• Caracas (Venezuela)

Juan Barreto

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Juan Barreto

Capacidad constituyente

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“La lógica comunera ha sido el pivote central para encarar la idea de revolución. Este espíritu de la comuna ha estado rondando en los últimos tiempos las iniciativas de reflexión de diferentes colectivos en el país. También en el escenario de las formulaciones políticas se ha venido acumulando todo un activo que va desde la figura de los ‘consejos comunales’ hasta el paquete de leyes que encuadran una plataforma muy prometedora en el terreno del poder popular. Ello está indicando que hay una a­genda teórico-ideológica en curso y un proceso político emergente que sirven de eco a esta reflexión”.

Rigoberto Lanz


Comprender que los conceptos no son operativos solamente en el terreno de la ideología y la teoría, sino principalmente en el terreno concreto y en la composición de los imaginarios que hacen las luchas, es dar el salto cualitativo al interior de la izquierda y es preparar las condiciones para que desde hoy germine el porvenir en la apuesta con nuevas prácticas de empode­ra­mien­to social.

Es un hecho real y concreto que desde que se inició en Venezuela el proceso constituyente, en 1999, en el que por primera vez el poder originario del soberano fue convocado para elaborar, aprobar y hacer suya una Constitución, se han conquistado nuevos espacios de participación popular que han permitido la irrupción y consolidación de numerosas organizaciones comunitarias. Luego, impulsadas por el Gobierno nacional y con ánimo de fortalecer esta plataforma de poder popular, la gente también comenzó a congregarse en consejos comunales, comités de tierra urbana, mesas técnicas de agua. El camino hacia las comunas en Venezuela sabemos que ya tiene un recorrido, que viene dándose desde hace décadas (incluso siglos si pensamos en los procesos de defensa de la tierra por parte de los pueblos originarios), pero la territorialización de las luchas sociales (y su correspondiente sistema de relaciones) tiene su momento cumbre de multiplicación desde la toma de la presidencia de Hugo Chá­vez.

Estas organizaciones-movilizaciones han propiciado una auténtica actividad democrática, participativa, delibe­ra­tiva y protagónica, avivadas desde un doble flujo: por un lado, el espacio físico donde se desplazan-asientan-movilizan deja de ser considerada sólo como un medio de producción o un asentamiento, sino, muy importante, un lugar de creación político-cultural; y, por el otro, la nueva institu­cio­nalidad que, desde los poderes públicos, asume el principio de cogestión y orienta sus políticas en función del fortalecimiento del poder popular a través de una nueva geometría del poder.

Este impulso creativo debe buscar organizarse con miras a constituir verdaderas comunas, en función de objetivos y formas genuinos de luchas desde los mismos actores. Si decimos comuna, evocamos luchas populares, ímpetu y revolución, pero también articulación de prácticas materiales y formas institucionales correspondientes bien tangibles.

Desde sus nuevos espacios (comunidades indígenas, localidades, barrios) los pobladores asien­tan no sólo un lugar para la super­viven­cia, sino, como ya dijimos, un lugar de resistencia y creación político-cultural. Desde quienes realizaron el éxodo por encontrar lugares inexpugnables desde donde defenderse de la esclavitud, el genocidio o el aislamiento que les reservaba la América Latina “civilizada” por el capitalismo. Todos realizaron un éxodo que apuntaba a un doble sentido: super­vivencia y recongregación. Si bien estas migraciones ilustran en modo básico, pero muy tangible, lo que son los procesos de cambio y transformación que experien­cialmente periplan los excluidos, todos significan, en palabras de Negri, “capacidad constituyente”.