• Caracas (Venezuela)

Juan Esteban Constaín

Al instante

El viaje sentimental

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hace poco leí una anécdota de Werner Jaeger que me hizo admirarlo todavía más. Estaba el maestro en Atenas en 1956, era la primera vez que iba al escenario de esa cultura eterna que había marcado su destino y que lo hizo ser quien fue.

Jaeger fue uno de los grandes estudiosos de la antigüedad griega, y sobre esa cultura escribió un bellísimo libro Paideia: un clásico que para muchos es uno de los mejores caminos para descifrar o empezar a entender esa herencia riquísima.

Pero en ese viaje ateniense, de frente por fin a todos esos lugares de los que había hablado y escrito toda la vida, el maestro prefirió no verlos y en cambio se quedó tranquilo en su habitación tomando vino. Parece que sí fue a la Acrópolis, pero en vez de subirla la contempló en la distancia, vio desde abajo el Partenón, muy rápido, y se montó en un taxi y se fue para su hotel y nunca más volvió.

Nadie lo podía creer: una de las personas que más habían hecho por la reivindicación de la herencia griega no quería verla. Estaba allí y le daba la espalda. Jaeger explicó que con el aire del lugar le bastaba y que prefería quedarse con la imagen de ese sitio sagrado tal como él se lo había inventado o lo había soñado, no como era en la realidad.

Eso mismo, según Jaeger, había hecho August Boeckh, otro de los mayores expertos en la Grecia antigua y quien, un siglo antes que él, también se había negado a ir a Atenas a verla: prefería no hacerlo, aterrado ante la posibilidad de que la realidad fuera inferior a sus expectativas.