• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Gardié

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Juan Carlos Gardié

Gatopardismo madurista (Los gatos de misia Zoila)

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—“Harto ya de estar harto, ya me cansé”, dice Serrat, y también yo me cansé de explicar lo que es el gatopardismo; pero siempre llega un presidente y ¡juá!, me obliga a repetirlo –francamente hastiado dejó salir, como quien blasfema, mi amigo enjuto, encorvado, de caminar destartalado y postura de caricatura. Se apellida Maldonado y le apodamos “mal doblado”.
Excelente profesor de Sociología General y Sociología de la Educación.

—Nuestro pueblo no sabe lo que es eso, mi profe. Siempre tendrás razones para enseñarlo –le dije incitándolo a la resignación de ser lo que es. Rebelde y alterado se levantó del taburete arengando a los estudiantes que mal merendaban en el desvencijado cafetín del sector de ladrillos podridos del instituto y con diáfana dicción, además de proyección para última fila, pintó:

—Señores, el término gatopardismo es utilizado en ciencias políticas para referirse al vil y denigrante procedimiento de “cambiar las cosas para que todo siga igual” y se basa en una novela titulada El gatopardo, de Giuseppe Tomasi Di Lampedusa. Nuestro lampedusiano presidente anunció la semana pasada que realizaría cambios profundos para mejorar la situación del país y nos metió medio gatopardo realizando simplemente algunos cambios en el Alto Mando Militar, pero ratificando a la ministra y otros chivos. Sabemos que hará lo mismo en el ámbito civil, es decir, ministerial. Lo cierto es que este gato no es tan pardo si lo comparamos con los que están en el saco de gatos en que se convirtió el PSUV, donde el liderazgo de Maduro no levanta ni con gato hidráulico (palabras rojas, por si acaso). Es un hecho que el extinto líder del proceso nos legó gato por liebre y a la economía del país se le subió la gata a la batea. En todos los poderes del Estado, además del secuestro, se evidencia que hay gato encerrado, mientras parece que un gato negro se nos atravesó en el camino y ni el Gato Galarraga se salva de la inflación, delincuencia, desabastecimiento, apagones chaconianos y otras oscuridades que afectan a los pelagatos, es decir, a los cuatro gatos que estamos aquí ahora y a los millones de rojos cegatos políticos que son manipulados allá fuera con mentiras haciéndose los mojigatos. A Fidel, el Hitchcock del magnicidio, se le acaban los alegatos, pero sigue siento el gato alfa de la manada, mientras el ojo e’ gato de Cabello acecha como gato que huele ratón. ¡Gracias a Dios, la libertad y la democracia, tienen más vida que un gato! ¡He dicho! –
El silencio pesó toneladas. Palabras sueltas arañaban el velo de mi paladar como gata panza arriba sin poder acercarse siquiera a los labios. Repentinamente todos aplaudieron. La anciana del mostrador me susurró:
 
—Olvidó mencionar los gatos que Gómez capaba para misia Zoila, la esposa de Cipriano Castro. Ese tipo de felinos, cuando maúllan, maúllan de verdad y en breve estarán en esta acera. Como gatos en el tejado apoyarán a nuestro presidente en su clamor por unión cívico-militar… ¡Pero para pedir su renuncia! Venezuela en paz y con la fuerza de la fe, echará a los gatopardos y secuaces.

La señora me dejó loco y me fui a pie al Metro. Estación Gato Negro.