• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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La táctica que emplea el oficialismo en su gestión diaria y en la actual campaña electoral es totalmente predecible si su estudio se efectúa mediante el análisis frío de su estrategia. Para ello no es necesario que quien lo haga esté revestido de una inteligencia superior, o de estudios académicos en politología, ni de estar ungido  -¡vaya usted a saber por qué!- de la “sapiencia” que ostentan los líderes de los cogollos en la mayoría de los partidos políticos opositores actuales.

Cuando el fallecido “comandante eterno” decidió, “manu militari”, asumir totalmente los poderes públicos establecidos por la constitución además de la regularización del ejército, (con apoyo político legal expreso mediante interpretación inaudita de la Carta Magna por parte de Sala Constitucional del TSJ)definiéndolo como una facción armada al servicio del partido gobernante; la película estaba clara, sin necesidad de recurrir a críticos cinematográficos para entenderla.

No era necesario invocar los modos implementados por las diversas políticas ejercidas de dictaduras militares o comunistas; ambas duras y represivas del siglo pasado. Para hacerlo no era necesario amarrar los caballos en la verja de Miraflores, luego de un periplo, más o menos breve de gesta guerrillera; o de conspirar con militares desafectos al régimen de turno, algunos siempre proclives a montarse en la fascinante “aventura” que les proporcionaría poder y riquezas fáciles.

Si en algo fue original y hábil el anterior presidente –hay que reconocerlo– fue en el diseño e instauración de un régimen totalitario; en el más amplio sentido del término, con características definitorias: englobar en uno solo todos los poderes públicos y disponer de la fuerza armada como poderío disuasivo contra la oposición. Para ello no dudó en violar el espíritu, propósito y razón contenido en la Constitución Nacional, otorgándole un dudoso tinte de legitimidad e ilegalidad.

Los últimos años han servido para consolidar estos propósitos. Miraflores ordena y la Asamblea Nacional (que no legisla, ni controla ni debate); el Poder Judicial; el CNE (un ministerio más dependiente del ejecutivo);la Fiscalía General de la República (devaluada, al igual que nuestro signo monetario); la Contraloría General de la República (con daltonismo partidista crónico); el Defensor del Pueblo (abriéndose paso a codazos para estar en ominosa actualidad);… ¡Acatan!

A la Fuerza Armada Nacional (excluyendo a los milicos depredadores del presupuesto nacional que son ministros, presidentes de entidades oficiales, gobernadores de estado; todos con parentela personal y política a su servicio disfrutando gozosamente de las mieles del gobierno) se le ha colocado; en lo que Napoleón Bonaparte (1), señala como la ubicación perfecta de la caballería en el campo desplegado antes del comienzo de la batalla.

“La caballería de línea debe estar en la vanguardia, en la retaguardia, en las alas y en la reserva, para apoyar la caballería ligera” (2). Es decir, como se supone que los milicos y civiles que se encuentran en la cúpula reinante han leído a Napoleón y Von Clausewitz, además de Mao y Sun Tzu, entre otros, los robolucionarios aspiran a tener a su “caballería de línea”, (la Fuerza Armada Nacional) en la posición recomendada por Napoleón el 7 de diciembre venidero.

El oficialismo y más de 80% de la población venezolana están cónsonos (unanimidad plena) en que el día posterior a las elecciones será el encuentro ineludible para la salvación de la República. Se trata simplemente de acatar, como es debido, lo establecido en la Constitución Nacional. La voluntad popular señalará, entre otras cosas, que más de los dos tercios de la población deseamos un cambio sustantivo en la manera de conducción del Estado.

Para ello –si es menester– deberemos tener en mente como alternativa y actuando en consecuencia, la normativa establecida en el artículo 350 de la Constitución. Este artículo así como todos los demás, fueron establecidos por el constituyente, además de ser aprobado electoralmente mediante referéndum por la población; para su cabal empleo y jamás como un simple adorno de relleno gramatical. Se hizo para que se utilizara a plenitud si las condiciones así lo determinan.

La MUD, por su parte, sigue con su ritornelo tradicional. Los últimos días nos tiene arropados con la conseja de que la única oposición se encuentra representada por ellos, “abajo y a la izquierda, la de la manita azul”. ¿Y los demás partidos opositores que no están en esa franquicia que son? Al igual que el gobierno, la MUD tiene una manera singular de expresión engañosa. Sigo pensando votar nulo y estar en la calle el 7 junto a los que votaron contra el gobierno sin distingos.

Para los que aún dudan de los designios gubernamentales, deben ponderar debidamente lo acontecido con la deserción del fiscal delincuente del ministerio público. En lo particular tengo más de dos años planteando y denunciando –sin descanso y quizás pecando de repetitivo– la estrategia política del régimen. Por ahora, únicamente han recurrido a la FGR los abogados de Leopoldo López. Me imagino que la MUD y otros partidos no cometerán la estupidez de hacerlo.

“…Un general en jefe (¡tenemos tantos! sin uniforme en la oposición) debe preguntarse varias veces al día: ‘Si el ejército enemigo apareciera sobre mi frente, a mi derecha o a mi izquierda ¿Qué haría yo?’ Y si vacila al responderse es que está mal situado, que no se encuentra en regla, y ha de poner remedio”. (3). Con Carl Von Clausewitz; –sin intención de pontificar– como simple ejercicio académico, diríamos: “La guerra no es sino la continuación de las transacciones políticas”.

1.- Napoleón. Pensamientos y máximas militares. Manuales Avilés Castillo; volumen XIX. Imp. de la Revista Científico-Militar. Barcelona, España.1909.

2.- Ibídem, nota103, página 83, obra citada.

3.- Ibídem, nota 23, página 39, obra citada.

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