• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Gardié

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Juan Carlos Gardié

Conjura insolente
(Deuda mortal)

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“La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo patrio”, grito viernes, sábados y domingos en el teatro BOD. Repito palabras de Cipriano Castro puestas en mi boca por el dramaturgo Javier Vidal en la obra Compadres, bajo la dirección de Julie Restifo. Aquel “presidente enano con complejo de Goliat”, se refería al bloqueo  que sufrió nuestro país durante su gobierno, pero, en realidad, ninguna fuerza ajena a nuestras fronteras intentó invadirnos militarmente. Sin embargo, los cubanos en los albores de los sesenta lo pretendieron y fueron repelidos heroicamente por nuestras fuerzas nacionales. Machurucuto fue nuestra Playa Girón y el actual régimen lo borró de sus cuadernos.

Ahora la sedición es liderada por el gobierno mismo, que se ha convertido en su peor enemigo, auspiciado por la corrupción, la mentira y la mediocridad. Los golpistas del 92 conspiran contra los venezolanos cuando nos someten a una remozada deuda con China y pretenden hacernos ver como idiotas cuando la justifican como “financiamiento”, como si igual no hay que pagarla. Intente sacar cuentas y concluirá que estamos empeñados hasta las próximas 40 generaciones con todo y que tenemos la faja petrolífera del Orinoco, la cual pronto dejará de ser faja para convertirse en corset para los desorientados que manejan nuestras finanzas. Los dólares que “se perdieron” de Cadivi, sumados al despilfarro en el gasto público, cuya más patética expresión es la vueltita que se dio aquel gentío recientemente por el mundo, son solo ejemplos del saco roto en que convirtieron a Venezuela.

Esta deuda es mortal. Esta forma de administrar es criminal. Esta olla que están raspando no resiste más. Todos lo sabemos. Ellos y nosotros. También los chinos, quienes seguro se ríen a carcajadas ante las súplicas del verdadero insolente con bufanda de soberbio. La pregunta es: ¿qué hacemos? Mi respuesta está en las elecciones porque la oscuridad se combate con la luz y de las conjuras se están encargando ellos mismos. La simbiosis cívico-militar sabe la verdad y esta nos hará libres.

Mientras tanto, es necesario ocupar las calles con protestas pacíficas dentro de la legalidad y cobijo constitucional, para lo cual es menester fabricar la unión y mostrar un sólido proyecto de acuerdo social que haga crecer la convocatoria y acudir firmemente a ella. Nos llama la vida, y los protagonistas somos nosotros, no los grupitos  de condecorados con vestuario de zarzuela en corral.

Esta función teatral con giros tragicómicos llegó a su acto final. Bajemos el telón en paz y aplaudamos el porvenir que con sudor construiremos desde ahora. Nuestro sagrado suelo patrio está bajo empeño y los fantasmas de los cubanos de Barlovento junto a nuestros acreedores de mirada oblicua ya no asustan. No se equivoquen: somos más.