• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Gardié

Al instante

Hematuria con cólera
Dengue ideológico

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—Tu bisabuelo murió en Parapara de Ortiz en los tiempos que refirió Otero Silva en su novela Casas muertas. García Márquez asoció el amor con el cólera en una historia de tiempos pasionales con olor al Magdalena. Cabrujas se inventó un suicidio sobre la narrativa romántica. Eso era morir de literatura, flaquita. Belleza auténtica en el momento postrero. Incienso y mirra para la parca, pero entre sábanas de miel y copete de ámbar. Tu prima Cuquita vino de La Habana para morir en las fauces de un mosquito que le inyectó una buena dosis de chicungunya en las orillas del río Tuy, sin incienso ni cantos gregorianos. Nada de poemas. Solo le cambiaron la otrora vergonzosa frase “ta’ barato, dame dos” por la angustiosa “no hay”. Todo está bajo control del Estado: inflación, deudas, delincuencia, corrupción, desabastecimiento, y ahora hasta los zancudos andan rodilla en tierra. El diseño asesino fue muy sencillo: primero acabaron con los medicamentos, y al aparecer cualquier asomo de epidemia, van preso el médico, la enfermera, el camillero, y el muerto es imputado por desestabilizador. Flaquita, no llores por tu prima. Llora por este país que derrama sus glóbulos casualmente rojos, con ausencias tan tristes como la de la decencia y el buen juicio. –Entre sollozos bien resguardados en el pecho y sin asomo alguno de sal en la mirada, la tía Esperanza dejaba caer su palabra como suspiros en el oído de su muchacha. Aquello era solo aliento de mujer valiente que pretende insuflar vida ante el adiós definitivo y el amor que duele en todo el cuerpo.

—Viejita, ¿cómo pudo irse tan joven y sana que estaba? –simplemente lloró la flaquita.

—La vecina me dijo que en una clínica del este han muerto más de 10 y el gobierno resolvió el asunto cerrando áreas del lugar, fotos y la clara amenaza de cierre si alguien dice algo. No sé si es cierto, pero, además de lo que podemos llamar “chismes”, también hay muertos envueltos en “misterio de sanidad e inasistencia social”. Aragua arde en fiebre y Caracas no termina de ver pasar el verano. Esto no es normal y el silencio sin medidas serias y efectivas no ayuda –respondió Esperanza.

Al decir de muchos conversadores, en Venezuela hay demasiados Macondos, especialmente Caracas. Ya esto se dice en cualquier diálogo de cafetín de liceo. El auténtico problema es que cada día el realismo mágico se transforma más y más en cuento recopilado por los hermanos Grimm, y de Colombia a Hamelin hay solo un paso: algo de objetividad. Curioso ¿no? Falta ver cómo toca la flauta y la plaga sucumbe. Mientras tanto, vemos a las damas de este relato pelar los ojos al mirar un gran alboroto frente al zaguán: una revendedora con tatuaje y firma en el brazo ofrecía frascos de removedor de esmalte de uñas, y las posibles plañideras corrieron a comprar a un precio innombrable. El luto se detuvo por pocos minutos y continuaron llegando noticias de gente enferma por picaduras de mosquitos. Corrí a la farmacia y… no había repelentes de insectos. Esto lo escribí envuelto en mi mosquitero rojo, con la esperanza puesta en un mágico flautista que seguramente pronto sonará por estos rumbos.