• Caracas (Venezuela)

Juan Barreto

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Juan Barreto

Colectivos

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Siguiendo lo que dice mi amigo Miguel Ángel Contreras, lo político en los movimientos sociales y populares no emerge solo como una forma de organización, sino como la apertura a nuevas relaciones simbólicas de la política, de renovadas esperanzas respecto a las posibilidades creativas del porvenir, y, sobre todo, responden a una pluralización y el desborde de los ámbitos de la luchas sociales y populares en un sentido comunitario-solidario, democrático-socialista y plural- cultural. Eso son los colectivos.

Estos imaginarios insurgentes que subvierten el sentido jerárquico de los campos de producción de conocimiento euroccidental, que se plantea, además de sus particulares luchas, una defensa de la naturaleza contra la destrucción modernizadora neoliberal, liberando las potencialidades de una subjetividad crítica y radicalmente emancipadora.

Diversidad, autonomía, libertad, horizontalidad, son criterios que se hacen cotidianos en la misma medida en que se profundiza la crisis del capitalismo globalizado, así como del anquilosado concepto de democracia representativa sobre el que se apoyó para mandar.

La tarea de cambiar un mundo que no ha dejado de cambiar, pasa por preguntarse por el rumbo y la naturaleza de ese cambio. En ese sentido, la respuesta y la reformulación de la pregunta la aportan miles de organizaciones sociales, multitud de colectivos revolucionarios dispersos a todo lo ancho de este mundo; expresión de un sujeto plástico, dúctil, flexible y plural, cuya ubicuidad y característica depende de la dimensión contextual y de multiplicidad de variables en cada momento, para adaptar así su práctica revolucionaria.

La unidad en la diversidad y la negociación de la diferencia, son la base de la conexión y la sintonía de los colectivos, movimientos sociales y de los partidos alternativos. Esta alteridad, allí donde esta se da, es la expresión de clase de aquellos que luchan contra todas las formas de coacción, explotación y dominación ideológica. Este sujeto plural y múltiple que tiene en común su enfrentamiento al capital y a sus lógicas y que hemos llamado para resumir: multitud, no es una y tampoco varias clases, es más bien un momento de clase, es decir, es el instante acontecimiento de aquello que se constituye como práctica cotidiana revolucionaria, meta estable o permanente y que actúa como clase, por diverso que ello sea, por ejemplo, la presencia de la gente en la calle en abril de 2002 derrotando al fascismo golpista, o la irrupción popular de febrero de 1989 y que hoy tiene una expresión máxima en la ciudadanía organizada, consciente y políticamente clara en la defensa de la revolución bolivariana, en estos meses del año 2014 de arremetida fascista.

Naomi Klein lo caracteriza de esta manera: “Las formas de resistencia global deben estar basadas en la experiencia local de cada situación. No tiene sentido que nuestras luchas sean iguales en todos lados, empacadas y producidas en serie según un manual, como un enlatado, por eso hay que pensar global y actuar local, incluso cuando se trata de los más íntimos intersticios de la vida cotidiana”.

Esto significa que tenemos que reconocer las condiciones y manifestaciones concretas, la forma de expresión del modo extenso del capitalismo y la forma como este afecta la vida concretan de la tierra y de las personas. De manera que no hay luchas pequeñas y objetivos superiores. Estos van apareciendo, se yuxtaponen o complementan también según cada circunstancia. De modo que el programa se va haciendo en la medida en que las condiciones concretas hacen la táctica, y esta a su vez va transformando tanto a lo concreto como a la estrategia. Así, la estrategia de poder consiste en entender que el poder se construye en lo concreto. Estas ideas suponen tener siempre presente a la gente como lo más concreto. Es decir, que su devenir, su corporeidad, siempre estarán en juego, por lo que nunca serán utilizadas como objeto, como masas, sino que serán siempre sujetos, siempre actores, razón de ser de los colectivos y movimientos sociales.

Esto significa también, servirse de las luchas y no servirle a una lucha. Así, nadie se inscribe desde fuera en una lucha. Se es parte en la medida en que se participa. De modo que la organización es aquello en donde se lucha cada vez que prefiguramos la vida en nuevos mundos, para que el mundo de la vida sea nuevo. Preguntar y debatir caminando sin perder la iniciativa, haciendo de la duda parte de la respuesta creativa, es la topografía del camino recorrido de aquellos que van alumbrando mundos nuevos, en el momento en el que la crisis global del capitalismo parece confirmar la profecía de Marx: “…Cuando todo lo sólido se desvanece en el aire”.