• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Gardié

Al instante

Agujeros en la piel
(Zancudos perreando)

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—Cuando intento referirme a nuestra realidad actual, no puedo evitar el recuerdo de algún texto absurdo de Ionesco. Neruda se transforma en Breton y Disney pasa por documentalista. Todo adquiere formas quiméricas y las imágenes que soñamos desde algunas notas de Ludovico Silva refiriéndose a ideología y alienación, se inclinan hacia una especie de apocalipsis, caos y anarquía total. La guerra mediática junto a la económica forman un dueto comparable al Coco y el Silbón, solo que el primer par destruye un país desde el Estado y el otro no pasa de ser mitología casi ingenua de una Venezuela que aún no se sacude el miserable polvo de miseria y oscuridad inscritas en el caudillismo nacional del siglo XIX y buena parte del XX. Estamos avanzando aceleradamente hacia una nueva forma de religión con verrugas y la economía se cae a pedazos. No hablo solamente de la macroeconomía, sino también de esa que desde el surrealismo del gobierno asevera irresponsablemente, amén de lo ridículo, que 10 viven con 10.000. Pero lo que me indigna es que los socialistas de otrora dejaron el concepto y los principios de transformación social, por una praxis política que se resume en la idea gomecista de encontrar lugar donde más dinero se pueda acumular. Esa es la verdad que hay que enfrentar: la corrupción en todos los niveles y sectores de nuestro quehacer productivo, asunto que no necesita más pruebas que simplemente sumar lo que hasta ahora ha entrado en las arcas del reino rojo por concepto de petróleo y la magnitud de las deudas adquiridas, aliñando tal operación con la imposibilidad de constatar facturas debido a lo no auditable de esos fondos, cosa que no es para nada casual –algo ebrio comentó el profesor Plutarco, también conocido como el Rabino, por tener la cabeza pelada y un lunar negro y redondo por los lados de coronilla. Gran maestro de historia y lamentable víctima de una soporosa y continua actividad etílica que eventualmente lo rebasa.

—Profe, entiendo lo que dice y comparto lo que opina, pero… ¿adónde quiere llegar con ese discurso que hasta los chavistas fundamentalistas conocen y comparten por complicidad unos y por inercia otros? –Respondió Chuleto, quien desangró las carteras de todas sus novias desde su juventud.

—Ya no quiero llegar a ninguna parte, Chuleto. Me importa el transcurrir. Solo comparto ideas, cosas que se me ocurren y rebano desde mi corazón de viejo que sabe que esto es un viaje directo al fracaso por el desenfreno esquizofrénico que oye voces orientadoras desde el más allá y le vendió el alma al diablo. Ya no importa la superestructura con la educación y la cultura. Tampoco importan la plusvalía, el capital ni el modo de producción. Ahora la cosa es hablar de un nuevo modelo económico que solamente exporta petróleo, se endeuda, se zambulle en la mediocridad de los burócratas y hace pública la indispensabilidad de sostener la pobreza en altos niveles hasta que todos amemos al régimen y nos arrodillemos ante una estatua del líder. Mientras tanto, la producción nacional es pecado y las necesidades básicas o primarias de nuestra población se ven satisfechas en los noticieros y otras metáforas del gobierno. Esto se anota una condición de locura cuando la salud de una nación es tratada con eufemismos y politiquería persecutoria. Los bichitos agujerean perreando sobre nuestra piel y la capacidad del Estado para atender esta problemática en menor incluso que la vergüenza de los declarantes que afirman que todo está controlado. La fiebre quema en varias regiones y es vox populi que el interés no está enfocado en la vida y salud, sino en la permanente campaña política bajo la dirección de los Castro –concluyó el Rabino.

Yo sólo escuché y tomé chocolate, quizás de ese modo pretendí endulzarme un poco ante tanta amargura erudita y verdades tamaño mural. Cuando nos fuimos, pasé casualmente frente a dos clínicas importantes en San Bernardino: colapso total en Emergencias y miradas de desconcierto en cantidades industriales. Mientras tanto, alguien con poder hablaba de ecología y medio ambiente en un gran foro internacional. Como siempre, la responsabilidad es de otros. Por momentos se borran estos tres lustros de roja culpa. Por suerte y gracias al buen Dios, cada día menos gente les cree.