• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

Al instante

Marzo

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


El tercer mes del año de 1858 trajo para Venezuela una revolución triunfante que se “llevó por los cachos” la autocracia de José Tadeo Monagas. Este gobierno –revestido con pinceladas oligarcas, de liberalismo y de nepotismo– logró la repulsa unánime ante los desafueros cometidos. La condena no se hizo esperar y logró el “primer milagro” político unitario. Los liberales se pusieron de acuerdo con los conservadores –obviando las reservas ideológicas– y mediante golpe de Estado y/o revolución, derrocaron a Monagas. La inteligencia patria más sobresaliente hubo de ponerse de acuerdo para tal fin. Hombres de la más alta talla intelectual y política de la época concordaron con diversidad de personas contradictorias desde el punto de vista ideológico, tales como Fermín Toro, Antonio Leocadio Guzmán, Juan Vicente González, Pedro Gual, etc. Todos representativos de la civilidad republicana. Esta civilidad hubo de contar, a su vez, con militares provenientes de la gesta independentista como Páez, Soublette, José Laurencio Silva, Justo Briceño, etc. La Revolución de Marzo fue rápida, incruenta y breve. Bastaron trece días para que su jefe recorriese sin obstáculo alguno el camino de Valencia a Caracas… ¡París valía una misa! (1).

Producto de lo anterior fue la escogencia de un militar de segundo orden. Oscuro personaje –no por su pigmentación de la piel, sino por sus escasas dotes intelectuales y políticas– que tuvo como único acierto el de rodearse con la mejor consciencia patriota de la época. Este gobierno, injerto de morrocoy con gallo –al decir de Luis Beltrán Prieto Figueroa– apenas duro desde el 15/03/1858 al 1/08/1859. “…Los batallones de Casas derrocan a Castro en 1859; los pretorianos de Echezuría deponen a Gual y proclaman la dictadura en 1861; vence finalmente la Federación al gobierno dictatorial de Páez en 1863. Y seguirán triunfando otras revoluciones. No cabe duda que, al desgarrarse la Constitución del año 30, hubo en este país un profundo choque moral, que dejó desorientada a la oligarquía hasta su próxima desaparición, y abrió el cauce donde veremos la democracia venezolana fluctuar por largos años entre el tumulto anárquico y el orden despótico”… (2).

…En el presente mes de 2016 Venezuela padece la crisis nacional más profunda en todo el acontecer republicano. Jamás se habían conjugado, con plena armonía, los factores degradantes de crisis política, económica, social y –si se me permite agregarle– existencial. Los índices de hambruna, en el sentido real y no figurativo; la inseguridad personal y jurídica; la violación flagrante y reiterada de la Constitución Nacional por intermedio de “novedosas” interpretaciones emanadas de un poder bastardo, subalterno y obsecuente del Ejecutivo, como lo es el Tribunal Supremo de Justicia por intermedio de sus infames Salas Constitucional, Penal y Electoral. No se trata de la imposición de un chafarote prevalido de la fuerza bruta. Ahora se dispone de metodología torticera. El baboso, pero eficiente, modus operandi permite que este gobierno de filibusteros, nauseabundo y por consiguiente moribundo, reciba a la brevedad “cristiana sepultura”. Entendiendo este entierro figurado, por si acaso, como mero producto de la implementación de la normativa constitucional vigente.

…Si tomamos en serio las resultas de las últimas encuestas, donde se asienta que más de 80% de los venezolanos deseamos y estamos dispuestos a procurar ¡nuevo gobierno ya!, no es arbitrario deducir que existe una cierta similitud entre los acontecimientos generados por los “idus de marzo” de 1858 y los de 2016 –guardando las distancias, naturalmente– en el sentido de augurar la instauración del nuevo gobierno constitucional de transición este año.

…Sin embargo, me preocupa que por allí ronde el espíritu de Julián Castro. En el sentido de que la escogencia de los modos y del nuevo sucesor esté revestida de falencias que puedan dar al traste las expectativas legítimas que abrigamos. Si no decidimos bien –no se trata de ser ave de mal agüero– seguramente elevaremos una nueva espada de Damocles en la nueva vida republicana.

Un diputado de la CR del estado Bolívar –a quien felicito por su valiente denuncia ocasionada con motivo de la masacre efectuada contra indefensos mineros guayaneses– anunció, al alimón, que el diputado Andrés Velásquez sería, desde ya, precandidato en las elecciones primarias opositoras para optar el cargo de gobernador en ese estado, las que deberán celebrarse este año.

…Observé también que el gobernador del estado Lara se había abstenido de participar en su estado en la movilización popular anunciada por la MUD el pasado sábado 12. Este acto de masas se efectuó en casi todo el país –así lo ratifico la MUD– para iniciar el proceso señalando las diversas modalidades propuestas para la salida constitucional del actual régimen. Tanto el diputado, como el gobernador ven la brizna de paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

…Ambos casos, uno por acción, el otro por omisión, representan la reiteración de conductas equivocadas. Algunos otros con militancia activa en la MUD participan en este tipo de comportamiento. Tozudamente hacen prevalecer intereses subalternos y partidistas, anteponiéndolos a los altos intereses nacionales… ¡Eso es grave!

Algunas personalidades e individualidades de la oposición insisten en aplicar políticas de gabinete en esta hora crucial para Venezuela. El señor Velásquez ha sido gobernador en dos oportunidades. No es democrático, republicano ni ético que pretenda ejercer nuevamente la gobernación de manera vitalicia. Constituye también una agresión para los militantes de esa tolda al imponer de hecho una especie de “monarquía constitucional”. El gobernador Falcón, por su parte, no oculta su desbocada aspiración de ser candidato presidencial, a todo evento, de la oposición sin importarle los medios y las formas debidas. Además de obviar el sentido escueto de la oportunidad.

Deseo que estos comentarios sean debidamente ponderados; tanto por los aludidos, como por los que abrigan apetencias similares, además de aquellos venezolanos preocupados por la caótica situación actual aderezada con todos los eventuales riesgos que nos acechan.

Mientras tanto, Nicolás Maduro, sin importarle un comino la gravísima situación que vive el país. Demostrando un desprecio absoluto por la opinión pública porque ejerce la más alta magistratura, hace ostensible su incapacidad manifiesta. Derivada por la carencia de los atributos consustanciales necesarios para desempeñar a cabalidad su papel en virtud de su precaria formación. Partió raudo para Cuba, jacarandoso y entonando el estribillo de la vieja guaracha: “Me voy pa’ La Habana y no vuelvo más”… ¡Amén, que así sea!

 

Notas:

1.-El nuevo gobierno trajo pocos aciertos importantes. Quizás el establecimiento del sistema de sufragio universal establecido mediante Decreto el 19 de abril de 1858 convocando a elecciones nacionales para elegir representantes ante la Convención que debería instalarse en Valencia el 5 de julio de ese mismo año.

2.- José Gil Fortoul. Historia Constitucional de Venezuela. Cuarta edición. Tomo III. La oligarquía liberal. Capítulos V y VI (Otra vez José Tadeo y Alianza y conflictos). Ministerio de Educción. Comisión de Obras completas de José Gil Fortoul. Caracas, 1954.