• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

Al instante

Dislexia

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


Los venezolanos padecemos de innumerables problemas desde hace mucho tiempo. Hace más de 18 años optamos por una salida electoral en espera de que aquella crisis fuese superada y el país retomara el sendero democrático pleno, no solo entendido como un mero aspecto formal mediante elecciones cada cinco años. Aspirábamos a que se superaran los ya distorsionados aspectos sociales, políticos y económicos que deformaban el concepto global de democracia. Nos equivocamos –la mayoría de aquel entonces– en la escogencia del líder que desde la Presidencia de la República emprendería el proceso de la ya necesaria reconstrucción del sistema democrático, que lo apuntalaría y dotaría con novísimas creaciones, modernizándolo y adecuándolo a la realidad de los nuevos tiempos, ampliando algunos vetustos conceptos superados del Estado.

La definición del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela es diáfana. ¡No admite interpretaciones de ningún género! Quizás, la más significativa y novísima, por la intención y por las consecuencias derivadas de su eventual aplicación, es la que se refiere a la última frase contenida en el artículo 6 de la Constitución nacional, que precisa que el gobierno venezolano –entre otras cosas– es y será siempre: “… y de mandatos revocables.”.

Los compatriotas tenemos muchos problemas que se resumen en la denominación “crisis nacional”. No me referiré ni desmenuzaré el concepto. Afortunadamente, la gran mayoría no padecemos de ninguna dificultad en la lectura que imposibilite la comprensión correcta del significado de las palabras (1). Tampoco sufrimos de ninguna dificultad para una correcta escritura (salvo las derivadas de carencias intelectuales propiciadoras de las inobservancias de las reglas gramaticales pertinentes), es decir, “disortografía” (2). Como vivimos en un país tropical, muy caribeño, algunas veces nos vemos en la necesidad de cubrir con una especie de velo (más que por recato, por temor a que se nos apliquen determinadas normas de carácter penal relacionadas a cómodos y explícitos aspectos políticos, mediante las que jueces inescrupulosos y obsecuentes, coaccionados por la inefable FGR, se han convertido en meros subalternos del Poder Ejecutivo), para hacerles más difícil la tarea de recluirnos coercitivamente en las ergástulas de que dispone el gobierno. El sentir temor es consustancial a la condición humana. Quien afirme que no lo siente es mentiroso o es anormal. Lo trascendente es tener la voluntad para implementar la gozosa audacia de vencer el miedo, cuando sea menester hacerlo.

Establecida la premisa quizás un poco arbitraria contenida en el párrafo anterior, referida al uso de terminologías de carácter médico, la mayoría de quienes nos ocupamos de escribir y hacer públicas nuestras opiniones tenemos ciertas limitaciones para expresarnos con meridiana claridad. Esto constituye una medida de autodefensa necesaria. Cuando las hacemos conocer mediante comunicación verbal las concebimos y expresamos con mayor libertad, pero también con cierto temor por aquello de los “patriotas cooperantes”.

La trama urdida por los dos últimos presidentes venezolanos para perpetuarse en el poder mediante turbios procedimientos constitucionales y legales (conformación irregular de los poderes públicos, decisiones de la Sala Constitucional del TSJ y comportamiento revestido de parcialidad política por parte de la fuerza armada) ha rendido sus frutos. Hemos palpado la perversa cosecha de desafueros gubernamentales desde enero, con motivo de las actuaciones de la Asamblea Nacional, es decir, el desconocimiento formal de sus atribuciones por parte del Ejecutivo con el espaldarazo del TSJ, lo que constituye un golpe de Estado, frío, no abiertamente cuartelero, pero indudablemente sustentado coercitivamente por el armamento dotado por la república para la defensa integral de la nación. El parque bélico disponible por los milicos incondicionales y los colectivos jamás debe ser utilizado inadecuadamente, de manera criminal, para terminar de asentar este régimen totalitario.

El golpe de Estado continuado y en pleno desarrollo prosigue sin pausa, cuasi perfeccionándose. “Los payasos del circo” (vicepresidente ejecutivo, ministros y demás burócratas sigüíes) han venido señalando de manera clara que este año no habrá referéndum revocatorio. Las farragosas explicaciones, muy parecidas a las letanías, casi como cantos gregorianos, han sido sibilinamente orquestadas por el CNE. “El amo del circo” (Nicolás Maduro) como cualquier júpiter tonante, acaba de pontificar sin trabalenguas que este año no se efectuará: “Si procede se celebrará en 2017” (sic). Es decir, la orden impartida para sus subalternos (CNE, FGR, DP, Fuerza Armada) será acatada, de manera celestina, a través del órgano regular castrense. Ninguna disposición contenida en la Constitución nacional faculta a la cabeza del Ejecutivo para arrogarse atribuciones que no le corresponden y le están vedadas. Si lo hace, además de inconstitucional, es de inobservancia plena. ¡Nadie está obligado a cumplirla!  … Cuando los payasos del circo cacareaban lo mismo, por lo menos albergaba una pequeña duda para que, si se guardaban las apariencias, emergiera la debida corrección. ¡Ahora, no!  … ¿Quién le enmienda la plana a Maduro?

Mientras tanto, la MUD y el gobernador de Miranda (aparentemente juntos, aunque autónomos en sus procederes por la diversidad de intereses) siguen en lo suyo: en el ámbito nacional, con convocatorias a inefectivas marchas; en el internacional, con lobbies y visitas a presidentes, parlamentos y otros organismos. Como corolario de lo absurdo y carencia de sindéresis destaca la decisión del jefe de la fracción parlamentaria de la MUD y mandamás formal de PJ, de acudir a la FGR en procura de justicia. Padece, indudablemente, del síndrome de Estocolmo (3).  Le faltaría acudir a la Sala Constitucional del TSJ para que esta le indique si aún goza del fuero parlamentario. ¡Condenado pidiendo clemencia al verdugo! … Este rogatorio penal obtuvo pronta respuesta por parte del ministro de la Defensa (¡Todos para uno, uno para todos; todo el poder para Maduro!), quien anunció que acudiría a la jurisdicción penal para que se avoque y aplique el remozado Código Orgánico de Justicia Militar, en especial por los delitos colaterales de vilipendio, ultraje, presuntamente cometidos por dirigentes de la oposición con motivo a las más recientes agresiones físicas de que fueron objeto (4). ¡Puerta franca, pues, a las nuevas sentencias torticeras! … Para la continuación del sainete, los milicos recuerdan el honor sólo a la hora de la rendición.

He visto a determinadas figuras públicas, otrora descollantes y ahora sumergidas en bajo relieve, casi como en “auto ostracismo”, pero opinando cotidianamente en sus columnas de prensa. Expresan ideas y pareceres con una actitud un poco ambigua, por decir lo menos. No se conforman resignadamente a jugar banco porque así lo han determinado los actuales managers que dirigen los equipos que compiten. La egolatría que les cubre la disimulan con escritos contentivos de medias verdades (muchas veces peores que las mentiras). Paladinamente afirman que la actual crisis venezolana es de carácter económico y fabulan soporíferas soluciones (productividad de alimentos, empleo, seguridad) que jamás podrán ser instrumentadas por Nicolás Maduro y su combo, es decir, con un gobierno como el actual. Actúan como (permítaseme la licencia en la comparación, guardando las necesarias distancias) el protagonista del celebrado cuento “El diente roto” de Pedro Emilio Coll. Desean aparentar, a todo evento, que son eruditos hombres de Estado ubicados en un limbo donde no se ocupan de menudencias, y que serán llamados desde el Olimpo donde se encuentran, casi como una súplica, para acceder al poder una vez superada la crisis.

En lo personal, sin despojarme del protector velo, aún aspiro a que los venezolanos de buena voluntad nos encaminemos de manera activa en la ruta de la única salida constitucional, democrática, electoral y no cruenta: referéndum revocatorio este año… ¡Nuevo gobierno ya!

La certidumbre de que se cumpla lo anterior está supeditada a la decisión institucional emanada del órgano al que compete por mandato constitucional ¿independiente?: el CNE, que debe señalar la fecha cierta (tal como lo define el concepto jurídico) del referéndum, con la segura y subsiguiente elección presidencial. El conocimiento público de la fecha tentativa del referéndum no debe exceder de julio. El plazo, tentativo, también para la elección presidencial producto del indudable resultado del revocatorio no debe exceder de la primera quincena de diciembre.

De no ser así, sin eufemismos de ninguna naturaleza, con el necesario valor cívico y retando el normal miedo, debemos invocar la aplicación del artículo 350 de la Constitución nacional con todos los medios disponibles y afrontando todas las consecuencias que puedan derivarse.

Notas:

1, 2 y 3: En los últimos tiempos, determinados conceptos médicos en general referidos a padecimientos, patologías, enfermedades, utilizados cotidianamente como metáforas en escritos y frases vertidas al voleo son interpretadas por algunas personas con hipersensibilidad como contentivas de modismos peyorativos e inadecuados; elevando algunos de ellos (leprosos políticos, autismo, epiléptico) a rangos sujetos a ser sancionados moralmente, con ribetes también de carácter legal contentivos de tipicidad penal. Por ello presento excusa formal ante quienes se sientan lastimados por el título y el contenido parcial del escrito. No ha sido mi intención agraviar a nadie ni la utilizo como elemento discriminatorio de ninguna naturaleza. Así debe ser entendido.

4.- A los estudiosos del tema les recomiendo el estudio “Hacia una redimensión de la Justicia Militar en Venezuela”, cuyo autor es el doctor Octavio Ulises Leal. Revista 56, 1997. Revista Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad de Carabobo.