• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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Sentencia

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A la hora de enviar el artículo a la redacción, aún el tribunal que conoce la causa incoada contra Leopoldo López no ha emitido la decisión. No albergo ninguna duda de la inocencia plena del acusado y demás procesados; además de que tengo la convicción de que este juicio reviste una connotación política; coactivamente persuasiva, inocultable, con la intención de que mediante formulismos, de carácter metajurídico, se constriña y castigue a los dirigentes y activistas opositores que se oponen al totalitarismo reinante.

Los seres humanos estamos revestidos, unos más, otros menos, de aspectos lúdicos reflejados en la personalidad. Nos agrada predecir, ya sea mediante análisis, o ejerciendo eventuales facultades premonitorias, los acontecimientos futuros. La estrategia, en su más amplio sentido, tiene oportunidad de planificar e inducir determinados acontecimientos mediante la táctica. Por ello, el dirigente político que no sea buen estratega está irremediablemente destinado a dar bandazos. Algo así como aplicar cabalmente la célebre frase: “Como vaya viniendo, vamos viendo”. El seguro y predecible resultado no será otro que el destino del mísero ratón, en el macabro juego con el goloso gato antes de ser engullido.

Establecida la premisa de que López es inocente y de que el juicio no es tal, sino un sainete burdamente montado, haré algunas consideraciones de carácter político por razones obvias. La primera hipótesis consistiría en que la jueza declare la inocencia de los acusados. Como no soy “inocente”, ni crédulo impenitente, me permito rechazarla. Sería difícil de digerir que la juez actúe conforme a derecho y menos aún que, obedeciendo instrucciones del Ejecutivo, decrete la libertad. Sería como aceptar que un ciudadano estuvo preso durante más de año y medio de manera injusta. Además de que el juicio se ha desarrollado de forma irregular, con trabas, diferimientos, etc. Como los estrategas oficiales no dan puntada sin dedal, quizás la libertad del detenido vendría a futuro, mediante un indulto presidencial, con la intención de suministrar un cierto “champú de popularidad” al decaído gobierno. La segunda opción –me anoto en ella– sería una condenatoria. Ya el Ministerio Público le enseñó los colmillos a la jueza, mediante un comunicado en el que afirma que la culpabilidad del indiciado está debidamente probada en autos. Como la justicia penal patria está tutelada por el gobierno a través de la Fiscalía, la orden impartida no deja de ser indubitablemente clara ni está sujeta a serias interpretaciones legales. En este aspecto debo detenerme, por la connotación y proyección futura que la sentencia tendrá. Me refiero a la capacidad de “peritos” complacientes para demostrar intenciones subyacentes en la mente, en las palabras vertidas, en los escritos y en los gestos de los futuros imputados. Estos peritos, debidamente remunerados y avalados por psiquiatras desquiciados; discípulos, muchos de ellos, del célebre doctor Chirinos, seguramente se convertirán en mandarrias eficaces para triturar a opositores molestos. Esta futura “espada de Damocles”, pendiente sobre nuestras cabezas, constituye un precedente grave y peligroso contra todos los que expresamos públicamente nuestros pensamientos, democráticamente y debidamente protegidos y avalados por las normas constitucionales.

Aceptando como probable la hipótesis anterior, se hace necesario también escudriñar un poco más en las motivaciones subjetivas del régimen. ¿Por qué Leopoldo López, quien de manera inexplicable se entregó voluntariamente a la seudo justicia? Él es uno de los “objetivos estratégicos” que deben ser aniquilados, entre otros, como Antonio Ledezma y María Corina Machado, (los tres con ambiciones presidenciales lícitas, aunque no oportunas) porque tienen un cierto arraigo popular; con eventuales proyecciones futuras, asentadas todas en algunas encuestas puntuales derivadas de actos coyunturales.

Al doctor Ramos Allup, por ejemplo, el gobierno solo le fastidia ocasionalmente a través de funcionarios burócratas muy subalternos: una empleada de mostrador de línea aérea oficial le impide tomar un avión en el interior del país y un funcionario de inteligencia policial le retiene el pasaporte diplomático, con lo que atropellan su inmunidad parlamentaria y su persona en Maiquetía.

Al doctor Borges, de conveniente bajo perfil, pero jefe indiscutido de Primero Justicia, ni con el pétalo de una rosa. Aquí debo afirmar categóricamente que no estoy propiciando ni induciendo la aplicación de ninguna otra medida mayor, de talante coercitivo, contra ambos dirigentes, ni mucho menos que lesionen a otros. Si algo así aconteciera –todo es posible en la “dimensión desconocida”– levantaré mi voz de protesta, como lo he venido haciendo, contra todos los desmanes ocasionados a los presos y exiliados políticos.

Los “hombres de aparato”, por ahora, no figuran en las prioridades represivas gubernamentales, salvo las excepciones consumadas a los activistas detenidos y a los policías municipales –olvidados por muchos dirigentes opositores con amplia cobertura mediática– que llevan más de doce años presos, condenados por la llamada “justicia revolucionaria”. La que dirigía el preboste mayor de la época; el milico (en servicio activo y abogado) que presidía la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, ahora en buen resguardo en Estados Unidos, por todas las connotaciones derivadas de la violación de los derechos humanos y del narcotráfico. Como seguimos en carnaval electoral, a pesar del cántico de las aves agoreras que desestiman el desenlace lógico del proceso, incentivando la funesta incertidumbre inmovilizadora del pueblo; aseverando que el juego se suspenderá por lluvia.

La “llave del saber”, Maduro & Cabello (¿quién es el ventrículo y quién es el muñeco?), continuará aplicando con rigurosidad cuartelera la represión; debidamente discriminada para, entre otras cosas, atemorizar y coaccionar a los dirigentes opositores y a la ciudadanía en general. El estado de excepción decretado, con el cierre de fronteras cumplido y con expectativas ciertas de ser ampliado, es la prueba fehaciente de la reiteración de la estridente estrategia y táctica oficial. Por cierto, en este aspecto, si se cumple la perspectiva, estoy a la espera de la reacción de los wuayúu en la Guajira, donde todos sabemos que no existen límites físicos de fronteras nacionales, ni de toponimia, entre los originarios aborígenes colombo-venezolanos.

Por todo lo reseñado, el actual Estado totalitario que nos oprime (todos los poderes agrupados en uno solo) está clarísimo en sus objetivos y actúa en consecuencia. Me explico y justifico que los abogados defensores esperen la justicia cierta, sin jerarquías impuestas ni tutelajes indebidos, impartida por el órgano judicial competente. Lo que no justifico es que los dirigentes del partido del indiciado y de otros abriguen la misma esperanza. O son ilusos, o aprovechan el ansiado centimetraje mediático, mediante el pescueceo de rigor, creando falsas expectativas a buena parte de la población que aún piensa que disfrutamos un idílico Estado de Derecho en el que los poderes públicos actúan con independencia y de manera armónica.

Mientras tanto, el presidente formal anda en gira internacional, turística y pedigüeña, acompañado de una grosera y ostentosa comitiva que ocasiona la envidia de algunos jefes de emiratos árabes. Regresará con dólares en las alforjas. Estos servirán para paliar la escasez de alimentos y todos los demás bienes necesarios para vivir, lo más aproximado, a una manera digna. También para anunciar un aumento escuálido del salario mínimo. Todas estas medidas, predecibles, intentarán contrarrestar el ya impulso indetenible y arrollador del descontento popular. Serán inoperantes, puesto que “la masa no está para bollos”.

El lunes 7 de diciembre, los venezolanos que queremos un cambio efectivo para solucionar concluyentemente la crisis nacional, debemos continuar en la calle; no propiamente para hacer cola, como el día anterior, sino para enfrentar combativamente el fraude consumado. Allí estaremos los venezolanos que votamos nulo, los que votaron por la denominada unidad y los que sufragaron por las otras opciones partidistas opositoras al margen de los conciliábulos propiciados por la MUD. Todos superaremos, con más de 80%, el descontento y rechazo al gobierno. ¡La arruga no se puede estirar más!

 

cheye@cantv.net

@CheyeJR

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