• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Gardié

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Gorila no conversa (muela dilatoria)

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—Si los dictadores se dedicaran a dialogar con los sectores democráticos, no serían dictadores, Cheché –me increpó fuertemente mi tía Pepa Lola mientras echaba a freír un trozo e' tajalí en el caldero.

—Esos bicharengos resoplan, se dan duro en el pecho y se imponen a la fuerza –continuó–. La única mesa que los dictadores conocen es la de sus banquetes. De modo que si un gorila conversa no lo hace para cambiar nada, sino para alargar la cuerda, de otro modo sería un gobernante con vocación democrática –concluyó.

Pepa Lola me hizo recordar a tío Toño, el maestro que en Marigüitar nos enseñó que los sátrapas medo-persas eran ungidos directamente por el rey y gobernaban despóticamente manejando lo judicial, militar y administrativo junto a un consejo persa, es decir, con su habilitante, su consejo de ministros y con lo más importante: su brazo armado convertido hoy en partido político. El sector oficialista que asiste a la mesa de diálogo a tratar de endulzar su naturaleza satrápica y a poner piel de oveja a un voraz lobo que arrasó con este país destruyendo el sistema productivo y corrompiéndolo todo, tiene la desfachatez de asegurar que este sainete posmoderno llamado diálogo excederá en duración el 2017. Quien patee la mesa pierde. Eso está claro. El gran problema es que la MUD sigue discutiendo con quien no debe. ¿Te imaginas a Hitler conversandito con Churchill en medio de un bombardeo a Londres para ver cómo se arreglaban las cosas?, ¿o al recién muerto ofreciéndole un tabaco y un café en una mesita de pantry a los miles que mandó a fusilar durante toda su vida, especialmente al principio de su longeva dictadura? La MUD tiene que NEGOCIAR una salida electoral con el partido de gobierno: los militares. La forma de hacerlo es en esa fulana mesa o en una paralela, con el pueblo vencedor del 6 de diciembre en la calle. No en todo el país, difuminando la fuerza, sino en Caracas, sede de los poderes públicos secuestrados. Los militares saben que tienen mucho que negociar. Tienen mucho que perder porque son arte y parte de esta tragedia político-social. Todo dentro de la Constitución y las leyes.

—Aquí no hay nada que arreglar, Cheché –volvió a gritar mi tía Pepa Lola–. Aquí hay que reconstruir, mijo ¡RE-CONS-TRU-IR! –El olor de tajalí frito me hizo entender la premura de sentarme en una mesa útil y dejar las tácticas dilatorias para otros con menos hambre que yo.