• Caracas (Venezuela)

Juan Barreto

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Juan Barreto

Acción emancipadora del pueblo

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El Estado del que hablamos supone un espacio alternativo de construcción de una ciudadanía otra, partícipe y activa, espacio donde no haya distancia entre la potencia creadora de la multitud, por una parte, y los discursos institucionales y no institucionales, por otra, donde tenga lugar otra habla y, si es preciso, otra lengua como soporte de nuevas prácticas, para ir hacia la metamorfosis.

Todo ello implica la diferencia que construye la nueva hegemonía de la cultura constituyente, donde otra habla y otra lengua hagan posible el otro Estado. ¿Tarea imposible? Bien valdría la pena, en términos estético-políticos, la apuesta ética, para seguir siendo fieles a una postura revolucionariamente realista, en los términos de aquel Mayo Francés del 68, aspirando a lo imposible.

Desde esta perspectiva, se apuesta a que lo político se fortalezca mediante referentes concebidos desde la nueva subjetividad del poder constituyente, que permitirían pensar la política, pensar el Estado y, sobretodo, pensar el mercado desde lo social. Es decir, desde un cuerpo de problemas comunes a otra civilidad, cruzados por la necesidad democrática de la formación de una voluntad política que haga cuerpo en la cultura cívica como práctica cotidiana de un nuevo arte de vivir.

Haciendo énfasis en la construcción de una democracia sustentada en la diversidad y el disenso creador de nuevas formas de socialidad, de nuevas formas de compartir juntos, desde una nueva generación de valores que haga coincidir principios y prácticas revolucionarias, todos los días, lo que significa siempre nueva institucionalidad desburocratizada, refundada una y otra vez.

Se trata de hacerse cargo de las irresolubles e irreductibles diferencias y tensiones que atraviesan la forma de vivir juntos y romper con la mitología de la comunidad idéntica a sí misma. Lo que invita a escarbar en una idea de comunidad amigable que pueda leer lo posible y lo imposible, construyendo el devenir como reivindicación de la potencia, como interrupción del mito asociado al pensamiento de lo Uno, a favor de la irreductible pluralidad.

De allí nuestra apuesta por la vida, y llevar al pueblo al poder, transformando radicalmente las estructuras del Estado burgués, desde la expresión política de cientos de colectivos y organizaciones de bases que conforman la plataforma electoral Redes, por la unidad latinoamericana, por nuestra madre tierra, por un mundo de justicia, felicidad y paz, por el porvenir socialista de nuestra nación.

En este sentido, y en los tiempos que corren, el teórico político argentino Ernesto Laclau subraya la capacidad del pueblo para constituir una potencia política que organice y estructure una hegemonía, y motorice los grandes cambios sociales.

Para él Venezuela es un buen ejemplo de una doble direccionalidad: este pueblo combina la dimensión vertical, que es la influencia sobre el Estado, y la dimensión horizontal, que es el desarrollo de la protesta y construcción social. Laclau considera que la no unilateralización de ninguna de estas dos dimensiones es lo que permite la construcción de formas estatales nuevas, que no es simplemente la oposición completa al poder del Estado, sino la posibilidad de consecución de objetivos que potencien la acción política emancipadora del pueblo.