• Caracas (Venezuela)

Juan Barreto

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Juan Barreto

Voces potentes

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Uno de los debates que siempre se ha dado, particularmente al interior de las izquierdas, es el que tiene que ver con la naturaleza de los sujetos que hacen posibles las transformaciones. En el caso de América Latina, cientos de miles de militantes revolucionarios y de izquierda tomaron caminos discretos y modestos, y paulatinamente sembraron pequeñas experiencias de base. Luego de la derrota política y militar de la izquierda en América Latina durante tres décadas (60, 70 y 80) y el derrumbe del bloque soviético, se produce una crisis en los partidos y organizaciones progresistas tradicionales que nos llevó a un gran debate y que trajo como consecuencia una diáspora de fuerzas populares que poco a poco desde su reflexión interior fueron consiguiendo y creando nuevos caminos.

Estas corrientes se abrazaron, por ejemplo, a la teología de la liberación, a movimientos ecologistas, cooperativistas, de pobladores, feministas, comunales, cocaleros, indigenistas, etcétera; que conformaron luego una nueva textura para una subjetividad política otra; movimiento de lo real que, a su vez, fue generando una visión heterogénea y diversa de los procesos emancipatorios y reactivando el deseo político que hoy se expresa como línea de superficie de las distintas formas de expresión y distintos matices de la nueva izquierda latinoamericana. Es por eso que a partir de los ochenta algunos teóricos comienzan a hablar de nuevos movimientos sociales.

Queremos subrayar que de esta manera fue estableciéndose un tejido de relaciones sociales alternativas de carácter subterráneo, que fue transversalizando todas las luchas y demandas de los pueblos, hasta hacerse línea de visibilidad, devenir proceso y movimiento. Así es como podemos ir forjando un tinglado de visiones paralelas, capaces de articular un discontinuo propio. Éste, precisamente hoy, está posibilitando la emergencia de una nueva hegemonía continental. De él han surgido voces potentes –como las de nuestros camaradas Chávez y Evo– partidos, fuerzas, movimientos; que articulan el paralelaje y la identidad de las demandas sociales hasta convertirlas en reales opciones de poder permanente; es decir, estamos hablando de una nueva hegemonía continental en lo geográfico, en lo sociocultural y en lo político.

Es en este punto o perspectiva en el que nos colocamos. Para nosotros el sujeto social y el escenario del sujeto social son lo mismo; no hay sujeto social sin condiciones subjetivas para dicha singularidad; el sujeto de la transformación es en sí mismo el proceso de transformación. El sujeto social es de suyo condición objetiva. De modo pues que para avanzar en la construcción del bloque social histórico que se erija como sujeto de la transformación, hace falta una nueva subjetividad política; lo que Gramsci llamara un movimiento intelectual y moral, ingrediente principal de toda hegemonía. El lugar de la gran política y de la pequeña política, es decir, el lugar de la táctica y la estrategia.

Pues desde allí parte la construcción de un espacio-tiempo de subjetividades que hacen posible la naturaleza de los cambios, las transformaciones, que poco a poco se hacen visibles. Así, la trayectoria de esa singularidad, que es el sujeto, consigue concreción. Por razones metodológicas podemos separar en tres momentos al sujeto: proceso, contexto y proyecto, pero en la vida real las cosas ocurren de manera simultánea.

Desde siempre, toda corriente política tiende a afirmarse como voluntad de saber-poder, lo que produce un éxodo de ideas e individuos portadores de las mismas, tendentes a la territorialización de ideas y prácticas. Esto quiere decir que las ideas viajan y se impregnan en nuevos espacios (comunidades indígenas, quilombos, barrios), desde donde los pobladores asientan, no solo un lugar para la supervivencia, sino, como ya dijimos, un lugar de resistencia y creación político-cultural de su mundo de vida.