• Caracas (Venezuela)

Juan Guillermo Quintero Sutil

Al instante

Miseria

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No hay otra palabra –que sin ofender al lector– pueda definir lo que el alma de ciertos “hombres” lleva en su interior. Es una mezcla de rabia e indignación la que tengo después de leer y escuchar de fuentes muy cercanas los hechos que ocurrieron en la ciudad de Mérida el pasado viernes 01 de julio cuando grupos identificados con el oficialismo decidieron ofender de la manera más vil y miserable a un grupo de seminaristas en plena vía pública.

Estos jóvenes, menores de edad, caminaban por la ciudad hacia una academia de idiomas a la que asisten frecuentemente cuando fueron interceptados por un grupo - que en el mejor de los casos podría ser calificado de parásitos reposeros, protegidos de algunas instituciones oficiales del gobierno regional - auto denominado colectivo oficialista, quienes tomaron a los jóvenes y después de golpearlos en repetidas ocasiones con las cadenas y candados de sus motocicletas, los desnudaron y obligaron a entrar en las alcantarillas de la avenida Tulio Febres Cordero frente a la mirada cobarde, cómplice y silenciosa de algunos transeúntes que inmovilizados por el miedo y las posibles represalias no ayudaron a los jóvenes que finalmente y después de varios minutos de torturas fueron dejados desnudos y “en libertad” corriendo en busca de resguardo.

Lo peor de la historia - si hay algo que supere lo ya tristemente narrado -  es que un hecho muy parecido había ocurrido días atrás cuando los mencionados colectivos oficialistas irrumpieron violentamente frente a una manifestación que exigía el reparto digno y justo de alimentos para los pobladores de la vía que comunica la ciudad de Mérida con el Páramo de La Culata, que desde hace varias semanas no recibían los insumos necesarios ni prometidos en las eternas peroratas oficiales en donde pareciera que a cada instante se presentan nuevos nombres y esquemas absurdos para tratar de re-definir al más ineficiente y torpe de los gobiernos en cuanto a la distribución de alimentos.

 

No cabe en mi cabeza, ni en mi corazón lo que podía estar pasando por la mente de aquellos jóvenes humillados física y moralmente. Tampoco puedo entender el actuar de las bestias rojas – rojitas, amparados y envalentonados muchas veces por el lenguaje oficialista regional y nacional contra todo aquel que sea, actúe y piense distinto. Hay mil fantasmas que acechan la mente de estos grupos y que de seguro no les dejan dormir tranquilos. Sus pesadillas de “guerras económicas” e “intervencionismos imperiales” hacen que estos pobres seres porten un alma estrecha y pobre, flaca, débil y defectuosa, desgraciada y de poca fortuna.

No hay excusa posible para la actuación de los colectivos violentos que hoy en día circulan por Mérida y por muchas ciudades de nuestro país, pero tampoco hay explicación ni declaración contundente en contra de la violencia que provenga de las autoridades ejecutivas regionales y nacionales.

Un gobierno incapaz de controlar a los grupos de malandros y pendencieros que han formado y que aplican sus “fuerzas” a los eslabones más débiles de una sociedad para causar el terror, es incapaz de ofrecer soluciones en las áreas más básicas del desarrollo nacional. En otras latitudes hace rato que ya habrían entregado sus cargos varios funcionarios públicos avergonzados por su pobre desempeño frente a las riendas del Ejecutivo Regional.

Sólo queda esperar que los cambios que están por venir aceleren su paso y la fuerza y la convicción del pueblo merideño y venezolano no desfallezcan frente a hechos tan lamentables como los mencionados anteriormente. Hay que continuar con coraje y sin miedo por la senda que no entienden los violentos. Nadie nos debe mover del camino constitucional y democrático a pesar de las provocaciones que de seguro no han culminado.

jquintero@unimet.edu.ve

@jgquintero74