• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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Soliloquio

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Desde hace muchos años en Venezuela se mantenía la creencia de que los acontecimientos políticos latentes en diciembre tenían que adormecerse en virtud de que las fiestas navideñas y de fin de año se adueñaban de la consciencia social, política y económica de los ciudadanos. En consecuencia –usualmente- a partir del día 15 no era aconsejable efectuar ningún evento de carácter político.

Quienes tienen la responsabilidad de dirigir el proceso político (gobierno y oposición) continúan asumiendo la tesis expuesta. La anhelada paz navideña con el consecuente espíritu de confraternidad no ha sido tal en este año. Ambos coinciden en la creencia de que es preferible ocultar el dramatismo de la Crisis Nacional, aunque cada uno de dichos sectores, ambos organizados, persisten en prepararse, de manera anodina, para lo acontecerá en nuestro país a partir de mañana, con motivo a la instalación de la nueva Asamblea Nacional. .

   El “sainete constitucional” aviesamente preparado por el gobierno nacional ha dado el último coletazo de fin de año: La Sala Electoral del TSJ –como todos lo esperábamos- abrió sus puertas y sus piernas para hacer factible el tránsito y la consumación del novísimo golpe de estado; preparado con frialdad de catedráticos, desde hace más de dos lustros; con la finalidad de avasallar la voluntad popular, contando con todos los poderes públicos de rango constitucional; además del sector milico minoritario que forma parte de Fuerza Armada Nacional .La sala electorera del TSJ admitió la pretensión procesal, y otorgando las medidas cautelares solicitadas; menguando, artera y ostensiblemente, la condición de mayoría absoluta calificada.

Ya Curzio Malaparte (1) en su célebre libro publicado en 1931, La Técnica del Golpe de Estado, coadyuvó de manera ostensible la sustentación teórica moderna de esta acción. La misma se encuentra latente en la mayoría de los Estados con pocas excepciones. Los venezolanos tenemos un “master” en esta materia, adquirido en la universidad de nuestra vida política. En la mayoría de los golpes de estado acaecidos no se ha necesitado poseer un acopio serio y doctrinario sobre la materia. Solamente se había requerido de la fuerza militar bruta, primaria y avasallante –con la respectiva dosis de aventurerismo y ambiciones- como elemento de atropello disuasivo.

   En el último golpe de estado victorioso (23 de enero de 1958) coincidieron, a plenitud, la intervención mancomunada entre la Fuerza Armada y los diversos sectores (El clero, intelectuales, colegios profesionales, estudiantes etc.) populares organizados clandestinamente. (2). Se había iniciado un proceso de insurrección indetenible, in crescendo, de levantamientos en sectores educativos, residenciales y laborales; con el colofón de la huelga general y de prensa exitosa iniciada el 21 de enero. Es preciso recordar que el régimen había “interpretado” con su manera particular, muy a lo milico, la constitución Nacional vigente para la época, (1953) celebrando un dudoso proceso electoral plebiscitario anodino, el 15 de diciembre de 1957.

En la mayoría de los eventuales conflictos armados; guerras y revoluciones; todas son producto de compulsiones particulares al unísono con las circunstancias puntuales. Ambas emergen de un proceso analítico en lo social, económico y político. Cuando estas tres características forman parte del todo, de manera indivisible, el terreno para el desenlace final es fértil y la cosecha segura. Cuando no es así, el terreno es infértil y no habrá recolección alguna.

   En toda crisis nacional surgen elementos indispensables para el análisis y la consecuente proposición de los modos y las maneras para conformar la debida solución. En cualquier país del mundo; donde el Estado disponga de normas constitucionales apropiadas, cuya función primordial sea la de resolver de manera pacífica y ajustada a derecho todos los conflictos. Donde funcionen a cabalidad los poderes públicos; con plena independencia; aunque de manera armónica entre ellos, para así garantizar que se cumplan los fines establecidos en la misma. Solo de esta manera –es menester reiterarlo hasta el cansancio- podemos tener la anhelada Paz Social evitando lo cruento.

Nuestro país adolece del funcionamiento adecuado del Estado como tal; establecido en la Constitución Nacional vigente. Las erróneas interpretaciones emanadas de la Sala Constitucional en el pasado; así como las otras decisiones  complementarias que seguramente emitirá la Sala Electoral, nos lleva a la conclusión definitiva de que el régimen es reacio a cumplir a cabalidad la normativa de la Carta Magna; violándola consuetudinariamente, con complaciente impunidad derivada por el absolutismo del poder totalitario del régimen ejercido  a la brava sin freno alguno.

   Tal circunstancia nos lleva a considerar por qué algunos términos en desuso practico vuelvan a emerger dramáticamente; haciendo que los mismos dejen de ser objetos exclusivos de estudios académicos; de sociología y de politología, además de otras ciencias sociales: Conspiración, insurrección a secas o de masas, revolución, barricadas, golpe de estado, desobediencia civil, complot; además del papel coercitivo del Estado, a través de la Fuerza Armada; en unión armónica con el pueblo, para garantizar la aplicación plena de todas las normas constitucionales.

León Trotsky (el revolucionario ruso quien si sabía de conspiraciones, insurrecciones, revoluciones, golpes de estado, de guerras,(regulares e irregulares) puesto que fue comandante victorioso del formal ejército rojo en 1917; quien asumió sin ambivalencia la múltiple conjunción de ideólogo, historiador, líder popular y de partido; además de comandante militar exitoso) señalaba: ”…Es indispensable comprender exactamente la relación entre insurrección y conspiración, lo que las opone y lo que las complementa, tanto más cuanto que el término “conspiración” tiene un sentido contradictorio en la literatura marxista, ya sea que designe la empresa independiente de una minoría que asuma la iniciativa, o la preparación por la minoría de un levantamiento mayoritario…La historia prueba, es verdad, que en determinadas condiciones una insurrección popular puede vencer aún sin necesidad de complot. Al manifestarse con ímpetu “elemental” a través de una revuelta generalizada, en múltiples protestas, manifestaciones, huelgas, choques callejeros, la insurrección puede arrastrar a un sector del ejército, paralizar las fuerzas del enemigo y derribar el antiguo poder…”.(3) “…El ejército es, en general, una copia de la sociedad a la cual sirve, con la diferencia de que da un carácter concentrado a las relaciones sociales, llevando sus rasgos positivos y negativos hasta su límite máximo de expresión…”. (4).

…Arturo Uslar Pietri señalaba: “…Es una situación compleja, (situación política hace 23 años) de muchas fases y aspectos, que no es meramente económica, ni meramente política, ni meramente social. Lo que está en juego verdaderamente, no es la suerte de un gobierno, de un partido, ni de un equipo de hombres, sino la posibilidad de salvar definitivamente el sistema democrático que está hoy profundamente amenazado”. (5) …Lo actual no tiene comparación alguna con otras crisis.

…Señalo expresamente que nunca he militado en el Partido Comunista ni en otras organizaciones de carácter marxista-leninistas. Menos aún en movimientos políticos fascistas con tipologías totalitarias. En la actualidad no conspiro con militares ni formo parte de complot alguno con civiles. Estoy persuadido, sin duda alguna, de aplicar coherentemente, a cabalidad, el artículo 350 de la Constitución Nacional; sin embrollarnos con rocambolescas disquisiciones teóricas… ¡Si tiene dos ruedas, pedal y manubrio, es una bicicleta!…Soy un enamorado impenitente del estudio de la historia -por sus enseñanzas- patria y universal. Pienso que ningún acontecimiento histórico es igual a otro; pero es innegable que muchos guardan una similitud particularísima que nos permiten ponderar, con recomendable ecuanimidad, los acontecimientos ocurridos en otros tiempos y en otras latitudes; asumiendo de manera fehaciente las lecciones derivadas de los mismos para que no se cometan los errores ya conocidos; así como asumir, con valentía y decisión, las determinaciones necesarias para acometer lo que las circunstancias nos reclamen…

Notas:

1.- Curzio Malaparte, (1898-1957) ex oficial del ejército italiano, novelista y periodista.Expulsado en 1931 del Partido Nacional Fascista; con motivo a la publicación del citado libro. Prisionero de Mussolini varios años. Converso, como muchos otros; al final de su vida militó en el Partido Comunista Italiano.

2.- Los documentos de la Clandestinidad 1956-1958. Ediciones de la Revista Cruz del Sur. Caracas, 1958. (Recopilación de todos los textos clandestinos emanados de todos diversos sectores).

3.-León Trotsky (1879-1940). Historia de la Revolución Rusa. Tomo II. El Arte de la Insurrección. Página. 569.Editorial Tilcara. Buenos Aires 1963.(Su asesino se radico en Cuba en 1960, luego de cumplir 20 años de presidio en México. En 1978, a 25 años de la muerte de Stalin, fue condecorado, por su criminal acción, como “Héroe de la Unión Soviética”. Es parte de la curiosa “dialéctica” acomodaticia de los comunistas obsecuentes que aún se niegan a descansar en paz)…

4.- León Trotsky. Ibidem. Tomo I. El ejército y la guerra. Página 292.

5.- Arturo Uslar Pietri. Golpe y Estado en Venezuela. Primera edición. Editorial Norma S.A., 1992. Impreso en Colombia. Página 157.

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