• Caracas (Venezuela)

Juan Barreto

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Toni Negri, un nuevo saber

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Tiempo de redes y nuevas tecnologías; momento del trabajo inmaterial, de tribus urbanas y resurgimiento de naciones y etnias que apuntan hacia un nuevo nombre, para revitalizar y designar la cualidad sustantiva del proletariado. Los cambios y tránsitos son tales, que el impacto y afectación toca a pueblos y gobiernos que no repiten la fisiología de la alternancia interna de las élites dominantes, expresión del talante autoritario del imperio. Poco a poco se abren espacios que establecen una relación abierta, sobre la lógica de una nueva producción de lo real, desde nuevas composiciones sociales y políticas de las clases subalternas.

Ello hace de este tiempo, un momento especialmente propicio para pensar la política sobre la base de nuevas configuraciones conceptuales. Como sostienen Toni Negri y Giuseppe Cocco en su libro GlobAl, vivimos un interregno histórico –que se caracteriza por la crisis del poder burgués–, un interregno como lo fue aquel que caracterizó el paso del Medioevo a la Modernidad. Un tiempo fuera de quicio, dijera Derrida citando a Shakespeare.

Un nuevo saber se abre paso entre la bruma espesa de los dogmas consagrados, para acercarnos a una respuesta provisional a la pregunta: ¿cómo el capital se hace biopoder, al punto que, enfrentado a sí mismo en segundo movimiento, desmantela la lógica de su propia reproducción y deviene irracionalidad y terror nuclear, como nuevo rostro del orden global?

Negri se planta en el cruce ontológico del devenir antagónico entre la vida humana, constituyéndose a través del trabajo libre y el capital, ejerciéndose como poder sobre ésta. La confrontación capital-trabajo abandonada por los reformistas de distinto cuño. En él hay un materialismo que rechaza cualquier metafísica.

Negri comienza a levantar su edificio teórico, allá en 1964 (con Il lavoro nella Costituzione), en el marco de la militancia con los movimientos operarios de trabajadores industriales. La política es situada de inmediato en el seno del trabajo asalariado (los Quaderni Rossi, 1968), para coronar –luego de casi cuatro décadas– conceptualizando el modelo de Imperio, y construyendo un tinglado que relee a Marx desde Spinoza y el poder constituyente de la potencia de actuar.

Levanta un pensamiento crítico e impugnador que no busca ser aceptado en el intento de congraciarse con el capital o los círculos dogmáticos, sino que rescata ideas puntales de Marx curiosamente olvidadas por las voces autorizadas: el obrero social, el poder constituyente, el tiempo abstracto de la mercancía y el intelectual general; por solo mencionar algunas herramientas para el oído, el ojo y la mano que forjan los conceptos para entender el devenir. Por encima de la cárcel, la censura, la incomprensión, las distorsiones y las “malas interpretaciones” –de la mala lectura de apresurados descalificadores burdos y narcisistas–, el movimiento interior de su obra poco a poco va encontrando cauce en las sensibilidades políticas más avisadas de todos los confines.

Negri no deja espacio alguno para el pretexto ni para el subterfugio; por el contrario, exhibe –desde la convicción cimentada de aquel que ha vivido y sembrado en el devenir político de los últimos treinta años– el entramado conceptual que, rechazando la dialéctica en tanto síntesis, coloca al trabajo por sobre el capital. A la lucha proletaria resultante del antagonismo como fogonera de la historia, al combate obrero como parte de un nuevo proletariado, contra el orden disciplinario fordista; y de allí, como partero de la crisis del Estado y el mercado. Analizando los devenires de la clase desde la sumisión de éste al control imperial, hasta el surgimiento de la multitud, no como negación del paradigma de la clase obrera, sino como circulación y actualización de ésta en la sociedad toda.