• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Gardié

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Juan Carlos Gardié

Espina’epesca’o y su condominio
(Teoría, praxis y chapucería)

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—¿Cuánto vale tu país?— canturreó el flaco Espina’epesca’o.

—¿Qué cantas, flaco?— preguntó El Sapo.

—Ese es el coro final de la obra de Chocrón que Vidal convirtió en musical- cantandito le respondió el flaco.

—Asia y el lejano oriente. Eso hay que verlo, mi caballo. Cuando vaya a la capital, me llego al teatro- convencido aseveró El Sapo, quien además increpó con cierta malicia a su compañero de burbujas etílicas:

—Y…¿tu país, cuánto vale?

Ya se encontraban sentados en el local de Luis María, y la cochina había salido hacía media hora, poco después del sobrevuelo del avión que iniciaba el levantamiento de la Santamaría y el dominó sonaba a tranca y pases ahogados en fría efervescencia por cajas. Como ese juego lo inventó un mudo, los mirones son de palo y el que no sabe nadar no se mete pa’ lo hondo, los dos panas se alejaron y se dedicaron simplemente a conversar. Los inicios de la tertulia los remitieron a sus tiempos de estudiantes en el Pedagógico de Caracas, cuando todo era marco teórico y poesía: el materialismo dialéctico, el reformismo y el revisionismo  que descalificaba al MAS y al MIR-Américo desde la óptica marxista- leninista del PCV y otros negocios propios de la ya manifiesta decadencia del bloque soviético, defendido por letrados con gríngolas que terminaron en el actual adequismo militar madurista. Leves reseñas sobre Guillén, Martí, Neruda y la nueva trova. Luego de unos 5 espumazos helados, la cosa se vino a la macroeconomía actual, la habilitante y la guerra económica. Melania, quien se encargó del negocio que luce renovado en una esquina de la plaza y todavía vende a crédito, escuchó de refilón la palabra Comunidad en medio de la conversa, y la mujer se soltó:

—Miren, primos, a mí ustedes no me engañan con sus teorías y supuestas posiciones ideológicas. Yo sé que tú, Espina’e pesca’o, vives en un edificio de La Candelaria, en Caracas, donde no funcionan los ascensores, las bombas de agua están podridas y no tienen vigilantes. Tú y tu grupito se dedicó a sabotear las acciones que otros emprendieron para resolver el asunto. Recolectaste un dineral y todo sigue igual, ya que cuando medio acomodan un ascensor, dura en funcionamiento dos días y la junta de condominio se cae a dentelladas entre sí, faltándole el respeto a quien se les ocurra y al más elemental sentido común. Los vecinos ya ni siquiera se dividen entre maduristas y opositores, sino entre panas de este, del otro y de la administradora.

—¿Pero qué dices, prima?— respondió el flaco, mientras haciéndose el loco, chupaba con avidez otro chorro de espuma amarga y fría.

—Digo que eres un hipócrita que dice pretender arreglar un país y eres incapaz de  meterle mano y orden a tu casa, lo cual se certifica con el hecho de que no sales de aquí cuando vienes al pueblo, además de  dedicarte al odio entre vecinos en tu edificio y peor aún, no entender de una vez por todas que la salida  para la patria auténtica, no para esta populista de ingenuos, aprovechadores e ignorantes, sino la  democrática, está en las  elecciones parlamentarias. ¿Quieres otra fría? Búscala en la salida del golpe y la constituyente. Levanta barricadas y niega los principios de la gente de paz y cordura— sorprendió la prima.

—¡Tranca’o!— gritó alguien en otro extremo. Comenzaron a contar los puntos y ganó el que más obtuvo, como con los votos, como en la democracia.

Volví a Caracas y una señora a quien respeto como a todas las señoras, me encontró conversando con algunos vecinos sobre problemas propios de la comunidad. Me llamó chismoso. Pobrecita: el odio y la soberbia de su posición política y personal, le hacen sufrir de una severa paranoia que raya en la guarimba de condominio, mal que la oposición y el madurismo ejercen en los pasillos de edificio y en el alto gobierno, sólo que en el segundo hay más billete. Y me sigo preguntando:¿cuánto vale tu patria?¿y tu lugar?¿y tu amor? Ni Chocrón ni Vidal lo dicen, pero el mercado de valores parece indicar que vamos palo abajo. Dios es un Dios de orden y este país transita en moto sobre las aceras y comiendo flechas. Adivina quién se lo está llevando.