• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

Al instante

Guyana

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 “Fuerzas de Defensa de Guyana están listas para defender cualquier intrusión de Venezuela” señalando que el viernes 25 (día cuando Maduro y Granger se mirarían la cara, de cerca o de lejos) realizarían maniobras militares junto al Esequibo. La declaración y ronquido proviene de Mark Phillips, jefe del Estado Mayor de ese ejército. Con anterioridad, David Granger, el presidente, anunció que su gobierno da por finalizado toda la metodología contenida en el Acuerdo de Ginebra. Considera que la gestión de la ONU ya no es apropiada. Concluye señalando que será el Tribunal Internacional de Justicia el que decida la controversia.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, aprovechando la reunión general, ha invitado a los dos presidentes de los países en conflicto a una reunión aparte a celebrarse en la sede del organismo el viernes 25. El gobernante venezolano insiste en la gestión del “buen oficiante” por parte del órgano multilateral. El gobernante guyanés aún no ha confirmado su presencia en la exclusiva troika. De comparecer, seguramente ratificará su oposición, de abierto desacato a lo pautado en Ginebra.

La peculiar ortodoxia en materia de relaciones internacionales aplicada por Maduro y su antecesor consiste en eludir los diálogos fecundos, como fórmula insoslayable de negociación y de práctica diplomática. Se circunscribe a cultivar monólogos –al estilo milico– constituyendo lo que algunos preciosistas del lenguaje denominan: “diálogo entre sordos”. Esta nefasta conducta empleada de manera reiterada a nivel nacional les ha resultado provechosa. De presentarse el correspondiente debut en el ámbito internacional, el resultado no luce nada halagüeño. Porque, entre otras cosas, la ¡“criada”, construida de ébano, le ha salido respondona y retrechera!

El antecedente único y cercano; pero de ninguna manera similar, se realizó en Quito la semana pasada. Los escarceos verbales, debidamente matizados por los presidentes propiciadores y anfitriones de la reunión, apenas lograron que la locuacidad desbocada, además de las intemperancias verbales de Maduro, quedaran excluidas. El resultado ¿si es que lo hubo? fue más de lo mismo: reuniones diplomáticas y militares, con agenda difusa; sin posibilidades ciertas de solución definitiva: sigue el estado de excepción en los territorios venezolanos con cierre de fronteras indefinido hasta nuevo aviso. La decisión de suspenderlo será producto de un acto unilateral venezolano.

Lo del encuentro presidencial en Nueva York no es igual; ni siquiera parecido. Ni en la forma, ni en el fondo. Se trata de algo más complejo. Reviste una trascendencia fundamental para nuestra soberanía nacional. El despojo a la fuerza por parte de los británicos (sin disparar un tiro) de 159.542 km2, reclamados por Venezuela desde 1840, cuya pertinencia y validez argumental de la reclamación fue debidamente aceptada por el Reino Unido a través del Acuerdo de Ginebra firmado el 17 de febrero de 1966. Allí se endosó –como el pérfido Pilatos– al emergente gobierno republicano guyanés la solución definitiva del litigio. Es conocido, sin discusión alguna, que la apropiación inglesa buscaba el acceso a las bocas del Orinoco. Pretensión golosa para sus insaciables deseos. No lograron en aquel entonces acceder a la desembocadura orinoqueña atlántica por diversas razones. Sin embargo, la amenaza latente quedó vigente en el tiempo y en el espacio. Para aquel entonces, también en los años subsiguientes, el desarrollo de los derechos sobre el mar y las plataformas continentales estaban “en pañales”. En la actualidad, estos conceptos y criterios se encuentran suficientemente desarrollados.

No se trata entonces de establecer simplemente la frontera terrestre en el Esequibo; fundamentalmente en el estado Bolívar establecida por los ríos Esequibo y Cuyuní. Este territorio fragua una extensión de soberanía sobre el mar territorial en su fachada atlántica que es inocultable. Esa proyección también genera la influencia vital y significativa en la desembocadura del Orinoco en el estado Delta Amacuro. De resultar victoriosa –inaceptable para Venezuela– la hipótesis guyanesa, el mar territorial y plataforma atlántica venezolana quedaría aprisionada, casi subsumida por estrangulamiento, como un embudo: la parte ancha sería ejercida a cabalidad por Trinidad y Guyana. La parte estrecha por Venezuela. (Lo sustancioso para ellos, lo escuálido y pellejudo para nosotros). Esto sería inaudito para cualquier país. Para Venezuela sería una afrenta inexcusable, por sus antecedentes históricos, forjados con la sangre generosamente derramada en la génesis y en el proceso de nuestra formación republicana.

Decíamos que el gobierno guyanés está claro en su estrategia. Nada indica que será revertida voluntariamente por ellos. Los ríos Esequibo, Demerara y Berbice (nomenclatura guyanesa) establecen los límites de “su territorio” y tienen “poderes conferidos” por su “Ley de Zonas Marítimas local” y de acuerdo con lo establecido en el estatuto de la Convención del Derecho del Mar de 1982. Esto, en su rapaz criterio, delimita las aguas internas “de Guyana y no guarda expresa relación con la zona exclusiva económica…”. Resumiendo, el gobierno vecino propicia un juicio ante la Corte Internacional de Justicia (donde seguramente privarían los aspectos geopolíticos y económicos, más que los jurídicos) y rechaza la fórmula del “buen oficiante”. Se mantiene incólume la ya indetenible exploración de hidrocarburos y de minera aurífera y demás, otorgada por Guyana a empresas transnacionales (a menos que Zeus y Marte intervengan y pongan el caldo morado)… ¡Más claro no canta un gallo!

Yo albergo profundas dudas acerca de la preparación e idoneidad de la titular de la Cancillería venezolana y de sus más cercanos asesores. No se trata de un prejuicio gratuito, ni por estar obcecado con posturas antigubernamentales. Simplemente me fundamento, entre otras cosas, en los vetustos y siempre sabios textos bíblicos: “Por sus frutos, los conoceréis”. Las relaciones internacionales son asunto serio y no deben ser manejados por manos inexpertas. Los últimos cancilleres venezolanos, incluyendo al actual presidente, no pueden ser catalogados como competentes. No han demostrado poseer la más mínima formación político-académica para el cabal desempeño de sus altas responsabilidades.

…El presidente de la Comisión de Defensa y Seguridad de la Asamblea Nacional admitió que la Fuerza Armada Nacional realiza ejercicios militares (¡Mambrú se fue a la guerra, ay qué dolor, qué dolor, qué pena!). El canciller ruso está de visita, luego del anuncio de compra de 12 Sukhoi. El “correo de las brujas”, en diversas ediciones añejas, señaló que el milico grasoso que gobernaba a Venezuela a mediados de 1955 había establecido una hipótesis de inmediata recuperación armada en este territorio. También conjeturó que en 1966 la factibilidad. Esto se había analizado en el alto gobierno; señalando, sotto voce, incluso, el nombre del general que comandaría la eventual acción guerrera. El argumento que privó para no emprender la operación fue la pregunta socarronamente dialéctica: ¿Qué hacemos después con el general victorioso? Por último; finalizando ese gobierno, luego de la toma militar de la isla Anacoco por parte del ejército venezolano, se produjo el alzamiento o rebelión de Rupunumi. La conseja afirmaba que el gobierno venezolano, al mejor estilo del célebre “Capitán Araña”, había dejado a su suerte, en la orilla de la playa, luego del desembarco, a los ingenuos patriotas comprometidos. Incumpliendo el previo acuerdo de apoyo a esa rebelión que buscaba la plena anexión a Venezuela del territorio. Ese levantamiento cívico-militar fue sofocado a sangre y fuego, con muchos muertos, por el comunistoide gobierno guyanés de aquel entonces.

Así ha sido la triste historia patria de los siglos XIX, XX y contemporánea. El postergar las cosas y la falta de decisión oportuna para plasmar lo que la literatura nos ha ilustrado de mil maneras: … “Tragar al monstruo cuando se observan las estatuas de la paz y la fortuna en Atenas y Tebas, respectivamente; donde abrigan, entre sus brazos, a Pluto”. Esto, siempre, nos ha paralizado, ocasionándonos naufragar en la perniciosa y viscosa inmovilidad del barro…. ¡Simplemente hemos sido gobernados, casi siempre, por “estadistas de otoño”!

…La Fuerza Armada Nacional, a tenor de lo establecido en el artículo 328 de la Constitución Nacional, es una institución: “…Organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar…”.

 

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@CheyeJR

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