• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

Al instante

Paraguay

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El general Alfredo Stroessner, milico por vocación, dictador por autodesignación, ejerció el mando despótico en el hermano país (15 de agosto de 1954-3 de febrero de 1989) durante 35 años. Fue, en efecto, una de las dictaduras más conocidas en Latinoamérica. De más está decir que los vínculos entre la dirigencia política opositora de ambos países se mantuvo distante por padecer males similares; hasta el 23 de enero de 1958, cuando los gobiernos democráticos de la época acogieron en nuestro territorio a algunos exiliados. Se ejercieron acciones de solidaridad que se mantuvieron inalterables, en el tiempo y en el espacio, hasta el cese de la dictadura, a finales de la década de los ochenta.

   Los exiliados políticos venezolanos (1948/1958) escogieron diferentes países en donde vivir. La colonia más numerosa se radicó en México y Chile. Sin olvidar la pasantía en países como Cuba (antes del golpe de Batista), Costa Rica, Puerto Rico, Colombia, Ecuador, Honduras, Guatemala, Argentina y otros pocos. Los residentes en México y Chile contaron con una solidaridad discreta del gobierno mexicano, aunque más activa por parte del ex presidente, general Lázaro Cárdenas; y con una solidaridad activa también en el país austral por parte de diferentes partidos como Socialista, Radical, Socialdemocracia y otros. El apoyo no provino del gobierno chileno de entonces. Este fue, formalmente, del Congreso por intermedio de senadores y diputados pertenecientes a los partidos ya señalados.

   Con el derrumbamiento de vetustas dictaduras iberoamericanas, a partir de la década de los sesenta; con el surgimiento otras nuevas, la solidaridad venezolana —emanada tanto del Poder Ejecutivo, Legislativo, como de los partidos democráticos— fue un hecho consuetudinario. La aplicación de la llamada Doctrina Betancourt; es decir: el no reconocimiento a las dictaduras existentes, y a las sobrevenidas, producto de golpes de Estado, fue un instrumento que se aplicó de hecho y con éxito. A partir de 1960, siendo muy joven, tuve la fortuna de conocer a algunos líderes importantes que estaban exiliados —dominicanos, nicaragüenses, paraguayos, españoles, entre otros—, quienes se encontraban de paso o habitando nuestro país y que encontraron aquí ayuda política, material y moral. ¡Los venezolanos siempre nos hemos distinguido por una generosidad a todo evento, sin pedir nada a cambio! El ejemplo palpable lo podríamos resumir en la aceptación complaciente, casi con carácter de “avalancha”, de los exiliados políticos chilenos, además de muchos otros por razones económicas. Estas verdades son incuestionables por notorias y no necesitan demostración de ningún género.

   A partir de la instauración del régimen actual —desde hace ya casi 18 años— he visto cómo la reciprocidad debida por parte de algunos gobiernos democráticos —la mayoría de los que recibieron el apoyo político, material y moral venezolano— han mantenido una difusa solidaridad para afrontar nuestra cruda realidad desde el año 2002. Países —con gobiernos socialistas, socialdemócratas y socialcristianos— se han hecho la “vista gorda” ante los desafueros constitucionales empleados por el “socialismo del siglo XXI”. La debida solidaridad ha sido represada por intermedio de interpretaciones de dudoso carácter ideológico, aunque muy pragmáticas. El ejemplo más gráfico lo tenemos con los gobiernos dirigidos por los socialistas chilenos. Solamente ahora hemos constatado que la inocultable cruda realidad les ha convencido de que el régimen venezolano no es socialista, no es democrático y menos aún tiene carácter republicano, por aquello de la división de poderes, idea establecida por Montesquieu  desde la segunda parte del siglo XVIII. En nuestro país la premisa de poderes diferenciados no existe y es una simple quimera.

Lo acontecido en la Organización de Estados Americanos la semana pasada, con motivo de la discusión sobre la aplicación de los supuestos establecidos en la Carta Democrática, es un hecho que nos aturde y llena de coraje, con un amargo sabor, a más del ochenta por ciento de los venezolanos.

   El miércoles en la noche tuve la oportunidad de ver y oír el discurso de la jefe de la delegación de la República del Paraguay ante la OEA: ¡Honor a la embajadora Elisa Ruiz Díaz! Agradecimiento eterno al gobierno de la República del Paraguay por permitir a su distinguida embajadora hacer con meridiana claridad el lúcido análisis político por la decisión de no acompañar y distanciarse del sibilino “consenso” anunciado y propiciado por el embajador argentino y concluido por el embajador mexicano. Sus palabras demostraron, en puridad de circunstancias y de “verdad verdadera”, que no hubo tal consenso. Las causas de la  negativa a suscribirlo fueron por soslayar lo sustantivo: la celebración del referéndum revocatorio este año y el respeto por las resultas. Es la única condición sine qua non para cualquier diálogo; negociación política o cualquier otro método propiciador de acuerdos por parte de la oposición organizada (Mesa de la Unidad Democrática) y el gobierno de Venezuela. La razón es simple: ¡se dirime la controversia mediante elección! ¡No existe nada más democrático e incruento!

   El cabildeo —ab initio— clandestino entre el cuarteto de la MUD, el trípode del gobierno (los dos hermanitos, “nepotismo en acción” y “el incendiario encapuchado protector”), además de los tres ex presidentes, en la República Dominicana, es el único responsable, en buena parte, de los resultados de la reunión de la OEA celebrada días después. Hemos escuchado tres versiones contradictorias y con medias verdades, que son peor que las mentiras: la del gobierno nacional, la de la MUD y la de los tres ex presidentes… ¡Galimatías, no más!

   Algunos diputados de la MUD en la Asamblea Nacional siguen cometiendo errores inexcusables. Nuevamente acuden a la Fiscalía General de la República, a la Defensoría del Pueblo, a la Contraloría General de la República etc., etc., etc., solicitando intervenciones. ¡Craso error! No me siento representado por ellos. En mi artículo Similitud, publicado en este diario el 2 de noviembre de 2015, expliqué las razones de votar nulo en diciembre. Simplemente, sin pretender pecar de adivino, señalé las causas y lo que sobrevendría. Sin dudar que la victoria se consolidara, vaticiné lo que el gobierno emprendería y no erré (1). Es inaudito que si se cuestiona la legalidad y legitimidad de esos poderes para nada independientes y obsecuentes ante las órdenes del Ejecutivo, se acuda ante ellos… ¿Son mariscos o moluscos?

   Infiero —ojalá me equivoque— que la MUD (es decir: AD, PJ, UNT y VP) reducida, casi “manu militari”, al mínimo, se va a embarcar en el pernicioso y adormecedor diálogo, o como quiera denominárselo. Observo, así mismo, la proliferación de delegaciones de diputados venezolanos haciendo “lobbies” ante diferentes organismos internacionales. Hay parlamentarios conversadores y escribidores de cartas a quienes les agrada, sobremanera, entablar conversaciones que terminan en meros monólogos, pero con mucha publicidad y pescueceo. Si ello les hace feliz, ¡pues ni modo!  Lo sustantivo es que las acciones de calle (constitucionales, pacíficas y democráticas, ¡todas de protesta!) con la MUD, actuando como mínimo común denominador, proceda, y, si hay renuencia de su parte, que se haga con los distintos elementos que forman la sociedad civil organizada. Para comenzar —con cualquiera de las dos opciones—, este mes con llamados a paros parciales de 15 minutos en todas las áreas laborables. Convocatorias a concentraciones parroquiales o de barrios en todo el país para estar prestos a emplear lo conducente con el fin de instrumentar la aplicación plena de la Constitución nacional. A mediados de julio, si es menester, hacer concentraciones en las ciudades más importantes de Venezuela. Si para el mes de agosto no se ha establecido la fecha del revocatorio, asumiendo la interpretación inequívoca de que será favorable, cuyo producto es la elección presidencial antes de finalizar el año, no queda otro recurso que aplicar lo establecido en el artículo 350 de la Constitución: ¡en la calle…! Y cuyo colofón es la convocatoria a una huelga general por tiempo indefinido. “Y si el despotismo levanta la voz…”. El jueves pasado hubo vientos de fronda en Caracas.

¡Ojalá la MUD le solicite a la embajadora paraguaya Ruiz Díaz asesoramiento ad honorem!

Notas:

1.- La concatenación en la ejecución de los designios políticos emanados por Nicolás Maduro, con la anuencia de la Sala Constitucional del TSJ, los milicos y todos los demás poderes públicos subalternos ante el colombo-venezolano.