• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Ballesta

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Juan Carlos Ballesta

El rock venezolano de 2014

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En un año a todas luces complicado, son muchas las conclusiones que se desprenden.

Lo primero, es resaltar que en el mundo ligado al pop-rock venezolano la actividad discográfica no ha cesado, a pesar de que cada año se editan menos discos en formato físico. Respecto al año previo, que batió records, 2014 ha sido algo menos prolífico. En un país con severa crisis económica, cada vez se dificulta más poder imprimir CD, ya no digamos LP, el formato que ha regresado en otras partes del mundo.

No obstante, y muy a pesar de que el primer semestre de 2014 sufrió una severa parálisis, el año no ha sido tan malo en ese renglón. En cuanto a conciertos, la gran mayoría han sido protagonizados por talento venezolano, dada la dificultad en contratar artistas que cobran en dólares, lo cual se traduce en costos muy altos para el productor y precios de entradas altísimos. Pareciera, según se desprende del Festival Suena Caracas, que eso también se lo está reservando el gobierno.

Entre los aspectos más preocupantes se encuentra el éxodo de músicos hacia diversas latitudes, todos ellos envueltos en la necesidad de poder seguir desarrollándose profesionalmente, encontrar más oportunidades de trabajo y crecimiento, y en definitiva huir de la inestabilidad, la inseguridad, la devaluación y el aislamiento. Para cualquier músico o banda anclada en Venezuela, viajar a tocar en otros países se ha vuelto un calvario y por lo tanto se pierden oportunidades por falta de pasajes.

Más de 70 discos y una gran cantidad de EP, de distinta calidad, conforman un interesante universo, en el que conviven muchas corrientes del rock, grupos jóvenes en su mayoría y algunos con amplia y reconocida trayectoria.

Como siempre ocurre, hay un puñado de discos que destacan por sobre los demás: Los Mentas con el magnífico disco conceptual Dios, el Diablo y el Dinero; el ahora trío radicado en Barcelona, Luz Verde con Nada es imposible (El final del mundo II)- nominado al Latin Grammy; el potente post-rock de La Mar y su segundo disco, Tides; el cristalino rock de Buenaparte, plasmado en Estoy de paso (con el que anuncian su inesperada disolución); el potente rock progresivo de Backhand y su debut Through the Turbulence; el blues rock del cuarteto marabino Los Polaroid y su debut Decisiones desesperadas; la psicodelia rock de Distorpía, debut de Phonit; el tercer disco de Melancólicos Anónimos, con la conocida carga de denuncia sociopolítica y humorística, superando a los dos álbumes previos; el rock de autor del trío larense Limpiacabezales y Así pasó en Estocolmo; el fabuloso documento en vivo de Zapato 3, La última cruzada, sin duda el CD de rock con mayor tiraje en Venezuela de este siglo.

Es necesario también considerar los discos editados por Los Sordos, Para Llevar, Tequila and Caroline, Mantra, Ovotitan, Ohmio y La Última Thule y los EP de los grupos larenses Caminant y THE, Marti Ann (joven trío de electro pop) y Somalunar, entre muchos.

Ha sido otro año bueno para la canción de autor, en especial la que explora terrenos no tan convencionales. El coriano Vargas lanzó su segundo disco, Ciudades mareadas; desde Acarigua, Mundano (el proyecto de Fauadz Kassen, cantante de La Abuela Disco) nos regaló el EP Campo costumbre; el cantante del trío valenciano Holy Sexy Bastards, Andrés Puche, se atrevió en solitario con El Sur, esta vez cantando en español; Carlos Angola, lanzó su tercer álbum, Poptimista, con un sonido cada vez más depurado; Wincho Schafer, se atrevió con su debut en solitario, Otra realidad, un disco intimista y agridulce; Kuámasi (Los Humanoides), sacó tiempo para concebir su segundo disco solista, Cables a tierra; Hebert Áñez lanzó otro de sus discos lo-fi como Presidente (Chuca Chuca II); Adolfo Romero sacó en físico Albura, que ya había dado a conocer el año pasado, caso similar al de Julio Briceño y su proyecto paralelo a Los Amigos Invisibles, Chulius and the Filarmonics (Shorts and Sandals); el guitarrista y cantante Gustavo Guerrero (Cunaguaro Soul, ahora en México con Natalia Lafourcade), lanzó el EP, Primer acercamiento al mito, bajo su pseudónimo Augusto Bracho.

Uno de los más emotivos aciertos fue el compilado Canciones de la gente, trabajo producido por Patolín Acosta, en el que participan, entre otros, Boston Rex, Juan Olmedillo, Luz Verde, Carlos Angola, Reyes y Claudia Lizardo, hija del homenajeado, PTT Lizardo (La Misma Gente).

A destacar los temas editados por Yordano a comienzos de año, teñidos de denuncia social y angustia existencial, que presagian el contenido de su próximo álbum. Fue noticia además, lamentablemente, por el anuncio de un cáncer.

La cantautora Mariana Vega, por su parte, ganó un Grammy Latino como Mejor Nuevo Artista. Mientras, Laura Guevara, en pleno ascenso, lanzó su primer single “Late” (adelanto de su debut en estudio), acompañado de un excelente video. Otros que lanzaron singles fueron Octavio Suñé y Rodrigo Gonsalves (como Rodrigo Solo).

En el terreno siempre interesante que emparenta varios géneros e influencias hay que destacar el jazz-rock iconoclasta de El Regaño, con su segundo trabajo La agrupación juvenil del momento; la fusión de afrobeat, jazz y rock latino de Volumen 2, de Monsalve y Los Forajidos; el debut de Tragavenao Orquesta Afrobeat, con influencias afrovenezolanas; Skaracas, con su buen acercamiento desde el jazz y ritmos latinos.

Uno de los trabajos de mayor envergadura es el segundo del proyecto Rock and MAU, que arroja nuevas colaboraciones entre el ensamble de música tradicional venezolana que dirige Álvaro Paiva y diversos cantantes provenientes del universo pop-rock, entre los cuales están los cantantes de Okills, Charliepapa, Desorden Público, Tomates Fritos, Americania, Los Colores, entre otros.