• Caracas (Venezuela)

Juan Esteban Constaín

Al instante

El túnel y el gorrión

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Dicen que el Chapo Guzmán, el capo de Sinaloa, utilizó un gorrión para escaparse de su celda. Abrió un hueco ya famoso y por ahí se echó a volar; primero el pájaro, al que enterraron con honores y ahora le dicen el “Chapito”, y luego el narco. De verdad: era un gorrión amigo que iba catando el aire para que su jefe pasara después sano y salvo, como si sus ojos fueran también dos linternas.

Por un túnel de un kilómetro y medio que la escritora Ángeles Mastretta ha llamado, y con toda la razón, “la obra de infraestructura más importante del sexenio”: un sofisticado pasadizo en cuyo diseño intervinieron especialistas en minería y extracción de materiales, y al que no le faltaban ni la luz ni el aire, provisto con un avanzado sistema de ventilación en el que aun los gases más tóxicos fueron neutralizados y sacados de allí.

Para eso era el gorrión, parece: para ir por delante probando y confirmando que el sistema de ventilación funcionara bien, y cuando estuvo muy claro que el pájaro volvió a su celda –tal cual–, el Chapo cruzaba el túnel hasta una casa en obra negra que él mismo había comprado para poder hacer lo que al final hizo: salir de la tierra, cambiarse de ropa y volver a ser un hombre libre. El pobre gorrión, el Chapito, fue encontrado en una caneca.

Pero el mundo aún no sale de su asombro ante el relato, cada vez más minucioso y espectacular, de una fuga de las de antes que la especie humana ya se había resignado a ver y a esperar solo en las películas, y que sin embargo, como siempre con la realidad, ha superado cualquier ficción, pues aun en lo narrativo el montaje es perfecto y no le falta detalle: un gorrión amaestrado; un malo de verdad; un túnel cavado con precisión y maestría, que si lo hubieran hecho para otra cosa les habría salido mal.

Y no se trata, claro que no, ni más faltaba, de hacer la apología del crimen y celebrar la sangre fría y las atrocidades del Chapo Guzmán y los suyos. No. Pero desde un punto de vista literario y cinematográfico, su fuga sí pone un punto muy alto. Qué Conde de Montecristo ni qué cuentos: el túnel del Chapo va a ser muy difícil de superar.

Aunque en el fondo, valga la expresión tan pertinente, siempre es así y la realidad teje mejores delirios que cualquier invención. No más en la historia universal de las fugas (para no salirnos del tema) cada capítulo supera al anterior y ni la imaginación más feroz podría llegar a tanto en la ficción. Piensen si no en el conde de Lavallete, gran amigo de Napoleón, que se escapó un día antes de su ejecución disfrazándose de su propia esposa, que había ido a visitarlo.

el espejo.