• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Gardié

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Juan Carlos Gardié

Gladiolo y nuestro país
(El ministro delator)

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Gladiolo tiene una humilde floristería en Los Caobos, pero por lo difícil de la situación actual  incorporó unas mesitas con  mantelito rosado para vender sus guarapos y los buñuelos de yuca que prepara Caralampia, su abuela. Antier pasé por allí y me extrañó no ver a Coco Frío, su socio y pareja. Luego de saludarlo con besito y todo, le pregunté

—Gladi ¿ y Coco Frío?

—Me dejó, el muy traidor. Me escribió una carta de su puño y letra acusándome de robar dinero de nuestra sociedad para hacer demasiada publicidad. ¡Se cree Giordani, el cabeza de tapara ese! Después de vivir de mí durante casi 15 años siendo cómplices cuando arrancamos los primeros claveles a escondidas de mi abuela, me convierte en el hazmerreír de todos. Soñábamos con casarnos en Buenos Aires con Cristina de Madrina y un fiestón en la Casa Rosada y todos los gastos cubiertos por Venezuela, por supuesto. Alucinábamos con dos aviones cubanos repletos de familia y compinches, manito. Queríamos seguir el ejemplo que Caracas dio, como dice la canción.

—Hablas de nuestro himno, Gladiolo, no es cualquier canción- le reclamé suavemente.

—Igual hay que seguir el ejemplo, maestro. Pero hay que asumir la crisis y yo guarapeo y vendo buñuelos mientras con la otra mano esculpo mis ramos de rosas. Cuando paso horas en la cola para buscar azúcar, leo las noticias y el país es mi Coco Frío. Caos, mentiras, mucha traición y muertos, como mi hermanito Brígido, que era recluta cuando unos energúmenos reinventaron el golpe de Estado en el 92 y lo asesinaron por los lados de la Casona. Mi vida con ese hombre fue como la fulana patria querida que nos cantó el difunto aquel día: desafinación y mala nota. Ahora celebran con rojo festín y Venezuela perdida, como mi Coco Frío- sollozó amargamente el floristero de los guarapos y los buñuelos.

Los kioscos de Los Caobos están aún de luto por los muertos que los golpistas del 92 hoy olvidan, convirtiendo víctimas en fantasmas. Mientras tanto, los que sabemos la verdad votaremos en las parlamentarias, para recordarles que este aquelarre mitomágico y escandaloso, entró en el clímax del sainete que se inventaron y luego solo quedan el desenlace y el telón final.