• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Díaz

Al instante

Un país sin futuro ni oportunidades

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La Venezuela del siglo XXI, lejos de ir a la modernización, al crecimiento y al desarrollo de empresas y crear oportunidades, ha ido en sentido contrario. Con el sistema socialista hemos retrocedido 50 años en el pasado y estamos en el abandono de un país que solo produce miseria, un país donde la noticia es la cantidad de muertos y no las nuevas aperturas al mercado. Esa es la Venezuela diseñada por Hugo Chávez y heredada por Nicolás Maduro, siguiendo los lineamientos del modelo socialista de La Habana.

Las oportunidades para nosotros, los jóvenes, cada día se evaporan, así como se seca el agua de los ríos en tiempos de verano hacia un futuro incierto y sin rumbo, donde todos estamos inmersos en la oscuridad y acechados por la criminalidad. Venezuela es un país donde un menor de 17 años no puede trabajar, pero si puede usar un arma y robar. Son las contradicciones de un sistema que impuso la violencia como política de Estado, donde los valores son tan escasos como la harina en los anaqueles.

Muchos jóvenes dedicamos tiempo a nuestros estudios para superarnos en la vida y optar a grandes oportunidades en puestos de trabajo. Hoy, ese sueño en Venezuela no existe por la simple razón de que es un país en ruinas. Tras cinco años de estudios terminas trabajando en una zapatería o como taxista. Con esto no quiero decir que denigro del trabajo, sino que uno se prepara con el sueño de superarse en la vida, con grandes aspiraciones personales que nos mueven y nos motivan a luchar. Por esa razón muchos jóvenes deciden emprender su camino fuera de nuestras fronteras, donde el talento valorado y las oportunidades están a la vuelta de la esquina.

Un país sin futuro ni oportunidades: así se vislumbra la Venezuela actual ante el mundo, donde las madres cruzan fronteras en busca de comida y donde el menor de 15 años usa armas y asesina. Un país destruido en lo político, económico y social, con muchas demandas y pocas respuestas por parte de quienes ostentan el poder, donde abundan el desempleo y el hambre en cada rincón de nuestra geografía nacional, un país donde todo se fue al vacío, donde las leyes no son respetadas y el narcotráfico se ha apoderado de Miraflores, un país donde el empresario es enemigo y el que roba es el amigo defensor de la patria.

Los millennials, es decir, los que tenemos de 20 a 35 años, somos sin duda alguna los más afectados por este sistema fracasado, basado en la envidia y la humillación. Hablar de oportunidades en Venezuela hoy es deprimente, pues las pocas empresas que aún existen solicitan jóvenes con experiencia hasta de cinco años, algo imposible para alguien de 22 años recién graduado. Ni hablar de trabajar para el Estado, donde el requisito número uno es gritar las consignas adulantes a la dictadura. Todo esto nos lleva a reflexionar y es por ello que muchos deciden irse de su patria. Otros no se van, no porque no quieran, sino porque no cuentan con los medios o recursos para lograrlo.

Es cierto que las oportunidades las creamos cada uno de nosotros si pasamos a la acción y dejamos de quejarnos, pero debemos tomar en cuenta ciertos aspectos de la situación actual, como el hecho de que nos rodea un sistema diseñado para que las personas con grandes capacidades huyan del país. Termino insistiendo en que el cambio lo tenemos en nuestras manos y es este año. El futuro dependerá de lo que hagamos hoy y no mañana.