• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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José Rafael Avendaño Timaury

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La MUD fue creada el 23 de enero de 2008, reestructurada  en 2009, aunque funcionaba informalmente desde mediados de 2006. Con su creación se pensó que los errores tácticos cometidos por la oposición serían enmendados y se instauraría una necesaria y armónica dirección colectiva –sin predominio ideológico y alejado de intereses partidistas y subalternos– tendente a propiciar el cambio de gobierno, procurador de nuevas políticas, constitucionalmente. Me encontré entre los venezolanos que celebraron la iniciativa, indudablemente correcta y ajustada a los requerimientos objetivos del momento. Esa iniciativa hubo de confrontar acuerdos internos a través del diálogo que desembocaron en la instrumentación de una directiva plural amplia y el consecuente acuerdo en la elaboración de las candidaturas presidenciales, parlamentarias, alcaldías y concejalías. En esa oportunidad privó la madurez, el desprendimiento y por derivación, la aplicación de las políticas apropiadas de entonces.

Desde aquellos venturosos días, ya lejanos, ha pasado mucha agua bajo los puentes. La prístina idea y sus primeros actos fueron degenerándose progresivamente, producto de errores tácticos cometidos y el resurgimiento de viejos resabios, como los son: cúpulas; ahora multipartidistas, personalismos in crescendo, intereses subalternos etc. Estos acontecimientos, por públicos y notorios, los doy por reproducidos.

El pasado domingo 17 se celebraron elecciones primarias mudistas en doce estados del país para elegir solamente 42 candidatos a la AN. Las restantes candidaturas (125) serán designadas por consenso. Primero Justicia, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo conforman el actual cogollo mayor.  Su vocería y papel determinante –incuestionable– lo ejercen los doctores Julio Borges, Henry Ramos y el designado de turno por Manuel Rosales. Los tres actuando con un calculador bajo perfil. En segundo término es notoria la presencia de los sectores llamados progresistas seguidores del gobernador del Estado Lara y Amazonas, donde la opinión de Henry Falcón es determinante. Luego, de manera dispersa, los partidos Copei y otros que obedecen instrucciones de Antonio Ledezma, Leopoldo López y María Corina Machado. De tal manera que las candidaturas de la MUD son escogidas caprichosamente en el orden señalado. Los grandes beneficiados son los que provienen del primer grupo. Los demás, recibirán los menguados premios de consolación. El resto, los 42 electos en ese remedo de elección  primaria mermada celebrada con la “prestigiosa” presencia de Unasur, propiciada a lo Jalisco por el CNE y las máquinas electorales y capta huellas correspondientes; además de la oprobiosa e inútil presencia del Defensor del Pueblo. La primera reflexión, luego del acto, es que el mismo solo reflejó la participación menguada de la población a pesar del esfuerzo implementado por todos los partidos y sus “cuadros”. Se demostró quienes fueron los que “produjeron más saliva, para trasegar más harina”. Este mundo partidista con baja proyección ratificó a PJ, seguido de cerca por VP, luego, alejados AD y UNT. Estos son los músculos que mueven al pesado fardo de la MUD. Los demás, casi en vías de extinción por su escasa capacidad organizativa. El 7% de participación electoral, es un índice significativo del fracaso de la capacidad movilizadora y de convencimiento de la partidocracia mudista, donde su convocatoria –insisto– multipartidista se estrelló contra la indiferencia y rechazo de la masa oposicionista, cada día más esquiva por incrédula.

La MUD pretende de esta manera que la inmensa mayoría de compatriotas que deseamos cambio de gobierno por la insufrible crisis nacional; los que no militamos en ninguno de los partidos aludidos, aspira que le endosemos –con fe de carbonarios– nuestra voluntad y poder amplio a 167 aspirantes (con menguada solvencia de legitimidad; por el origen, método y resultados en su escogencia, constituye un intento fallido de representar con propiedad a las mayorías nacionales) para salvar la república en la próxima AN. Todos intuimos que de los 167 electos, no más de 70 serán opositores por la bribona trama urdida para continuar la farsa institucional que nos oprime. Nuevas franquicias emergen, otras se mantienen y algunas  viejas se desvanecen. En normalidad republicana, estas habrán de reunificarse a tenor de sus preferencias ideológicas y/o grupales.

Ratifico mi apreciación de que en elecciones libérrimas y con árbitro imparcial, no hay manera de que este gobierno obtenga la victoria. Como no será así; presumo que una vez más se utilizarán los métodos harto conocidos y algunos por conocer para burlar nuevamente la voluntad popular. Esta guasa ha sido ya implementada por los poderes públicos venezolanos que han sido electos de manera ajena a las directrices emanadas por la Constitución Nacional. Esa inobservancia los hace ilegítimos; ergo, sus decisiones, consecuencialmente, son nulas de nulidad absoluta.

Las cifras obtenidas por los candidatos triunfantes en estas elecciones primarias, así como a los designados por el inefable dedo; no les otorgan, de ninguna manera, la legitimidad necesaria ni la certidumbre de que su presencia y su futura actitud como nuevos parlamentarios –reelectos o no– vaya a ser distinta a la asumida por sus pares en los últimos cinco años. Por ello no me explico la posición de Antonio Ledezma, Leopoldo López y María Corina Machado (todos víctimas de la ilegalidad y arbitrariedad a que han sido sometidos por el gobierno) quienes están procurando canonjías parlamentarias a activistas de sus respectivos partidos. Inútil que la dialéctica de Ledezma haga comprender a sus seguidores y a quienes votamos por él, el por qué siendo alcalde mayor de Caracas –el más votado y con indiscutible respetabilidad– haya sido despojado de sus competencias y esté en su casa preso ilegalmente. Igualmente Leopoldo López, morando en ergástula desde hace más de un año, sometido a un mañoso juicio y a un perverso acoso en contra suyo y de su mujer e hijos. María Corina Machado, víctima propiciatoria del régimen, defenestrada ilegalmente de su investidura parlamentaria imagina que sus candidatos tendrán garantías, de ser electos, diferente alas de ella. Pienso que la sindéresis de estos tres dirigentes opositores se aleja de sus mentes. El inefable “síndrome de Estocolmo” les ronda peligrosamente.

Ante la expectativa de protestar en enero de 2016 por el fraude electoral consumado(proceso, votación y recursos contenciosos a oponer) cuyas resultas son de carácter ineluctable; derivado de las particulares características que conforman los poderes públicos; por una parte, y por la otra, el de llamar a votar nulo ahora, (la sola presencia al acto de votación con la voluntad razonada de hacerlo) para asentar con este acto político pertinente, que más del ochenta por ciento de los venezolanos no estamos de acuerdo con la violación sistemática de la Constitución Nacional. En última instancia; para plasmar inequívocamente, casi como un axioma, la ilegitimidad del gobierno, derivada del consciente acto. Esta sería la vía expedita para hacerlo cambiar agotando la vía pacífica, reinsertándolo en la senda constitucional para readquirir la legitimidad imprescindible para ejercer el poder: por ello, ¡me quedo con la segunda opción!

Vamos a la calle de manera democrática y constitucional este año. A llamar al voto nulo consciente para desmontar, utilizándolo, el turbio sainete electoral y protestar contra el alto costo de la vida derivado de la perversión política-económica que ocasiona el caos social reinante; rechazar la inseguridad personal y jurídica; reclamar que se haga una elección nueva del CNE que arbitre como es debido todos los procesos electorales; forjar un diferente TSJ con  la subsiguiente elección de jueces de carrera probos que nos garanticen el pleno estado de derecho; propiciar la nueva escogencia de fiscal, contralor y defensor del pueblo para que asuman su rol y dejen de ser apéndices complacientes del ejecutivo; exigir que la Fuerza Armada regrese a los cuarteles para ceñirse a sus reales funciones específicas, en particular todas las que se refieren a la defensa –sin cortapisas– de la soberanía nacional y la paz de la república.

La procuración de estos cambios enunciados y otros igualmente necesarios e indivisos, al alimón con el voto nulo, como estrategia y táctica diáfanamente concebida e hilvanada se encuentran ajustados milimétricamente al texto constitucional para su aplicación de manera global y oportuna: ¡Todo dentro de la constitución, fuera de ella nada!


cheye@cantv.net | @CheyeJR