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José Rafael Revenga

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José Rafael Revenga

Grecia vs Alemania: la nueva izquierda vs la austeridad

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Un joven (40 años) dirigente político griego, Alexis Tsipras, y su partido Syriza (Coalición de la Izquierda Radical), tienen el diseño, y quizás el potencial, de poner en jaque al modelo de austeridad para la Unión Europea promovido por la Canciller Angela Merkel de Alemania. El nuevo primer ministro, a partir de las elecciones del pasado domingo 25/06 está dispuesto a correr el riesgo de fraccionar a la misma Eurozona.

La mayoría en el Parlamento

A raíz de la victoria determinante de Tsipras con 149 escaños de un total de 300 –sin conseguir la mayoría neta de 151 diputados– en las elecciones del pasado domingo 25/01 sobre su contrincante, el primer ministro Antonis Samparas del partido Nueva Democracia, los estrategas del mundo financiero europeo –principalmente el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo (BCE) y la Comisión Europea– y de las principales instituciones financieras mundiales focalizan todo su empeño en prospectar la ruta a acorto plazo que asumirá el nuevo gobierno.

Los  resultados oficiales son Syriza: 36,34%; Nueva Democracia: 27,81%. El resto se distribuye entre 5 partidos entre ellos el derechista Griegos Independientes el cual forma coalición con el ganador para añadirle 13 escaños y por consiguiente, le permite obtener la mayoría en la Asamblea con 162 de 300 diputados.

La primera reunión institucional en base a los ministros de finanzas europeos tuvo lugar en Bruselas el lunes 25 y martes 26 inmediatamente después del resultado electoral.

Las posiciones antagónicas

Samparas, ganador en las elecciones del 2012, condujo su campaña electoral advirtiendo las amenazas que representaría la victoria del iconoclasta Tsipras:

“Nos conducirá al punto en donde tengamos que pedir préstamos de nuevo. Syriza no va  a cambiar a Europa pero si lograra que Europa se vuelque contra Grecia…El BCE nos cortará toda liquidez como ocurrió con Chipre...Sería un suicidio nacional”.

Frente a esas acusaciones Tsipras estructuró su mensaje binario al enfatizar:

“El futuro de Europa no está en la austeridad sino en la dignidad y la cohesión… La deuda nacional no solo es insoportable, objetivamente no puede ser repagada. No tendremos un colapso catastrófico ni tampoco aceptaremos seguir de rodillas”.

A pesar de la bipolaridad de los pronunciamientos políticos, hay una zona de negociación posible cuya eficacia deberá confirmarse antes del próximo verano. El partido Syriza acoge en su dirección a un grupo importante de “pragmáticos” los cuales, ya distanciados de la contienda electoral, insistirán en una negociación a fin de mantener a Grecia dentro de la Eurozona a pesar de eliminar buena parte de la austeridad impuesta a fin que “los griegos puedan respirar”.

El fracaso de la austeridad

Las negociaciones no serán fáciles y se puede conjeturar que en los próximos seis meses en varias ocasiones las dos partes encontradas estarán al borde de la ruptura o mismo se cancelaran.

Por ejemplo, un miembro del directorio del BCE abrió fuego el lunes 25/01 al declarar:

“Está absolutamente claro que nosotros no podemos aprobar ninguna reducción de la deuda que afectaría los títulos griegos en posesión del BCE. Eso es imposible por razones jurídicas”.

En cifras, el BCE posee 27,2 millardos de euros en papeles negociables de la deuda helénica. De esas obligaciones, se vencen 3,5 millardos de euros el 20/07 y una cantidad igual en agosto. Tsipras tendrá que decidir si cumple con la obligación lo cual depende del progreso en las negociaciones por realizarse durante los próximos cinco meses.

El primer ministro saliente, Antonis Samparas` concluyó un pacto con la troika multilateral para reestructurar la deuda soberana de 320 millardos de euros lo cual le obligo a imponer una austeridad basada en el recorte del gasto público y el control de las gigantescas evasiones de los diversos impuestos.

Para muchos griegos el modelo los ha hundido en una nueva o mayor miseria a raíz del despido de 150.000 empleados públicos y la reducción del salario mínimo en un 22%.

Los datos son espeluznantes para una nación que ha estado varios años bajo la tutela de la tripartita un millón trescientos mil personas, o sea el 28% de la fuerza de trabajo, se encuentran desempleadas; el poder de compra ha disminuido en casi 40% en los últimos cinco años y un 32% por debajo del umbral de la pobreza. Para colmo, una tercera parte de la población carece de seguro social. En total, Grecia ha perdido un 25% del valor de su PIB para el 2008.

El programa de gobierno de Tsipras insiste sobre el apoyo a los menos favorecidos entre los cuales están 230.000 hogares que sufrieron el corte de sus servicios de agua y electricidad en 2013 por no poder pagar sus consumos.

La debilidad del euro

El proceso que sacude a Grecia coincide con una debilidad profunda de la Eurozona –manifestada por la reciente devaluación del euro frente al dólar– la cual Mario Draghi, presidente del BCE, trata de aliviar mediante la emisión mensual de 50 millardos de euros para comprar papeles emitidos por la banca oficial de las naciones europeas. El programa de rescate de emergencia fue presentado el 22/01 en Frankfurt y se extiende hasta el 2016.

La troika supervisora –integrada por representantes del Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el BCE– aprobó la entrega de 110 miles de millones de euros a Grecia en mayo del 2010 para evitar su bancarrota y el efecto de contagio sobre Irlanda, Portugal, España e Italia.

La gigantesca ayuda fue insuficiente debido al ocultamiento por parte del gobierno de las cifras reales de la crisis. En el 2012, a partir de la victoria de Samparas y de su partido Nueva Democracia, la troika se vio obligada a entregar otros 130 miles de millones de euros con la contrapartida de un estricto régimen de austeridad fiscal.

Las elecciones griegas coincidieron, no felizmente, con el anuncio del BCE de inundar con el equivalente de 1,2 billones de dólares la oferta para la compra de papeles emitidos por los 19 miembros de la Eurozona para frenar el retroceso económico de varios países en contracción acelerada incluida Francia.

El euro cayó el mismo domingo 25/01 del 2015 a un valor de 1,1169 dólares impensable hace pocos meses y el más bajo desde el 2009.

El manejo para preservar la estabilidad del euro y a la vez frenar el poco estudiado y mal comprendido proceso de deflación en el cual los precios de bienes y servicios entran en un descenso en espiral, desafían el acierto de los más competentes economistas y ministros de finanzas europeos. Por ejemplo, en España en diciembre pasado los precios declinaron en 1,1% en comparación con un año antes. La caída fue la sexta en meses sucesivos.

Los tiempos apremian

Dentro de este contexto, Tsipras tiene que lograr ejecutar un triple salto: renegociar la deuda, ampliar los programas de alto impacto social y obtener nuevos fondos. Su mensaje no se dirige solo a los griegos. Tal como lo dijo en su discurso al conocer los resultados finales:

“Es una victoria para toda la gente de Europa que luchan contra la austeridad que está arruinando el futuro común de Europa”.

El proceso de la búsqueda de una solución parcial y progresiva con los acreedores debe iniciarse ya debido a que los fondos de rescate que ha recibido Grecia desde el 2012 se agotan a finales de este mes. Seguramente ambas partes intentarán acordar un breve puente por varias semanas mientras encaran las condiciones de la negociación.

Tsiparas puede optar por diferir el vencimiento de las obligaciones y, al mismo tiempo, cumplir con sus promesas de reducir impuestos, aumentar el gasto público e incrementar el salario mínimo.

Joseph Stiglitz se pronuncia

Varios economistas de talla mundial, incluyendo al Premio Nobel Joseph Stiglitz, proponen cancelar parte de la deuda para brindarle a Grecia la oportunidad de “un nuevo comienzo”. Los 18 firmantes proponen:

  • un periodo de gracia de hasta 5 años para reanudar los pagos posteriormente solo si la nación supera el 3% de tasa de crecimiento;
  • una reducción de la deuda bilateral con el BCE y
  • el acceso a nuevos créditos para invertirlos en proyectos de exportación.

Europa se ha convertido en un conjunto de naciones sin direccionalidad colectiva, desconectadas de su propia civilización y estremecida por actos terroristas cometidos por sus ciudadanos convertidos al yihadismo, el discurso del nuevo primer ministro griego evoca una resonancia inmediata más allá de sus partidarios afines tales como el movimiento de Podemos capitaneado por Pablo Iglesias en España –quien acompaño a Tsipras el día de cierre de campaña el 22/01– y el italiano Cinco Estrellas liderado por Beppe Grillo en Italia.  

El efecto contagio

La suerte de Grecia genera reverberaciones en toda Europa, principalmente en España dada la amistad entre Pablo Iglesias, secretario general de Podemos y Alexis Tsipras.

No obstante no hay que esperar ninguna coalición entre ambos partidos a pesar de la presentación pública de Iglesias en el cierre de la campana de Tsipras. Tampoco hay que esperar ninguna imitación de las recetas operacionales. Dicho eso, ambos dirigentes, sus seguidores y el corazón de los mensajes si crearan de manera convergente una atmosfera de rechazo a Alemania y a la política de austeridad que intenta imponer en toda la Eurozona. Iglesias lo expreso así:

“Los griegos van a tener un Gobierno griego por fin y no un delegado de Angela Merkel”.

El impacto de un default por parte de Grecia será potencialmente más psicológico que financiero sobre la estructura de la Eurozona.  La pertenencia a la organización ya no sería considerada como “irrevocable” sino “transitoria” y el efecto contagio atemorizaría a los prestamistas oficiales. Además, añadiría a la vulnerabilidad del euro.

El economista jefe de Syriza, Euclid Tsakalotos, declaró a principios de semana a la BBC:

“Si Grecia cae y es removida de la Eurozona – la Eurozona colapsará. Dijimos desde un principio que la Eurozona peligra, pero no por culpa de Syriza… está en peligro por las mismas políticas de austeridad”.

Habrá una línea muy delgada por cruzar entre la negociación y la confrontación. Tsipras menciona que su nuevo gobierno “estará listo para cooperar y negociar por la primera vez con sus pares una solución viable, justa y mutuamente beneficiosa”. El lenguaje diplomático es conocido por su ambigüedad y oportunismo. Si bien la declaración deja una rendija abierta, ella es bien angosta.

El Fondo Monetario Internacional no tardó en dar a conocer sus criterios. Su directora ejecutiva, Christine Lagarde, dio a conocer su posición el lunes 26/01:

“Hay reglas internas de la Eurozona que Grecia debe respetar. No podemos establecer categorías especiales para tal o tal país”.

Lo que está en juego en el caso griego se extiende a una coincidencia emergente entre los partidos de extrema izquierda y los de extrema derecha en Europa. Es decir un nacionalismo duro.

Grecia vs Alemania

El conflicto no es tanto el de Grecia contra la Eurozona sino de Grecia contra Alemania a la cual le debe casi 70 millardos de euros recibidos como parte del ya agotado “paquete de rescate”. La cancillera Merkel insiste en un programa de austeridad para toda la Unión Europa como salida del decrecimiento, del desempleo estructural y de la deflación que impacta a varias de las economías más importantes de la Eurozona.

En sus primeros días de gobierno transcurridos la semana del 26/01 el nuevo primer ministro ha revertido las líneas principales del plan impuesto por la troika. Se propone reincorporar a 300.000 empleados públicos, elevar los sueldos mínimos, cancelar las privatizaciones de las empresas.

Dichas medidas representan un desafío directo e inmediato a las políticas financieras conservadoras no solo de Alemania sino de las influyentes Holanda y Finlandia.

Otras naciones se oponen a cualquier flexibilización con respecto a una quita o recorte de la deuda griega al tener en cuenta que se han visto obligadas a someterse a la estricta dieta alemana. Entre estas se ubican España –a la cual  Grecia le adeuda casi 30 millardos de euros– Portugal e Irlanda.

El talón de Aquiles de Tsipras es su coalición con su nuevo socio en el gobierno –los Griegos Independientes (ANEL)– el cual comparte la postura antiausteridad pero se encuentra a las antípodas al considerarse un partido de extrema derecha. Los trece escaños aportados que le permitieron s Syriza configurar una mayoría neta en la Asamblea pudieran evaporarse a muy corto plazo lo cual obligaría a fijar la fecha de un nuevo proceso electoral. Esto sería la antesala del caos pues la única fuerza que puede aglutinar la mayoría de la opinión y de la fuerza política es la nueva izquierda.

La complejidad reina en el tablero

Una de las novedades generadas por el triunfo de Syriza es un acercamiento acelerado de Grecia con la Federación Rusa la cual es su mayor proveedor de gas. Grecia no aprueba las sanciones de la Unión Europea contra Rusia debido a su presencia en Ucrania. Esta dinámica amalgamaría la dimisión netamente financiera con una política casi-militar. El  nuevo canciller es bien conocido por ser filorruso. Además, no es descartable que Grecia no solo se salga de la Eurozona sino que pudiera abandonar a la OTAN y ofrecerle a Rusia el manjar de bases navales en el Mediterráneo.

El campo de maniobrabilidad a la disposición de Tsipras incluye la reducción de la deuda o en todo caso la extensión de los plazos de pago. A pesar de las declaraciones radicales de los entes multilaterales debe existir un margen de flexibilidad para ejercer esta opción. Si esta fracasara, Tsipras puede optar por no pagar pero sin retirarse de la Eurozona.

Europa agoniza; Grecia nace

La última opción es la de una confrontación abierta cuyos desenlaces son imprevisibles a raíz de un cúmulo de sanciones las cuales serían impuestas por la tecnocrática “euroburocracia”. Al mismo tiempo, el virus del impago se inyectaría no solo en las naciones del Mediterráneo Norte sino en la propia Gran Bretaña antes del cierre del 2015. El euro quedaría volatilizado.

El peor de los desenlaces se evitaría si algunos importantes actores conciliatorios logran su propósito. Por ejemplo, el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz se reunió la semana pasada en Atenas con Alexis Tsipras. La atmósfera de la reunión fue altamente positiva y el nuevo primer ministro presentó un detallado plan para controlar la generalizada evasión impositiva. Tsipras comentó:

“Estamos negociando con nuestros socios europeos para garantizar que encontremos una solución mutuamente aceptable”.

A pesar de algunas buenas intenciones, el proceso conciliatorio puede atascarse por factores externos que precipitarían la debacle de las finanzas helénicas empezando por la iliquidez bancaria dado que a partir de diciembre el retiro de los depósitos alcanza la cifra de 14 millardos de euros. Por ejemplo, la agencia calificadora internacional Fitch alertó que de no llegarse a un acuerdo antes del próximo 15/05, procedería a degradar su indicador sobre la salud de la economía griega.

Grecia no se encuentra sola en este combate espartano. El presidente de Francia, Francois Hollande celebró con entusiasmo el triunfo de Syriza al verlo como un aliado en su propia lucha contra las imposiciones fiscales impuestas por la Comisión Europea. Lo mismo hizo Marine Le Pen líder del derechista Frente Nacional.

En fin de cuentas, el ideal romántico de una unidad supranacional europea expresada en una moneda común puede venirse abajo si deja fuera a Grecia, cuna de Europa.