• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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Una de las cosas más difíciles de la vida consiste en tomar decisiones. A nivel personal, laboral, profesional y, por supuesto, político. Cuando se presenta la alternativa estructurada, quien asuma la correspondiente acción, confronta dudas de todo tipo: Existenciales, de oportunidad, éticas etc. ¿Será acertada? Es la primera vacilación, que acude a la mente; una vez ponderada y dibujada en la memoria. Este temor –normal para cualquier mortal- a su vez procura maneras evasivas latentes para no asumir lo decidido. La más común consiste en postergarla; esperando “mejores tiempos”, “condiciones fácticas apropiadas”, dejar a otros, a futuro,  la responsabilidad de asumir las consecuencias que son comúnmente inciertas; aunque se esté plenamente convencido de la solución propuesta.

La mayoría de los “diplomáticos” venezolanos –oficiantes de algunos gobernantes infames de turno- han permitido perder, en negociaciones torticeras, el legado de nuestros libertadores una vez consolidada la independencia. Me refiero no solamente a los territorios derivados de la Capitanía General de Venezuela para 1810. Fuente prístina del principio del Uti possidetis iuris que siempre hemos reivindicado. Fuera de las fronteras venezolanas, nuestros compatriotas –actores de primer orden en la gesta independentista americana- enfrentaron con arrestos encomiables las indebidas pretensiones de expansión territorial por parte de potencias extranjeras. Es conocida la anécdota del Mariscal Antonio José de Sucre, quien siendo presidente de la República de Bolivia, le hizo saber al gobierno brasileño que debería dejar a un lado la intención de anexar parte de territorio boliviano. Algo así como: “Respeten nuestra frontera o firmaremos el Tratado Paz en Itamaraty”. No se trató de una bravata impensada del cumanés. Sus dotes de guerrero probo, siempre triunfante, estuvo en concordancia con su espíritu indomable de generosidad y justicia procera para con el vencido. ¡Por supuesto era otra época y otras circunstancias!

No tengo duda alguna que las fragatas misilísticas y los aviones F16 venezolanos formaron parte de la dialéctica empleada por el gobierno de Jaime Lusinchi en el intento de aventura colombiana en el Golfo de Venezuela. La inversión en material bélico por parte de nuestro país, en ese entonces, tuvo justificación plena. Las hipótesis de conflicto que estudian los participantes en los Cursos de Estado Mayor, desde tiempo inmemorial, son un secreto a voces que los civiles conocemos. Nuestro ejército no solo fue “Forjador de Libertades”, también debe ser, entre otras cosas, garantes de la soberanía nacional. Si esto no fuese así, entonces deberíamos ser, imitando a Costa Rica, un país que no necesita fuerzas armadas, porque basta tener solamente un excelente cuerpo policial para resguardar la seguridad interna; dejando a la comunidad internacional la defensa de su territorio si es agredido por gobiernos foráneos. Treinta años antes, los Sabre Jets F-86, ayudaron a disuadir, sus inacabables apetencias, en Los Monjes. A mediados de los años cincuenta, milicos venezolanos sobrevolaron espacio territorial costarricense bombardeando –no con bombas- con volantes propagandísticos ofensivos al gobierno de José Figueres; en “gesta”, nada enaltecedora, por su actitud solidaria con la causa democrática venezolana.

   Si el gobierno nacional aspira seguir justificando la milmillonaria inversión de dólares en apresto para nuestra fuerza armada –en época que el kilo de carne sobrepasa los 1.300,00 Bs, el kilo de caraotas ronda en los 500,00Bs y 8 cambures medianos (1 Kg) 170,00 Bs- debería intentar algo parecido a los que hicieron, –un milico dictatorial y un civil electo democráticamente- sin iniciar conflicto bélico alguno; pero con admirable coraje, determinación y responsabilidad manifiesta, todos los actos necesarios en resguardo de la soberanía nacional seriamente amenazada.

   El ejército nacional en 1899 y en 1941 no se encontraba debidamente apertrechado con recursos bélicos disociadores ante eventuales agresiones externas. En 1899 veníamos de mantener un estado de guerra, casi permanente, en más de ochenta años. En 1941, el “creador y su sucesor” del ejército moderno venezolano” apenas habían formado un incipiente ejército “chopo e’ piedras”.

   Desde hace varios años tenemos a milicos de diferente ralea ejerciendo como cabezas rectoras de distintos entes administrativos (1). Presidentes, directores y ministros en órganos financieros y bancarios; y nuestra fallida economía se encuentra sumergida en un marasmo, en lodos pestilentes de corruptelas jamás conocidas. Tenemos milicos en dependencias oficiales que tienen que ver con la alimentación diaria de los que habitamos en el país. La escasez y el alto costo de la debida nutrición nos arrinconan cada día más en una hambruna sin precedentes. Hemos visto a milicos dirigiendo políticas sanitarias (sin ser médicos ni sanitaristas) del gobierno nacional. La infraestructura mínima hospitalaria –ascensores, quirófanos etc.- brilla por su ausencia y la falta de insumos y medicinas incrementan la muerte de enfermos y pacientes. Tenemos milicos retirados, pero con la misma mentalidad y formación, como gobernantes regionales. El estado caótico en esas dependencias es inocultable. Podría seguir enumerando la voraz e incapaz pasantía burocrática milica en nuestra nación. El balance no puede ser peor. Lo que sobresale es la estupefacción ante las nuevas, vistosas y groseras fortunas personales de estos altos prebostes. Es decir, han demostrado una incalificable falta de probidad y conocimiento en materia administrativa. “Por los frutos les conoceréis”, reza un precepto bíblico: ¡Les conocemos a plenitud! La experticia militar –fundamental en su formación- está en duda. Hemos escuchado a voceros militares calificados decir que el “apresto militar” deja mucho que desear; que es casi inoperante… ¡Zapatero a tus zapatos!

El presidente de la república continúa la diatriba contra la Exxon Mobil. Esta, a su vez, es socia de una empresa china, (léase gobierno chino) la China National Offshore Oil Corporation; en el contrato de exploración y explotación concedido por Guyana (2),con el anterior y el nuevo gobierno de ese país. Lo que demuestra, una vez más, que el “capital” y el “imperialismo”; en cualquiera de sus aristas, se encuentra pragmáticamente por encima de las ideologías. ¿Será que el gobierno imperial chino ha solicitado al pedigüeño y contumaz deudor gobierno venezolano algún tipo de comportamiento específico, en esa enmarañada negociación múltiple, donde aparecen –en extraña urdimbre- Venezuela, Guyana, Exxon Mobil y los asiáticos?

   El gobierno guyanés rechaza el recurso del “Buen Oficiante” en la ONU. La exploración y explotación en nuestro territorio es un hecho y se mantiene impertérrita… ¿Postergamos?

Por ahora, según Nicolás Maduro y el milico parlanchín, nuestro único agresor y culpable de la crisis, es la “imperialista” empresa norteamericana. ¿Es que realmente asumen que somos, o nos parecemos? (3).

Notas:

Se acaba de crear una nueva unidad en la FANB contra el “paramilitarismo”; vocablo difuso que tiene que ver con la delincuencia organizada. La han convertido en un órgano multifacético, “todero”, que desdibuja su verdadero rol, haciéndole perder especificidad.

El 14 de junio de 1999 la Exxon Corporation anunció que había firmado un Contrato de Producción Compartida en Georgetown, con la presidente  Janet Jagan (socialista) en terrenos en disputa entre Guyana y Surinam, que por diversas causas se interrumpieron. Lo resaltante es que los vínculos entre la empresa norteamericana y el gobierno socialista de Guyana comenzaron en 1998. Esos vínculos se han mantenido constantemente hasta la actualidad. Desde mayo, apenas, de 2015, el nuevo gobierno no es socialista.

Nicolás Maduro–nueve años como canciller y ahora presidente; conociendo cabalmente los acontecimientos- y los sobrevenidos corifeos mienten con desenfado demagógico.Pretenden endosar con exclusividad a la Exxon Mobil; minoritaria en la futura repartición de los apetecidos dividendos derivados de la explotacióndel contrato vigente; la responsabilidad plena de los hechos.

cheye@cantv.net

@CheyeJR