• Caracas (Venezuela)

Juan Barreto

Al instante

Juan Barreto

El fascismo criollo

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El fascismo niega la democracia porque para el fascista no se trata de construir un régimen de mayorías, ni de darle poder al pueblo, sino de usar el gobierno como una “suma de individuos” amalgamados en un proyecto determinado por los intereses de clase dominante, que se consideran asimismo como lo más excelso de la raza. La democracia aplasta al individuo fascista al igualar a los unos y a los otros, mientras que en una suma de individuos unos brillarán más que otros desde sus cualidades individuales, el fascista marcha junto al otro sintiéndose mejor, sintiéndose superior al otro.

“La comunidad fascista”, dice Bataille, “consuma el crimen de la asimilación a la fuerza y de la identidad incontestable”. A lo que el fascista llama libertad el comunista lo llama asimilación. El exterminio de la alteridad no es visto por el fascista como crueldad, sino como un mal necesario en una comunidad que reivindica el orden y la unidad en todas las dimensiones sociales. La sociedad homogénea es la sociedad útil, “así en el orden actual de las cosas la parte homogénea de la sociedad está formada por los hombre que poseen los medios de producción o el dinero, es en la llamada clase capitalista y burguesa donde se crean los hombre útiles a la sociedad, en las clases medias se crean sujetos intercambiables y reductibles a esta operación, en tanto que entidades abstractas intercambiables”.

El fascismo no tiene afuera, es una comunidad de un adentro constante y perpetuo, una comunidad pensada de esta manera solo conoce puertas, muros, cierres, rejas, barreras es una comunidad cerrada, sin aperturas, cerrada sobre sí misma e imponiéndose desde allí a los otros.

La guerra de Irak, la invasión a Siria, el genocidio contra Palestina, la invasión a Libia y a Panamá, no son más que manifestaciones de ese fascismo que asume lo otro como amenaza. Recordemos la frase de Le Pen: “Habrá que escoger entre una Francia para los franceses o una Francia para todos”.

“En Italia no hay ricos ni pobres, hay italianos”, decía Mussolini, y en Venezuela, siguiendo este ejemplo, Henrique Capriles Radonski, sostiene: “Los venezolanos somos nosotros”; decir que “aquí no hay clases sociales” es una pirueta mental para pretender que se crea que también ellos defienden al trabajador, decirse de centro-izquierda, como lo sostiene HCR, es una jugarreta más, de una clase sin columna vertebral, una clase que pretende mimetizarse con lo popular rehuyendo a su condición de derecha. Se les oye defender la propiedad porque sienten al país como una propiedad de sus familias, por eso cuando dicen “están acabando con el país”, “están regalando nuestra riqueza”, en realidad quieren decir están acabando con mis negocios, con mi propiedad y con mi familia. Tradición familia y propiedad (TFP) son los principios “fundamentalistas” que rigen el destino de la oposición venezolana.

Es necesario entender cómo el fascismo se vertebró como anticomunismo radical; J. Nolte sugiere que el fascismo no debe ser reducido a la simpleza del anticomunismo, pero propone que el fascismo es un comunismo a la inversa, comunitarismo sin comunidad. Individualismo exacerbado mostrado en un escenario de masas. Para el fascismo el pueblo es un espacio de retórica, ellos asumen al pueblo como una masa amorfa y sin proyecto histórico, de allí que el mensaje fascista suele ser diseñado para mentes retrógradas, que en el mejor de los casos ven a la gente como una población que hay que atender y dirigir y no como el sujeto protagonista de la transformación y dueño del poder soberano que está llamado a ejercerlo directamente.

De modo que el fascismo criollo ha tenido más que apelar al resentimiento antichavista que a la promoción de sus propias figuras. El fascismo venezolano es negación de algo más que afirmación de sí mismo, más anti lo otro que pro algo.