sorprender al mundo al declarar que los sirios deseaban mayor cooperación de las naciones del mundo para terminar el conflicto en su país. Las palabras de los adultos no lo podrían explicar mejor: “Por favor, ayuden a los sirios. Los sirios NECESITAN ayuda AHORA. Solo PAREN LA GUERRA, nosotros NO QUEREMOS QUEDARNOS en Europa, solo paren la guerra”.

Habría que repetir estas frases mil veces en los oídos de los líderes para ver si comprenden que, al mismo tiempo de diseñar las “cuotas de ayuda humanitaria”, se avocan más responsablemente a buscar la solución real y definitiva del conflicto sirio.

Frente al desplazamiento de miles todavía hay quienes voltean la mirada hacia otro lugar. Muchos países de la región también podrían ayudar, como ya lo están haciendo Israel y Jordania. Pero el silencio y la ceguera de los ojos cerrados de muchos países petroleros y principados árabes prefieren mantenerse al margen de la situación para no alterar sus “oasis” de bonanza, lujo y derroche.

Varios países de la región, con inmensas fortunas, vastos territorios y cultura e idioma común, podrían dar cobijo y ser la salvación de sus hermanos de religión. Pero están más pendientes de levantar sus ojos al cielo para pedir que la crisis se solucione rápido, que de mirar a su lado y ofrecer un poco de ayuda a los que hoy les necesitan.

 

*Universidad Metropolitana

jquintero@unimet.edu.ve

@jgquintero74