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Juan Carlos Ballesta

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Juan Carlos Ballesta

Edgar Froese emprendió el vuelo cósmico

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La primera mitad de la década de los años setenta fue de absoluta libertad creativa. Una inmensa cantidad de músicos, bien sea como solistas o con bandas, transformaron la música popular y crearon nuevos códigos y paradigmas, algunos de los cuales aún siguen en plena vigencia.

En medio de esa efervescencia, Alemania se erigió como una especie de universo paralelo, con una serie de propuestas alejadas de lo que se hacía en Gran Bretaña (centro neurálgico de las novedades) y el resto de Europa. Tras un par de décadas en las que los alemanes se abocaron a la reconstrucción física y moral, las primeras generaciones de posguerra se ocuparon de resurgir de manera especialmente diferente, tratando de deslastrarse del oprobioso pasado inmediato y recuperando el espíritu de vanguardia cultural que por siglos habían ostentado. Es así como dentro del ecléctico panorama del “krautrock” (nombre acuñado por los ingleses) convivieron todo tipo de iniciativas, entre ellas varias que le dieron forma al nacimiento de la música electrónica moderna. Dentro de ese grupo tan diverso que incluyó, entre otros, a Kraftwerk, Cluster, Neu!, Harmonia, Ashra y Klaus Schulze, destacó especialmente el particular e innovador sonido de Tangerine Dream, agrupación fundada y liderada desde 1967 por Edgar Froese, quien se mantuvo al frente hasta el momento de su inesperada muerte el pasado 20 de enero.

Froese nació en Prusia Oriental (de mayoría étnica de origen alemán) en un día considerado histórico (D-Day), el 6 de junio de 1944, cuando las tropas aliadas desembarcaron en Normandía. Su padre y otros miembros de su familia fueron asesinados por los nazis. Al finalizar la guerra, la mayoría alemana prusiana fue expulsada por los rusos, que anexaron a Prusia como provincia a la Unión Soviética. Su madre entonces se mudó a Berlín Occidental, en donde el pequeño Edgar comenzó a desarrollar sus habilidades artísticas, comenzando por el piano y siguiendo con la guitarra. Sus aptitudes por el arte lo llevaron a estudiar pintura y escultura en la Academia de las Artes de Berlín Occidental. Su inquieta naturaleza lo llevó a formar su primer grupo de rock psicodélico en 1965, con el cual viajó a tocar en varios países europeos. Cuando The Ones fue invitado a tocar en Cadaqués (Cataluña, España) en la villa de Salvador Dalí, Froese entró en contacto con uno de sus más admirados artistas, convirtiéndose en un inspirador y definitivo encuentro en su vida.

De regreso a Berlín, Froese formó Tangerine Dream, en principio como un grupo de free rock (tal como quedó registrado en su debut Electronic Meditations, 1970) y muy pronto como la más representativa agrupación de “Kosmische Musik” de Alemania. El trío de discos que siguió con el sello Ohr, Alpha Centauri (1971), Zeit (1972) y Atem (1973), definieron las bases de la electrónica cósmica mediante largas atmósferas instrumentales fundamentadas en el recurso hipnótico de la repetición. Probablemente Zeit (LP doble, con un track por cada lado) sea la obra cumbre de aquellos años de experimentación, composiciones concebidas como mantras.

Pero el gran punto de inflexión estaba por llegar. Su exposición al público inglés ocurrió gracias a John Peel, el famoso locutor y productor de la BBC que siempre estaba a la caza de lo novedoso. Gracias a él, Richard Branson, que acababa de fundar el importante sello independiente Virgin Records, los firmó. Los diez años que prosiguieron fueron los más influyentes y los que definieron muchas de las premisas de la electrónica moderna. La formación de Edgar Froese, Chris Franke y Peter Baumann produjo una seguidilla de discos inmortales: Phaedra (1974), Rubycon (1975), Ricochet (1975, grabado en vivo en la Catedral de Coventry), Stratosfear (1976), Sorcerer (1977, primero de decenas de soundtracks) y Encore (1977, grabado en vivo durante la histórica gira norteamericana).

El uso de sintetizadores (Modular Moog, Mini Moog, VCS3, Elka…), secuenciadores Oberheim, mellotrón, órgano eléctrico, cintas electromagnéticas, guitarra eléctrica y diversos efectos, le dieron cuerpo al sonido totalmente distintivo del Tangerine Dream de los años setenta, influencia ineludible para muchos músicos de generaciones posteriores.

Froese, a pesar de la intensa actividad con el grupo, todavía tuvo tiempo para editar varios discos en solitario. Aqua (1974), Ypsilon in Malasyan Pale (1975), Macula Transfer (1976), Ages (1978) y Stuntman (1979) son todos álbumes ligados al sonido Tangerine, pero de construcción más minimalista y personal.

Entrada la década de los ochenta, Froese siguió adelante con Tangerine Dream, readaptando la formación con nuevos y valiosos integrantes (cabe destacar a Johannes Schmoelling y Paul Haslinger), así como dando cabida a la tecnología digital, que poco a poco fue quitándole la calidez orgánica de la era analógica. Nunca dejó de producir, aunque en los noventa haya editado discos poco trascendentes, sin el espíritu de riesgo que caracterizó las décadas previas.

En el siglo XXI, Froese había recuperado parte de su inclinación original, rescatando muchas de las composiciones que en los setenta jamás pudo tocar en vivo debido a las limitantes de la tecnología análoga. Lamentablemente, una inesperada embolia pulmonar lo sorprendió a los 70 años, justo cuando comenzaba a desarrollar una nueva formación con Tangerine Dream.

La música electrónica le debe demasiado. Todo amante de la electrónica que no conozca su obra fundamental de los años setenta y parte de los ochenta tiene por delante una tarea ineludible. Aquellos que la conocen, ya saben de sus invalorables aportes. Edgar ya se encuentra viajando por el cosmos que tanto exploró con su música. Gracias por tantos viajes.