• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Gardié

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Juan Carlos Gardié

Satanismo chacumbeliano
(colectivos masacrados)

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Me fui a tomar algo de fresco en la plaza del periodista y la calle Meneses estaba curiosamente silenciosa. El calor continuaba encendido. Las matas de mango no mostraban el efecto de la brisa en sus ramas y encontré a Chucho Mandarria sentado en uno de esos banquitos de concreto y cabilla, con la boca abierta cual lagarto, debatiéndose entre la vigilia y el sueño con su cuatro inerte en una mano.

—Qué hubo, Chucho –le saludé como a cinco pasos de él–, ¿se le rompió una cuerda a ese instrumento o es que la gente de Perucho Aguirre te tiene en cuarentena?

—No, chico –murmuró algo enfadado el cantor popular de por esos lados–. Es que antier leí que Satanás no solamente es amigo mío, sino que recordé que desde toda la vida a nosotros los margariteños nos dicen hijo’er diablo, siendo yo cristianísimo y en arameo, la palabra Satán significa enemigo, adversario… ¿de quién? ¡De Dios y la humanidad! ¿Tú puedes creer? Un señor más viejo que el mismo diablo, por eso algunos creen que sabe mucho y se dejan manipular por él, tiene los santos cocos de decir que los que no estamos pintados de rojo somos más malucos que “Bersebú”, porque desviamos la atención pública cuando no encontramos nada importante qué decir; como si denunciar los apagones, el desabastecimiento, los viajecitos con niñera, la aterradora delincuencia y mucho más no tuviera importancia. Los que tiran los trapos coloraos son ellos, hablando pistoladas y diciendo mentiras de todo calibre para que la gente crea que vivimos en Montreal y, mientras tanto, no nos alcanza ni para la cesta alimentaria. “La estratagema”, le dice. Esa bicha la inventaría él, porque nosotros decimos verdades palpables, no locuras como dar órdenes solapadas o lanzar líneas al partido de gobierno luego de poner la torta.

—¿Te puedes explicar mejor, Chucho? –le pregunté más que intrigado.

—Bueno, muchacho –inició su siguiente explicación–. Ahora resulta que existe un proceso de satanización de los colectivos, que son una expresión pacífica y altamente productiva de la participación popular, defensores de la revolución y servidores de la comunidad, y yo me pregunto ¿dónde dice en nuestra Constitución que un protagonismo democrático incluye defender la revolución? Pero eso no es todo: pregúntale al ministro defenestrado y sustituido por una dama con cachucha, quién satanizó recientemente y les entró a plomo limpio a los colectivos en Quinta Crespo, a pesar de que su líder dijo que, si algo le sucedía, ese ministro sería responsable. Los que satanizaron a los colectivos fueron ellos cuando se les salieron de las manos porque ya no les servían para apagar guarimbas y los tildaron de delincuentes y antisociales. Pero lo peor es que, al final del escrito, el hombre prácticamente ordena no caer en su propia trampa de solidarizarse con quienes satanizan a los pobres colectivos. Si lees bien, está diciendo que dejen de ser maduristas. Dios quiera que continúen obedeciendo, porque cada día son menos.