• Caracas (Venezuela)

José Rafael Herrera

Al instante

Para la crítica del ideal del “pana”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En sus Cogitata Metaphisica, el nunca lo suficientemente alabado Baruch Spinoza antecedió a Hegel y a Marx en una de las más importantes contribuciones hechas a la historia del pensamiento filosófico, especialmente a propósito de la relación entre la esencia y la existencia. En efecto, mucho antes de que Marx en La sagrada familia vindicara a Hegel, más allá de las disputas escolásticas propias de los jóvenes hegelianos (Die heilige familie, precisamente), y de que Hegel, en la Enciclopedia de las ciencias filosóficas, denunciara las distinciones propias de la reflexión kantiana del entendimiento, ya en sus tempranas Cogitata o Pensamientos, Spinoza había aclarado las “dificultades” de la metafísica, relativas al ser y sus afecciones.

Como se sabe, y con el propósito de rebatir el sustancialismo de cierto discípulo de Hegel, Marx  afirma: “Cuando, partiendo de las manzanas, las peras y las fresas reales, me formo la representación general de ‘fruta’, y me imagino que mi representación abstracta, ‘la fruta’, obtenida de las frutas reales, es el verdadero ser de la pera, la manzana, etc., explico –especulativamente hablando– ‘la fruta’ como la ‘sustancia’ de la pera, la manzana, la almendra, etc.”. Un ejemplo, por cierto, que Marx tomó del propio Hegel: “Lo universal, tomado formalmente, es puesto junto a lo particular, y se convierte, él mismo, en algo particular, como si, por ejemplo, una persona pidiese fruta y rechazase ciruelas, peras, uvas, etc., porque son ciruelas, peras, pero no fruta”.

No son pocas las personas que considerarán este tipo de “ejercicios” conceptuales como vanas y hasta inservibles cavilaciones, aptas solo para ociosos. Pero ha sido el mismísimo Hegel quien le ha salido al paso a este tipo de prejuiciosos apresuramientos: “El bárbaro se asombra cuando escucha que el cuadrado de la hipotenusa debe ser igual a la suma de los cuadrados de los catetos. Él cree que también podría ser de otro modo, tiene miedo especialmente del intelecto y se queda en la intuición”. En realidad, lejos de ser estos vanos e inútiles pensamientos, permiten comprender adecuadamente la relación de los hombres con su entorno, tanto con el natural como con el social y cultural, a los efectos de capacitarse y poder sorprender las falsas pretensiones de quienes han colocado un velo sobre la realidad y sobre su pensamiento, a fin de manipularla y manipularlo, sometiéndolos, es decir, haciéndolos “extraños”, ajenos el uno del otro.

En sus Cogitata ya Spinoza había dado cuenta de estas indiscriminadas e interesadas manipulaciones a las que no pocos viven sometidos, cual presas fáciles de la dominación de la voluntad y del sometimiento del espíritu. Para él, la diferencia entre la “verdad pura” y la “idea verdadera” solo puede tener esta respuesta: “Los que se pregunten qué es la verdad fuera de la idea verdadera, que se pregunten también qué es la blancura fuera de un cuerpo blanco, porque es el mismo género de relación”. Da lo mismo la “fruta” o la “blancura”. No hay en ello más que una inadecuación de la esencia con la existencia. Y es eso, por cierto, lo que sucede entre nuestra idea del “pana” y “el pana”, entre el “pana” real, el ser del “pana” y su “ficción” hipostática.

El mismo Spinoza –de nuevo, en las Cogitata– indica el camino que conviene transitar, a objeto de aclarar las cosas: “Comencemos por el significado de las palabras. Pero como las palabras las halló primeramente el vulgo y luego las usaron los filósofos, corresponde que el que busca el significado principal de una palabra se pregunte qué significó originalmente para el vulgo”. La palabra “pana” tiene su origen en el noroeste de la ciudad de Caracas durante los años sesenta. Se decía, entre las buenas gentes caraqueñas de Catia y La Pastora –lo que con el tiempo se iría extendiendo por todo el país, e incluso allende sus fronteras– que este o aquel vecino era tan bueno como el pan. Y, por supuesto, una persona espléndida, de un talante superior, de conducta intachable, era más que un pan: era análogo con toda una panadería. Y es justamente de la contracción de la palabra pana-dería de donde proviene el popular “pana”, del cual, como se verá –sobre todo en los últimos tiempos–, frecuentemente se hace uso y abuso.

Que el presidente de un país en ruinas, violento, devaluado, reprimido, censurado y con el mayor de los índices de pobreza crítica en su haber histórico sea el responsable de afirmar en cadena nacional que en ese país, en el pasado, había ranchos, que la gente no tenía cómo alimentarse, que no había ni hospitales ni universidades y que no existía el Metro, hasta que su gobierno y el de Galáctico tuvieron a bien dar solución a todos esos graves problemas, es un claro ejemplo de lo que el autor de estas líneas quiere poner de relieve con el particular devenir del significado de la expresión pana, que ocupa su interés, por el momento.

Simple cuestión de inadecuación de la esencia y la existencia. Diferencia sustantiva del decir y el ser. La idea adecua sujeto y objeto. El ideal, en cambio, crea tal grado de ficción que logra hacer pasar la representación especular de la cosa por la cosa misma. Hay regímenes especialistas en convertir las apariencias en realidades. El buen hombre que semejaba toda una panadería, el “pana” de otros tiempos, se esfumó, quedó enterrado en el pasado de una ciudad que alguna vez se caracterizó por su afable cordialidad. Soy historia lleva por título un conocido film protagonizado por Will Smith. Aquel pana no es más que la sombra en la profundidad de la caverna del malhechor de hoy. Tómese en cuenta el hecho de que en griego clásico “pan” quiere decir “todo”.

A la luz de las líneas anteriores, cabe preguntarse si, bajo el imperio de la malandritud real, no será el ideal del “pana” otra cosa que eso: un ideal que nombra, que designa lo otro de lo que efectivamente es, es decir, lo opuesto de lo que dice ser. ¿Acaso puede llamársele “pana” o “panita” al delincuente que asalta y le quita la vida a un ciudadano? Y, sin embargo, así se les dice hoy y así se autodenominan: “panas” (¡!). En todo caso, conviene pensar en que la misma fuerza intencional por determinar lo que no se es termina poniendo en evidencia, precisamente, lo que se es, a saber: la propia negación de su ser.  

@jrherreraucv