• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Gardié

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Juan Carlos Gardié

Sainete tapa sangre
(Caudillo etéreo)

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—En el exceso de palabras suele abundar el error; seré breve y preciso, Cochinote –le aseveré en tono de bordón a mi grasiento y voluminoso compadre, profesor de teatro en un liceo de Cúpira, donde el calor y la escasez de desodorantes atentan contra la salud de cualquier pituitaria.

—Tengo que ensayar un Astracán de Nazoa, cumpa. Dígame pronto –respondió agitado el grandulón líder de la UBCH más connotada del pueblo, mientras devoraba media torta de naiboa.

—Mi amigo catalán tiene razón cuando describe a los gobernantes actuales como militaristas mediocres, groseramente populistas y francamente decadentes, pero debo agregar que se pasean como pichones de sátrapas por una absurda  teoría socialista a la que apellidaron con un siglo que les quedó adelante, mientras se revuelcan en el fango socio-político de finales de los 1800. Creo que se frenaron en el caudillismo sin caudillo, lo cual conduce al país al caos que hoy todos sufrimos. Se inventan un escenario ya costumbrista y casi folklórico donde el conflicto es un golpe y el héroe victimizado flota en la idea del magnicidio desde el primer acto hasta el telón final. Un sainete donde dan la cara un alcalde y un diputado como voceros de un Estado sin viento ni veleta, porque semejante asunto correspondería al ministro del Interior, al ministro de Defensa, a la Fiscalía, al mismísimo presidente, pero no: la cosa la lideran dos individuos representantes del partido de gobierno en su condición de tales. ¡Absurda realidad y obsceno irrespeto al sentido común! Lo cierto es que Caracas cada día es más Macondo. Todo este concierto de trapos rojos y humo, se une a guerras de todo tipo, mientras la gran verdad es que más allá de los indicadores macoeconómicos y las elecciones, la delincuencia roba vidas en cantidades alarmantes. Nuestros muertos no saben de conjura y sedición. Estos sainetes pretenden esconder sangre de compatriotas que caen a diario mientras el caos arremete contra cualquier forma de inteligencia –dije apurado tratando de ser breve sin lograrlo.

—Compadre, si no tuviera ensayo le respondería con algunas freses del legado y seguro lo siento de posaderas –rebuznó Cochinote.

—Vaya a trabajar, cumpa, y recuerde que Nazoa nunca fue amante de cachuchas en el poder. No se equivoque. El poeta saineteaba haciendo arte y política, no chapucería y represión. El fue un creador, no un destructor del libre pensamiento civil –rematé.

Cochinote se fue con ganas de vomitar alguna frase aprendida en el consejo comunal y sudando la frustración de escuchar la verdad dicha con franqueza y cortesía, cosa que debemos practicar todos, ya que al fin y al cabo la tolerancia mutua lo exige. Mi cumpa Cochinote tiene derecho de equivocarse. Y lo hace.