• Caracas (Venezuela)

Juan Barreto

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Clima de debate

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En 1926 Preobrazhensky escribió su obra La nueva economía, en la que analizó las contradicciones entre la planificación socialista y el mercado; el debate sobre las leyes de la acumulación socialista, y se pronuncia porque el Estado soviético subordinara la ley del valor a la regulación planificada de la sociedad. En 1927 fue expulsado del partido y deportado junto con Trotsky.

La NEP, avalada por Bujarin, suscitó el debate sobre la economía mixta y el capitalismo de Estado. Sin embargo, a pesar de que este primer período del marxismo bolchevique estuvo cruzado de significativos debates, a partir de la muerte de Lenin hasta el control absoluto del poder por parte de Stalin, donde comenzó un proceso de intimidación y persecución contra la llamada oposición de “izquierda” y de “derecha”, que selló el fin del espíritu vivo y polémico de la reflexión del “marxismo soviético” de este primer momento en el campo económico, social, político y cultural.

Asimismo, este primer período constituye un extraordinario apogeo del pensamiento de Lenin, como intérprete hegemónico del “marxismo revolucionario” frente a la ortodoxia reformista y revisionista de la Segunda Internacional, pero, además, contra cualquier desafío a su hegemonía (comunismo de consejos, austro-marxismo, oposición obrera, pensamiento anarquista), transcurrieron importantes debates en la URSS como la discusión sobre el poder del Estado, la violencia, el derecho y la “legalidad revolucionaria” donde participaron Pasukanis, Stučka, Krilenko y otros.

Fueron tales las implicaciones de estas controversias que por sostener que el Estado socialista debía extinguirse para dar a luz el comunismo, según la teoría de la transición de Marx, personajes como Stučka y Pasukanis fueron calificados por la hegemonía del partido como “saboteadores” y “espías”.

Tal era el “clima de debate” en el apogeo del estalinismo (que llamaba a fortalecer el Estado y el socialismo en un solo país); en fin, la controversia era descalificada como abono para el terreno contrarrevolucionario y de las acciones de los “enemigos del pueblo”. Stalin fue el propagador de la mayor parte de las clasificaciones que identificaron de manera abusiva, sectaria y estigmatizadora a diversas tendencias, grupos y personalidades dentro de los llamados “enemigos del pueblo” y “contrarrevolucionarios”.

Gradualmente, la idea de vanguardia con cierta dosis de experimentalismo y voluntarismo dio paso al culto oficial del “realismo socialista”. El realismo socialista se convirtió entonces en política oficial del Estado en 1932 al promulgar Stalin el decreto de reconstrucción de las organizaciones.

En el período estalinista, el “marxismo soviético” se institucionalizó como “marxismo-leninismo” (Cuestiones de leninismo y Fundamentos del leninismo, elaborados por Stalin fueron el abecé de esta versión ortodoxa del “marxismo soviético”, incluyendo la oficiosa Historia del Partido Comunista de la URSS). A partir de entonces, apareció la función de legitimación carismática hacia la figura del Stalin vivo, heredero del legado leninista y autoridad del “marxismo soviético”.

El “marxismo-leninismo” pasó a ser un pensamiento único de izquierda, única visión correcta y científica (ambos adjetivos comenzaron a usarse de manera intercambiada como simple apoyo dogmático a sus planteamientos). Stalin se encargó de combatir y perseguir las alternativas posibles a esta deformación del marxismo bolchevique (el trotskismo y el luxemburguismo) y estableció claramente que el materialismo histórico y dialéctico, descrito en sus propios términos, correspondía a la visión del mundo del Partido Comunista.

Todavía hoy se viven los estragos ideológicos de esta visión del mundo, sobre todo en las generaciones que cultivaron esta modalidad de “marxismo oficial” como única y correcta verdad del pensamiento de Marx.