• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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José Rafael Avendaño Timaury

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Las circunstancias que existen en nuestro país, que no se cuestionan, se viven sufriéndolas sin estar tratando de encontrar las explicaciones y por consiguiente sin intentar enmendarlas. Más que un error imperdonable, es una inhibición cómplice para asegurar que las “cosas cambien para que sigan igual”.

La feria electoral en ciernes tiene con apetencias golosas no solamente a los cinco partidos que deciden en la MUD, a los demás socios e individualidades que hacen de infame comparsa en espera de las migajas sobrantes, luego del festín repartidor de curules salidoras. A este celestino grupo se le debe agregar el de otros que por diversas razones –excluidos y/o autoexcluidos– quieren recibir también la dosis de taburetes en la AN. Si los primeros son cínicos, porque a pesar de ser conscientes de que asistir a esta “pelea enchiquerada” no solamente es inútil, sino que le otorgará la legitimidad que necesita el régimen para continuar con sus despropósitos constitucionales; los segundos, especie de “mochos que se juntan para rascarse”, buscando desaforadamente meterse en el aparato electoral –elecciones primarias, fundar mesitas, etc.– para obtener los pingües resultados que probablemente obtendrán, pero en menor cuantía. Ambos están obcecados para sentarse en la nueva AN e inoculados por el “síndrome de Estocolmo”, para recibir su ración de desafueros por parte del milico que la arrea.

La MUD y los otros se “hacen la vista gorda” con síntomas inequívocos de cobarde resignación ante la conducta –para nada nueva– que aplica el gobierno para tratar a la oposición. El pasado 23 de enero el alcalde del municipio Libertador le negó una vez más el trámite burocrático de permitir manifestaciones en su territorio sin mayor explicación, salvo que no le dio la real gana de hacerlo. Contó para ello con las hordas que componen los colectivos armados con que disponen y el apoyo milico-policial institucional.    ¿La Constitución nacional? ¡Bien, gracias!

El pasado 13 –aniversario de Copei– el mismo alcalde y el otro guapetón que  gobierna a los aragüeños les impidieron a los socialcristianos ofrecer ante la estatua del Libertador la tradicional ofrenda floral. ¿Qué hicieron los diputados de ese partido para hacer valer su investidura e inmunidad? ¡Nada!, de manera obsecuente hicieron mutis por el foro. A pesar de ello, y por boca de su presidente nacional, han solicitado que se adelanten las elecciones parlamentarias. Esta conducta antidemocrática gubernamental se ha instituido a la brava y forma parte de la cotidianidad ciudadana en Venezuela.

La presencia de ex presidentes latinoamericanos en Venezuela para constatar –porque les asiste el derecho– la realidad política, económica y social de la nación y la intención de visitar a los detenidos políticos que aloja la ergástula de Ramo Verde, fue impedida por las órdenes expresas impartidas por el “braguetazo mayor”. La foto que circula en las redes es aleccionadora y nos debe causar repulsa y vergüenza: el ex presidente colombiano a lado de la esposa de López, rodeado por esa turba de milicos, agavillada, bocona y amenazadora que desdice la tradición y el gentilicio de las fuerzas armadas nacionales venezolanas de otras épocas.

Los que asistieron a la nueva marcha promovida, empujada y arrinconada hacia el este de caracas por el gobierno del pasado sábado han debido quedar desagradados, por decir lo menos, ya que los encendidos discursos de todos los que intervinieron se centraron fundamentalmente en hacer loas al proceso electoral y autopromocionarse para seguir asentando sus posaderas en las carpas del circo –entre maromeros y payasos– que tiene su domicilio provisional en el Capitolio. Las ollas vacías quedaron llenas de promesas vacuas, demagógicas y oportunistas.

Los estudiantes venezolanos –de nuevo haciendo valer su conducta de otras épocas oscuras–, los obreros, las amas de casa y en general todos los venezolanos que padecemos los desafueros económicos, sociales y políticos debemos protestar democráticamente en la calle y donde sea menester para cambiar la situación que nos oprime. Para ello, es necesario hacer valer los principios establecidos en la Constitución nacional que no han sido derogados aún, sino obviados y desaplicados por el régimen. No debemos seguir siendo “tontos útiles” para elevar a personajes inservibles a dignidades que no saben representar como es debido. Con mayoría –ilusos– o sin ella en la nueva AN, el gobierno nacional no va a modificar ni un centímetro de los objetivos trazados en la ruta que tiene pautada desde hace tres quinquenios. Negar esta realidad, disimularla o crear falsas expectativas, haciéndose cómplices cómodos, es tan nocivo como privarse y no hacer nada para cambiar la situación.