• Caracas (Venezuela)

Juan Carlos Ballesta

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Robyn Hitchcock, el eterno outsider

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El universo de la música está lleno de grandes músicos que jamás logran traspasar la barrera del éxito masivo. Nunca se sabe, en esos casos, si resulta mejor para su proceso creativo, en especial cuando su prolijidad no se ve afectada por el fracaso comercial. El caso del inglés Robyn Hitchcock es uno de esos en los que a pesar de tener una carrera de 38 años y más de 40 discos (incluso etapas de contratos con A&M Records y Warner Bros) resulta ser un desconocido para una gran mayoría.

Hitchcock es, por toda la regla, un verdadero artista de culto, apreciado tanto por los amantes de la psicodelia pop, la canción de autor cercana al folk-rock, como por los seguidores del post punk más sofisticado. Sus influencias, que pasan por The Byrds, Love, Syd Barrett (Pink Floyd) Bob Dylan, Nick Drake, Ray Davis (The Kinks), Andy Partridge (XTC), John Lennon, Kevin Ayers e incluso Peter Hammill, son solo referencias para entender la amplitud de la propuesta desarrollada sin pausa durante casi cuatro décadas y que ha arrojado un cuerpo de trabajo fantástico y a todas luces subestimado.

El incansable Hitchcock comenzó su carrera en 1976 en Cambridge, junto con The Soft Boys, uno de esos grupos nacidos al calor del punk que aunque no encajaba con aquella estética se nutría de ella. Su rock con elementos psicodélicos dejó dos estupendos documentos, A Can of Bees (1979) y Underwater Moonlight (1980), además de Nextdoorland (2002), producto de una efímera reunión. Tras la disolución en 1980, el inquieto Robyn comenzó una carrera en solitario que desde el principio arrojó excelentes discos y que no ha parado ni un solo año.

La aventura solista comenzó con Black Snake Diamond Role (1981), disco que contiene el tema “The Man Who Invented Himself”, que comenzaba la tradición de letrista excepcional, moviéndose entre la ironía, el surrealismo, la comedia, la excentricidad británica, la melancolía y la cotidianidad. Sin duda, Hitchcock es uno de los cronistas más agudos de nuestro tiempo, lo que ha demostrado sobradamente en temas como “The Man with the Lightbulb Head”, “My Wife and My Dead Wife”, “Sinister (but She Was Happy)”, “Queen Elvis”, “Certainly Clickot”… La herencia de su padre, el novelista Raymond Hitchcock (autor, entre otras, de la famosa Percy, historia del primer individuo al que le trasplantan un pene, extraído al tipo que muere en el accidente), sin duda, fue determinante.

Durante los años junto a The Egyptians logró una mediana exposición gracias al contrato con A&M, con discos como Fegmania! (1985), Element of Light (1986), Globe of Frogs (1988), Queen Elvis (1989), Perspex Island (1991) y Respect (1993), con los que cimentó su estilo musical y como letrista. Tras la desbandada del grupo, retomó su faceta solista, cerrando la década y el siglo con dos joyas editadas por el sello Warner, Moss Elixir (1996) y Jewels of Sophia (1999). Durante los años ochenta y noventa vieron la luz una diversidad de compilados de material inédito, demos, grabaciones alternas, en vivo, remezclas para bandas sonoras. De todos ellos, destaca Storefront Hitchcock para el documental sobre uno de sus conciertos que dirigió Jonathan Demme en 1998.

La aparición del exquisito nuevo álbum, The Man Upstairs, viene a apuntalar su carrera reciente con tres discos consecutivos (Tromsø, Kaptein, 2011; Love From London, 2013) luego de la aventura con Venus 3 (junto con Peter Buck y Bill Rieflin de REM, y Scott McCaughey de Young Fresh Fellows) entre 2006 y 2010 que arrojó los notables Ole! Tarantula, Goodnight Olso y Propellor Time.

Nunca es tarde para descubrir a Robyn Hitchcock. A los 61 años de edad permanece como uno de los más vitales cantautores de nuestro tiempo.

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