• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Gardié

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Juan Carlos Gardié

Hipnosis rojita
(Chúo y su vigilia)

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Asistí a la cátedra abierta de dramaturgia acompañado por el comandante Pericles, actor de antigua data, artista por casualidad y chavista por necesidad. El connotado dramaturgo Martínez Hansen enfocó su ponencia en una investigación realizada con base en una idea del ya mítico Chocrón: la doble hipnosis, fenómeno que ocurre partiendo de una convención según la cual el público sabe que lo representado sobre el escenario es mentira pero se sienta dispuesto a creer que es verdad; del mismo modo, los actores se ven envueltos en la fascinación del público e imprimen el mayor nivel de verosimilitud a su palabra y acción, creando una mágica burbuja plena de ideas y emociones que se transforma en un intercambio hipnótico en la creación de un estado de conciencia entre la vigilia y el sueño que se caracteriza por una necesidad recíproca de alimentar el espíritu y las ideas, así como el asombro y la emociones. En síntesis, el actor hipnotiza al público y el público al actor: simbiosis etérea. Sueño mutuo. Juego compartido. Arte instantáneo, efímero, bidireccional, único e irrepetible.

Al salir de la brillante exposición, Pericles y yo nos tomamos un macchiato a la Hurtado en el café del teatro y mi amigo no pudo evitar la terrible confesión:

—No entendí nada, mi caballo. Este tipo usa términos raros y habla de unas cosas como teatro del absurdo, Stanislavski y Moliere. Comedia, tragedia, drama… yo me aprendo la letra y sigo las instrucciones del director sin preguntar. Ahora más que nunca, porque tengo un sueldo duro en la misión y el colectivo se engorila con los que chillan mucho. Por cierto, ese tal Moliere ¿es el que canta merengues? –vomitó malamente mi amigo, quien tenía fama de bruto pero no de sinvergüenza.

—Te voy a explicar el asunto de modo que entiendas sin tropiezo alguno –le dije–, y para eso voy a usar ejemplos de la actualidad y situaciones que tienen que ver con tu vida personal y partidista: el gobierno cree que hipnotiza al país con su verborrea repetida hasta el cansancio, partiendo de su vocación de mentiroso, pero no logra su objetivo ante la totalidad de la gente porque no hay verosimilitud en su texto y mucho menos verdad en sus propuestas. Evidencia de ello es que a su tercer congreso no fue a votar más de 10% de sus militantes, lo cual equivale a hacer una función con sala vacía en el teatro. Por otra parte, Maduro pretende hipnotizar a juro y olvida que por lo menos media Venezuela no juega su juego sustentado en ideas irresponsables y trágicas, que parecen escritas por Sófocles pero se exponen como libreto de Aristófanes. Por ejemplo: en el entierro del joven diputado recientemente asesinado, Maduro vociferó que la oposición era la culpable de tal hecho y además llamó basura a Jesús Torrealba. De inmediato viraba y reconocía que científicamente nada había concreto, por lo tanto, lo anterior… era mentira, pura especulación política y ánimo de aprovechar el dolor de todos para sacar provecho rojizo. Mal actor y peor orador entra en semejantes y graves contradicciones en un mismo discurso, así que no hipnotizó a nadie. Solo reiteró la condición de los hipnotizados per se. Las circunstancias y la ambientación en el Cementerio General del Sur otorgaron a esas escenas un clima psicológico francamente triste por la muerte de este joven y respetable guerrero de sus filas, pero el presidente gritó violencia en cada subtexto, es decir, ya no importó lo que decía sino el afán de odio y venganza en lo que callaba. Ese teatro fue trágico en su momento, pero hoy es un nuevo sainete verificado en la discusión del martes en la Asamblea y en el llamado a la oposición a una gran rectificación en sus posturas sobre el paramilitarismo. La oposición que supuestamente apoya el paramilitarismo ¡debe ser hoy día un grupito ínfimo! ¡El grupo del gobierno que apoya a las FARC es enorme comparado con el primero! ¿Entonces? La violencia en nuestras calles cobró 3.691 asesinatos solo en Caracas en lo que va de año. 425 homicidios en septiembre. La violencia es más que grave y el gobierno se enfoca en Álvaro Uribe, el Caracazo, el año 2002, pero olvida los muertes del 92 cuando Chávez no asumió ninguna responsabilidad sino que no tuvo más remedio que decir lo que dijo por su fracaso y estaba en manos del gobierno constitucional, legítimamente elegido y que un grupo desestabilizador intentó derrocar desde la oscuridad y sin pueblo. Todo esto conforma un gran teatro, Pericles, en el sentido social, político y también histórico. El gobierno no logra la hipnósis del público, solo media sala. Toda esta magia espiritual se siente densa y oscura. Recuerdo la carta que el apóstol Pablo envió a los efesios: “No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.

—¡Ahora entiendo menos y me hiciste molestar! No te metas con mi gente, mi caballo. Respeta, mi pana, ¡respeta! –gritó desconcertado el actor con nombre de gran alcalde griego.

—Solo intenté explicarte, pero veo que no hay manera. Creo que debes ejercer tu papel de contralor social o delator, como prefieras llamarlo e ir a tu consejo comunal para notificar que Chúo Torrealba tiene gente que lo apoya y le acompaña en la idea de no abandonar la calle mientras ganamos las elecciones de 2015, pero además, ni él ni medio país está hipnotizado. Seguimos en vigilia con fe y dentro de la Constitución. La oposición no es delincuente. Los delincuentes son otros y sabemos que de todo hay en la viña del señor –contesté calmado pero con firmeza.

—Ese café estaba pinchao. No vengo más a esta cátedra abierta. Me voy –dijo y se fue.

Pedí otro macchiato y me senté a recordar los detalles de los sucesos recientes en el país. Cada vez que hablan, oscurece más.