• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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Triadas

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Es ley de vida que todos los ríos desemboquen, en una especie ritual de muerte, en otros ríos, en lagos, que a su vez tienen desaguaderos y en el mar. El cauce político venezolano comienza la semana con hechos esperados, aunque para algunos con asombro y como consecuencia de procesos preestablecidos. Lo que no impide que la interpretación de los mismos esté revestida de elementos contradictorios, antagónicos.

La vocera oficial –por “oficialista” y subalterna del Poder Ejecutivo– del CNE anunció el lunes 22 la fecha de las elecciones parlamentarias. Nuestro organismo, dijo, “no obedece a presiones de ningún tipo”. Previamente, el domingo 21, José Vicente Rangel afirmó: “No me explico por qué el CNE no acaba de anunciar la fecha electoral”. El martes 23, Leopoldo López manifestó la suspensión de su huelga de hambre; ordenando a los que aún persisten en ella, que la suspendan también. Proclamándose triunfador, en razón de que la fecha electoral fue conocida oficialmente. Tres hechos con interpretaciones distintas. Para la ministra de asuntos electorales del régimen la mención del día demostró que es “autónoma” y que no obedece presiones, ¿quizás a meros caprichos fríamente calculados? Rangel, a su vez, asume que su admonición dominical fue debidamente acatada –en Miraflores, Capitolio y sede del CNE– y que su peso político como oráculo y asesor del régimen se renovó con nuevos bríos. Por último, el señor López y su partido reivindican como una victoria épica la huelga de hambre acometida, porque el gobierno reculó ante la presión ejercida por su acto y no como una concesión gratuita, al señalar lo que por obligación ese oscuro ministerio electoral ha debido haber hecho, evitando la zozobra causada. En el ínterin, durante dos meses, la oposición organizada y casi muda se dedicó con exclusividad a pedir, casi como un favor, lo que por derecho correspondía, manteniendo a la ciudadanía en una especie de inmovilidad frustrante. ¿El típico trapo rojo para que toros incautos embistan?

¿Quién tiene la razón? Lucubremos: ¿Se la daremos al CNE?, en virtud de que este es un poder autónomo que no se deja presionar por nadie. ¿JVR efectivamente ejerce un influjo importante en las decisiones del cogollo oficial? ¿In Péctore conserva la ilusión de presidir un eventual proceso de transición al estilo de Ramón J. Velásquez? ¿Es un triunfo de VP y de su máximo dirigente al “arrinconar” al régimen obligándolo a ceder ante la presión de la huelga? He visto en las redes la fotografía de López con la banda presidencial terciada. ¿Este es el libreto y por ahí van los tiros?

Los hechos narrados, a su vez, configuran con exactitud el destino común donde se va a dirimir la crisis: ¡En la calle! Tres opciones a saber: el presidente de la república –para variar, en un acto proselitista efectuado en sede teatral, con medios del Estado y haciendo gala del ventajismo oficial y peculado de uso instaurado desde hace más de tres décadas– afirmó, paladinamente, que si la oposición triunfa el 6 de diciembre, el irá a la calle. ¿A qué? Por su parte, los teóricos y estrategas de la MUD, así como los otros grupos postulantes de candidatos a diputados, han señalado que la razón fundamental de participar en esta tortuosa elección se debe a que la eventual nueva mayoría parlamentaria será la única responsable de resolver la crisis obligando al gobierno a rectificar. Estos crédulos; seguidamente, a sotto voce, abren la posibilidad de que se recurra a la calle, como un alibí; luego de consolidada la inefable trampa, para protestar y reivindicar el triunfo. Aunque otros ya especulan, seguramente prolongando la agonía, diseñar una nueva celebración del referéndum revocatorio –constitucionalmente procede, por estar a mitad del periodo– con el mismo CNE y los demás poderes públicos que padecemos.

En lo particular coincido en la apreciación de que es fuera de casa donde se va a jugar un papel preponderante para la resolución definitiva de la crisis nacional. He venido planteando la necesidad de participar en este proceso. No para postular candidatos que luego serán desconocidos o defenestrados en el trapiche instaurado por el TSJ y la FGR. La participación consistiría en la utilización de todos los medios lícitos de lucha de masas para desmontar el fraude electoral que se consumará en la madrugada del 7 de diciembre. Esta movilización popular deberá estar aderezada con todos los ingredientes del descontento popular: alto costo de la vida, desabastecimiento, inseguridad personal y jurídica y la conculcación de la mayoría de los derechos políticos por parte del régimen. Luego, el domingo 6 de diciembre, hacer la habitual cola y votar nulo, sin abandonar la calle.

En la mayoría de mis artículos he tratado de señalar algunos sucesos históricos acaecidos en otras épocas y circunstancias. En esta ocasión me permitiré, por vía del subjetivismo, especificar mi renuencia a endosar mi voto de la misma manera como lo hice en la pasada elección parlamentaria. En aquella ocasión la voluntad popular fue manipulada: la oposición con mayor número de votos obtuvo menos diputados, en virtud de la torticera adecuación de los llamados circuitos electorales. Cedí, en cabal uso de mi consciencia, que los candidatos por quienes voté fueran escogidos por PJ, AD, UNT, Copei etc. Mi voto –Baruta, estado Miranda– llevó a la Asamblea Nacional a dos tránsfugas: William Ojeda y Ricardo Sánchez. La señora MCM fue víctima de la “justicia revolucionaria” y se le despojó de su investidura; luego de iniciar prematuramente su frustrada carrera presidencial. El diputado Enrique Mendoza encabezó la lista y tiene el récord nada envidiable de inasistencias. No recuerdo ninguna intervención suya resaltante. Voté también para que un diputado de AD (socialdemócrata) brincara bribonamente de talanquera –no para el gobierno– sino, con incuestionable falta de ética, para PJ. (No creo haber escuchado en la declaratoria de principios de esta organización su denominación como partido socialista o socialdemócrata). Es decir, el mismo cogollo que designó a aquellos diputados, es igual al que acaba de investir a los actuales. Indudablemente tienen “culpa in eligendo” y solo les preocupa la preponderancia de sus intereses subalternos. El periodo parlamentario que finaliza este año sirvió exclusivamente para aparentar que disfrutamos de una sinuosa “democracia”; sobre todo a nivel internacional, que no es tal. Ahora –entre gallos y medianoche– aflora la nueva maniobra del CNE con la instauración de porcentajes establecidos por el género de los aspirantes, ¿burladoras burlando?, que seguramente recibirá el tradicional espaldarazo por parte de la Sala Constitucional del TSJ, por si acaso a alguien se le ocurre recurrir el írrito acto.

Las hallacas que comeremos –si se consiguen los ingredientes y se tiene con qué pagarlos– en diciembre seguramente nos ocasionarán todo tipo de malestares e indisposiciones. Las Navidades y el nuevo año estaremos en la calle. Los realmente derrotados, pretendiendo a lo Jalisco, con demagogia y  con el ya menguado odio clasista de rigor, estableciendo la usual presión con el  terror de las turbas –de milicos y colectivos armados– para intentar perpetuarse en el poder. También estarán en la calle protestando cívicamente los votantes mudistas de buena fe. Ojalá que en esta ocasión no se dejen deslumbrar nuevamente con cantos de sirenas para intentar recolección de firmas revocatorias, dándole continuidad al sainete. Yo estaré también en la vía pública junto a los que decidimos votar nulo, para demostrar, una vez más, la ilegitimidad del régimen, reivindicando la vigencia plena de la carta magna. Solo abrigo el deseo de que la anunciada vigilia, activa, pacífica, constitucional y democrática, enrostrando el fraude y la consecuente ilegitimidad, no se dirima definitivamente de manera cruenta.

 

cheye@cantv.net

@CheyeJR