• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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Sueños

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Mi mente, en los últimos tiempos con matiz onírica (crisis nacional: constitucional, política, económica y social) tiene un pensamiento recurrente. En el mundo extraño y alucinante de las ensoñaciones veo: viejas osamentas que reposan confundidas en el viejo cementerio de El Cardonal, en Ciudad Bolívar, han cedido espacio para que una de ellas se abra paso e irrumpa abruptamente. La del ilustre y glorioso militar siempre victorioso, revestido aún con aura procera indiscutible, arrollando como siempre, haciendo historia, doscientos años después.

El general en jefe Manuel Carlos Piar diseñó y ejecutó un temerario plan bélico para la restauración territorial de Guayana. Al igual que en 1816 y 1817, ponderó nuevamente, quizás ratificando de esta manera su condición de ser el más lúcido estratega militar de la gesta independentista, que ese territorio es baluarte indivisible para la consolidación de la república. Al igual que en aquella ocasión, voces agoreras calificaban la acción como ilusa, imprudente y fuera de lugar. A pesar de ello procedió sin más demora, sobre la marcha, a recuperar nuevamente el territorio que bajo su espada y producto de su genial estrategia ya había liberado en 1817.

Para ello aceptó, como es debido, el nombramiento de “general de Ejército”, subordinándose al poder civil, republicanamente constituido. Todo de acuerdo con la normativa constitucional vigente. A la cabeza del cuerpo bajo su mando, con todos los componentes clásicos: Ejército, Armada, Aviación Militar y Guardia Nacional. Con los bríos característicos de siempre, además de su impar audacia, procedió a la cabeza de la Brigada de Selva del Ejército a penetrar en el territorio patrio impunemente invadido en 1840. Avanzó indetenible desde Punta Playa hasta el Cerro Venamo, en su extremo oeste, siguiendo en línea recta, cruzando el río Mazaruni hasta el margen oeste del río Esequibo, un poco más al sur de la población Gisnopseu. En impecable operación tenaza. Simultáneamente, en maniobra armónica, una brigada de infantería de marina, embarcada en la isla de Anacoco, había emprendido épica marcha por ese flanco. Navegando por el río Cuyuní, hasta el río Mazaruni, en recorrido en forma de herradura, estableciendo dominio territorial pleno en toda la zona central. En la senda del río Mazaruni se establecieron apoyos logísticos a cargo de diversas compañías de la Guardia Nacional, con sus unidades navales, aéreas y de selva, en las poblaciones de Camacusa, Oranapai, Enachu, Camarán, Misión Paraima y Bimopai. Partiendo de esta última, siempre navegando a través de los ríos Camarán y río Mazaruni, arropando los poblados Bimopai, Camarán, Guayoclepaluta, Chichi y Amococopay. Ambas avanzadas contaron con la correspondiente cobertura aérea de escuadrones de “caballería motorizada”.

La Armada, por su parte, ejerciendo labor de despeje y de patrullaje exhaustivo atlántico con dos fragatas tipo Lupo, las Mariscal Sucre y Almirante Brión. Ambas en marcha alterna las veinticuatro horas del día, entre Punta Playa y el poblado Aurora, al norte de la desembocadura del río Esequibo, en coordinación plena con dos patrulleros oceánicos, clase “Guaiqueri”. En Aurora, así mismo, se emplazó el 399 Grupo de Artillería Defensa Antiaérea, además de un comando de operaciones especiales conformado por un batallón de paracaidistas, uno de cazadores o caribes, uno de los comandos rurales de la Guardia Nacional y uno del Comando de Operaciones Especiales Generalísimo Francisco de Miranda de la Armada. También con apoyo táctico aéreo de seis aviones Sukhoi en vuelos alternos debidamente programados, cubriendo a cabalidad el mar territorial y la franja terrestre colindante atlántica.

…El Ministerio de Relaciones Exteriores, una vez emprendida la operación, efectuó la notificación formal, a través de las cancillerías respectivas, a las empresas multinacionales que han recibido la licencia de exploración y explotación de hidrocarburos y de minería aurífera en general, con la advertencia de que deben retirar de inmediato las instalaciones y el personal indebidamente asignado en territorio venezolano, donde ejercen la ilegal actividad… ¡al término de la distancia!

…De igual manera se le hizo formal notificación al personal castrense y de inteligencia cubano que aún permanece en instalaciones militares venezolanas, para su repatriación inmediata. Tomando las previsiones del caso para evitar eventuales acciones de saboteo, ya que el apoyo irrestricto del gobierno cubano al gobierno guyanés se ha mantenido inalterable desde hace más de 45 años. Cualquier demora en el acatamiento de esta instrucción la asumió el gobierno venezolano como un acto inamistoso, procediendo de inmediato al desalojo forzoso de esos contingentes armados.

El general Piar estableció en la ciudad de Caridad su cuartel general. Serviría, a su vez, de capital del nuevo estado venezolano, justificando a plenitud la incorporación de la octava estrella decretada por el Libertador en Angostura. Este nuevo estado y su flamante capital recibieron los nombres de estado Piar y de Ciudad Piar, respectivamente, por decisión unánime de la nueva Asamblea Nacional. Convirtiéndose, de esta manera, la nueva sede provincial, en celosa guardiana de la plataforma territorial atlántica venezolana. Se inició también la construcción de un puerto internacional, debidamente interconectado por una eficiente red fluvial, de carretera pertinente y ferrocarrilera.

En la ciudad de Mabaruma, con el apoyo del Sexto Cuerpo de Ingenieros, se procedió a la construcción de una base aérea múltiple que aloja seis –de los nuevos doce– Sukhoi recién adquiridos, además de los Hongdu L-15, unidades de transporte y de la nueva brigada de helicópteros artillados.

Consolidada la primera fase de la operación, calculada prudencialmente en quince días, una nueva División de Infantería, debidamente redimensionada, quedó a cargo del control de esta parte del territorio. Con apoyo complementario de dos batallones de cazadores (o caribes).

Las brigadas de infantería de marina y de selva, ya unificadas, fueron desplegadas al sur. Concentradas en la franja más estrecha del territorio, la que asemeja la cintura, ubicada entre el cerro Uocomurg, en su límite con Brasil y los cerros Curungico, hasta el río Esequibo en su rivera oeste. A finales de octubre, comenzaría el nuevo avance hacia el sur. “¡A carrera mar!”, en esa especie de callejón, hasta llegar a la sierra Mapuera y la línea terrestre que comienza desde la cabecera del río Esequibo, fachada oeste, donde finaliza en territorios de la República Federativa del Brasil y la República Cooperativa de Guyana. Consolidando la posesión y el ejercicio pleno de soberanía sobre la totalidad de los 159.542 kilómetros cuadrados arrebatados impunemente hace casi 2 siglos prevalidos del abusivo poderío imperial británico.

En el terminal Isano, ubicado debajo de la parte más ancha del territorio patrio reclamado, entre el cerro Venamo (sitio donde se interconecta, mediante ramal, con la carretera de la Gran Sabana que comienza en Tumeremo y que culmina en Uaiparu) y la frontera oeste del río Esequibo. En este lugar se dio inicio a la construcción (a cargo del “Sexto Cuerpo de Ingenieros General en Jefe Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho”) de un fuerte que sirve como nueva sede de la División de Selva del Ejército. Dicho fuerte tendrá un apostadero fluvial con una brigada de Infantería de Marina de resguardo que proporcionará la navegación fluida a través del río Mazaruni permitiéndole conectarse con el río Cuyuní. Accediendo, de igual manera, a la navegación por el mismo río hacia el noreste, comenzando el descenso desde su punto más alto en el norte, tomando rumbo suroeste. Estableciendo, de igual manera, un apostadero fluvial en la Misión Paraima. El terminal Isano contará también con una pista de aterrizaje múltiple para unidades de caza y ataque ligero Hongdu L-15 Falcon, transporte y helicópteros artillados y de movilización de efectivos.

Esa congregación impecable de tropas ha respetado a cabalidad el límite natural con el vecino país en su fachada este, sin exceder un milímetro. Desde Punta Playa hasta Aurora, en su primera fase, conservando el dominio atlántico pleno. Extendiéndose siempre al sur, desde la rivera oeste de la desembocadura del río Esequibo en el océano Atlántico, hasta el nacimiento de dicho río. Respetando inalterable su límite natural en el margen oeste fluvial. Prolongando por la frontera terrestre y por los hitos establecidos en las coordenadas de las poblaciones de Roca Danigo, Yogi, Curucurobaibari, hasta llegar al tope, en esa especie de “punta de coma”, con el izamiento incluido de la bandera tricolor de las ocho estrellas. Exactamente en el punto más al sur, donde culmina nuestro original territorio, estableciendo los límites precisos con la República Federativa del Brasil y con la República Cooperativa de Guyana. Poniéndole término a la legítima campaña emprendida para restaurar los derechos conculcados por viejos sueños imperiales caducos, obsoletos y en desuso.

Traspasar la frontera este, allende del río Esequibo por parte de Venezuela, estaría supeditada a las necesarias acciones disuasivas y de autodefensa para neutralizar y repeler la indebida reacción guyanesa –si se produce– ya anunciada reiteradamente por el altanero jefe militar de ese país.

En este álgido e hipotético momento, repicó el timbre del teléfono que me hizo despertar del letargo ocasionado por el reconfortante sueño. Emergiendo del particularísimo estado de vigilia, escuché una voz amiga anunciándome que en el único automercado de Cumbres de Curumo, donde vivo, había llegado papel higiénico, jabón de tocador, harina precocida, café y otros bienes de consumo imprescindibles para sobrevivir con mediana dignidad. Informándome, además, que ya la tradicional poblada de gente extraña a los vecinos había tomado las puertas del establecimiento, incluyendo a muchos clientes militares uniformados, manejando deslumbrantes camionetas, provenientes casi todos de Fuerte Tiuna, generando el inefable “caos organizado” por los actuales gobernantes milicos y civiles que nos expolian y oprimen.

 

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