• Caracas (Venezuela)

José Rafael Revenga

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José Rafael Revenga

¿Lula presidente en 2018?

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A las 48 horas del  marginal pero definitivo triunfo reelectoral del 26 de octubre, la presidenta Dilma Rousseff se reúne con su predecesor y mentor el expresidente Lula da Silva (2003-2010). Más allá de la celebración justificada por parte de ambos, la ocasión sirve de plataforma de lanzamiento de una nueva -sería la tercera- candidatura presidencial de Lula para octubre del 2018.

Si bien en muchos sentidos el anuncio no deja de ser prematuro, lo impone la circunstancia de la previsión de lo que ha de ser un desempeño de alta precariedad por parte de Dilma en su gestión gubernamental durante los próximos cuatro años.

Es decir, el comandante supremo del Partido de los Trabajadores (PT) debe considerar que la única vía para que el partido retenga el poder en 2018, y continuar su trayectoria de cuatro, es lanzar, de nuevo, su popular candidatura. 

De lo contrario, se produciría un cataclismo en la conducción de la nación la cual seguramente recaería en las manos de Aecio Neves, derrotado por solo tres puntos después de haber superado una brecha de más de 20 puntos al inicio de la campaña.

Los mismos resultados de la votación del 26 de octubre retratan la fuerza de los vectores opuestos a Dilma: el margen de la victoria fue Dilma con 51,6% vs Neves con 48,4%.

Los resultados fácilmente hubieran podido ser adversos para Dilma si Lula no hubiera decidido avalar a la candidata en la recta final.

El retrato electoral del estado de Sao Paulo con la quinta parte de la población total del país y responsable de la tercera parte de la actividad económica, refuerza la tesis de un apoyo a Dilma concentrado en los estados empobrecidos del norte del noreste. Por ahora, no he encontrado explicación para la derrota de Neves (Dilma: 52,4%; Neves: 47,6% ) en el estado de Minas Gerais -el segundo más importante- del cual él fue gobernador de 2003 a 2010 y el cual tiene un perfil socioeconómico similar al de Sao Paulo.

La misma dirigencia del PT apoya a Lula para intervenir con mayor fuerza en la gestión de la presidenta y así evitar la repetición  de errores graves entre ellos la escasa comunicación entre el PT y Dilma en relación al manejo de la economía y, en especial, a la imposición de nuevos impuestos. La designación del nuevo Ministro de Hacienda será el indicador de la existencia de un consenso entre la dirigencia partidista y la Presidenta.

El actual funcionario Guido Mantega, responsable de la alta inflación (6,7% anual) y de la pérdida del valor del real, ha intentado vender la interpretación que los resultados  demuestran que la población esta aprobando la política económica mientras la tasa de crecimiento de la economía se ha reducido de 4% interanual en los anos de Lula a un magro 0,3%  durante 2014.

La directiva del PT ha hecho saber que en sus ojos la política social fue la razón por la cual se obtuvo el triunfo pero ahora se imponen reformas de estímulo para la actividad industrial y para recuperar el ritmo de las inversiones. El nuevo ministro será designado antes de finales del año y la decisión correspondiente indicará el grado de influencia de Lula sobre su discípula.

Las dificultades económicas y fiscales no son las únicas prevalecientes en la actual situación brasileña. La violencia parece estar fuera de control. Por ejemplo, hace unos diez días un grupo de la facción criminal ADA (Amigos dos Amigos)

Dilma parece reconocer el dilema en que se encuentra su "modelo": mantener y aumentar el éxodo de decenas de millones de brasileños cuyas vidas están entrampadas en la pobreza; responder a las aspiraciones crecientes de quienes han sido promovidos fuera del primer anillo de la pobreza y generar confianza en un manejo menos intervencionista de la economía para recuperar el ritmo de crecimiento de hasta de 7% interanual de la "era Lula":

"Sé que me están enviando a la presidencia de nuevo para llevar a cabo los grandes cambios que la sociedad Brasilera requiere. Quiero ser una mucho mejor presidenta de lo que he sido hasta ahora".

"La gran palabra en estos momentos es el diálogo -diálogo con todas las fuerzas sociales, con los productores de todos los segmentos, agricultura, servicios financieros...Tenemos un compromiso de garantizar que tengamos un país más moderno, más incluyente  y más productivo".

El recién electo senador Fernando Collor lo dice en menos palabras:

"Al reasumir el poder será hora que la presidenta procese con el sentido de la realidad de la población, sin retóricas de ocasión ni magia política".

Lula no ha perdido ni tiempo ni la oportunidad en reunirse con los caciques del PT para analizar los errores de las campañas tanto de Dilma como la del ex-ministro Alejandro Padilha en su esfuerzo fracasado por la gobernación del estado de Sao Paulo.

Dilma no estuvo presente en el encuentro en el cual el presidente del PT, Rui Falco,  propuso abiertamente la candidatura presidencial de Lula para octubre del 2018 como única garantía para retener el poder después de lo que será una gobernabilidad muy cuestionada y conflictiva de parte de Dilma.

A raíz de la reciente elección, Dilma no controla la mayoría del Congreso Nacional fraccionado en 28 partidos políticos. El presidente de la Cámara de Diputados, Henrique Eduardo Alves declaró:

 "Dilma tiene que tener mucho cuidado para que mañana no haya una crisis. Ahora tiene que calzar las sandalias de la humildad".

En la primera semana después de su victoria, la presidenta Dilma recibe una primera lección en el ejercicio de la humildad política  de parte del Congreso Nacional al ser derrotado su "decreto bolivariano" destinado a crear consejos populares en los organismos oficiales.