• Caracas (Venezuela)

Juan Esteban Constaín

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Qué lora

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EL TIEMPO. COLOMBIA

Un amable corresponsal, como decía en bermudas y corbatín el gran Alfonso Castellanos en 'Yo sé quién sabe lo que usted no sabe', me envía por Facebook una noticia que es tan absurda y tan delirante y tan buena que solo puede ser cierta. Al principio pensé incluso que era de Actualidad Panamericana, el portal más confiable y riguroso de Colombia. Pero es aun peor, pues la fuente es El País de Madrid.

No es tampoco la primera vez que me pasa porque desde hace años hay desocupados y generosos lectores de esta columna que me mandan por correo electrónico toda clase de recortes de prensa con noticias increíbles y ciertas ocurridas en el mundo entero. Esos lectores saben muy bien que esas noticias encontrarán aquí un merecido homenaje y un lugar de privilegio, por cuenta de una certeza que es también la que mueve al mundo, y es que nada hay más absurdo, nada, que la propia realidad.

A veces, al escribir esta columna, me siento como en esa película argentina que se llama Un cuento chino, y en la que el protagonista, un gris y atormentado ferretero, salva sus días gracias solo a la pasión obsesiva de recortar y guardar noticias delirantes. Lo que pasa es que en Colombia todas lo son, y ya las coleccionan por nosotros El Tiempo o El Espacio o El Espectador. Un ejemplo reciente: “Además del metro, Bogotá tendrá tranvía en la avenida 68”. Ya está la maqueta y todo, es increíble.

Pero la noticia que me manda mi amable corresponsal, Andrés Suárez, es de verdad inmejorable: en la ciudad india de Rajura, en el estado de Maharastra, un loro llamado Hariyal fue llevado a declarar ante la policía, acusado de gritarle obscenidades a la madrastra de su dueño, la señora Janabai Sakharkar, de más de 80 años según el canal indio Z News. Fue ella quien instauró la demanda, alegando que desde hace 2 años el loro la hostiga con palabras soeces enseñadas por su hijastro.

Los 3, madrastra, hijastro y loro, viven en la misma propiedad, dividida por una disputa hereditaria que sin embargo los obliga a cruzarse y a verse todos los días sin remedio, por lo cual, dice la señora Janabai Sakhar-kar, su hijastro, Suresh Sakharkar, ha adoctrinado a su mascota para que cuando la vea le grite toda clase de injurias y obscenidades. 

Esto durante dos largos y penosos años, hasta que la pobre mujer ya no aguantó más y llevó su caso ante las autoridades competentes.

Las cuales se han tomado todo muy en serio, como corresponde, y han llamado a declarar al hijastro, a un vecino de la conflictiva familia, y al propio Hariyal, quien fue sometido a un intenso careo con su víctima para ver qué tan obscenas y veraces eran sus provocaciones. Pero como el loro sabe más por viejo que por diablo, se negó a hablar, y ahora enfrenta un encarcelamiento preventivo a manos de los guardias forestales del lugar, que lo han exhibido en su celda con cara de gran escepticismo. 

Esa cara que los animales nos ponen siempre, ellos que son lo mejor de la humanidad, cuando asisten a nuestras idioteces y a nuestras miserias. Cuando nos miran con sus ojos de piedad y compasión, como diciendo: “Pero qué hacen estos cretinos...”. Cuenta el Telegraph que hace un año reapareció en Torrance, California, un loro que se había perdido y que hablaba, como su dueño, con acento británico. Pero al volver, 4 años después, hablaba en español y solo decía: “No jodas, no jodas”.

También mi abuelo, que era italiano, le regaló una vez un loro a mi mamá. Y ella lloraba porque no hablaba. Entonces le dijo mi abuelo: “Pero si yo llevo 10 años aprendiendo español y no he podido, cómo va a poder tu lorito en 3 días...”.

Pero los animales siempre saben más. Es más: deberíamos dejarles la Bogotá humana a ver si ellos sí la pueden arreglar.

catuloelperro@hotmail.com