• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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José Rafael Avendaño Timaury

Corrupción

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Los latrocinios contra la cosa pública es un modo de conducta universal y tiene mucho que ver con la educación, ética y fundamentalmente con la condición humana en particular. Su uso se remonta al comienzo de todos los tiempos. Para combatirla se han creado infinidad de medios jurídicos donde se contemplan las sanciones más ejemplares. Desde el ajusticiamiento, amputación de manos y largas condenas de presidio. Nuestro Libertador llegó a plantear el fusilamiento para aquellos funcionarios públicos que metieran las manos en el erario nacional. Al comienzo, la criminal conducta no tenía nada que ver con aspectos ideológicos y modos de conducta derivados de una concepción producto de las ideas. Simplemente quienes la practicaban lo hacían en virtud de una coyuntura particular, ya que ejercían funciones de administración pública de bienes y, prevalidos por ello, se enriquecían a nivel personal en detrimento del pueblo.

Con el surgimiento de las ideologías y de los diversos modos existentes para concertar voluntades para alcanzar el poder, los filósofos, ideólogos, dirigentes políticos y militares en general se dedicaron a estudiar y combatir ese modo de conducta asocial, proponiendo no solamente la condena moral, sino la instrumentación de medidas coercitivas para sancionarlas. Cada país tiene sus paradigmas e individualidades de quienes ejerciendo el poder, se han mantenido al margen, combatiendo dicha costumbre. En nuestro país, El Libertador, rico de cuna por mantuano, no solamente utilizo recursos propios en la lucha independentista, sino que al morir, hubo de ser vestido con camisa ajena. Otros patriotas que lucharon en la gesta heroica, “pata en el suelo” se convirtieron en grandes latifundistas y ricos, metiendo sin rubor alguno sus manos para enriquecerse, como botín de guerra, con los bienes públicos.

La Revolución Federal traía entre sus banderas los principios incipientes de la llamada justa distribución de la riqueza. Como ha sucedido, sucede y quizás sucederá, quienes al final del periplo correspondiente ascienden a ejercer el poder político, al llegar al solio, suelen olvidar con cómodo desparpajo los viejos principios. Antonio Guzmán Blanco fue la persona que encarno las primeras esperanzas de redención social de las masas populares venezolanas, una vez obtenido el triunfo. “El Gran Autócrata”, “Civilizador”, “Creador de la Venezuela Moderna”, (para su época) fue el primer gran ladrón y saqueador del patrimonio nacional. Impúdicamente se “embolsillo” en Londres la debida comisión originada por un  empréstito europeo para sanear la caótica situación fiscal venezolana. De esta manera comenzó el latrocinio. Cuando falleció, a finales del siglo XIX, ostentaba una grosera riqueza mal habida en Paris. Ahora reposa, con la bendición áulica de comunistas, socialistas y progresistas en el Panteón Nacional, cercano a Simón Bolívar. Sus seguidores -casi todos, que es como decir todos- siguieron practicando sus pillerías.

Juan Vicente Gómez, financiador de la “invasión de los sesenta”, de hacendado próspero dueño de La Mulera, pequeña finca -aunque muy productiva- cobró con creces su inversión monetaria y guerrera. Cuando falleció –treinta y siete años después de la aventura victoriosa, era el dueño de la mayoría de las tierras fértiles y ganaderas del país. Aparentemente no tenía dinero depositado en Suiza, la Banca de Andorra y otros paraísos fiscales no tenían la eficacia actual.

La dictadura instaurada de 1948 a 1958, también sirvió de elemento generador de nuevos ricos. Los milicos que accedieron al poder –casi pobres de solemnidad- se convirtieron en detentadores de riquezas con sus socios civiles. No fueron muchos porque la corrupción no se había democratizado y la usufructuaban pequeñas elites.

Los cuarenta años de democracia trajeron la generalización limitada de la corrupción. Si bien es cierto que sobre Rómulo Betancourt y Rafael Caldera no recayeron acusaciones de enriquecimiento ilícito, no es menos cierto que otros presidentes –por acción u omisión- permitieron la proliferación del deleznable flagelo a través de familiares e interpuestas personas. Esta ominosa conducta, aunada a otras desviaciones perversas, trajo como consecuencia la instauración de este gobierno que nos oprime.

En el régimen instaurado en 1999, al comienzo inatacable, la adecuación a la modernidad de los vetustos modelos criminales para el enriquecimiento ilícito y la magnitud de los recursos nacionales robados sobrepasa lo imaginable.  Observamos con desparpajo como los familiares directos de los altos funcionarios públicos, los funcionarios milicos & civiles de alto, mediano y bajo rango –a lo Rico Mc Pato- acumulan millares de millones de dólares en Bancos Suizos, en Andorra etc. Los de este último –de acuerdo a las primeras informaciones internacionales- estaban a nombre de viceministros. ¿Cómo serán las cuentas de los ministros que lo permitieron?

Aunado a la corrupción administrativa, existe –sobrepasando al secreto a voces- acusaciones puntuales contra destacados jerarcas –uniformados o sin el- en el llamado narcotráfico y lavado de dinero. Se dice que un altísimo porcentaje de la droga que llega a Europa, Estados Unidos y otros continentes, salen y/o pasan por Venezuela. El léxico “Cartel de los Soles” es universal y aparentemente no es una mera denominación literaria. La CGR, AN, FGR callan, con “mudez absoluta”.

Quien ejerce la presidencia en la República Federativa de Brasil está recién electa. Pertenece al Partido de los Trabajadores –socialista, como es del conocimiento público- y amiga y socia incondicional de nuestros dos últimos presidentes. Allí ha estallado un escándalo producto de la corrupción gubernamental petrolera que ha ocasionado una protesta cívica de casi dos millones de brasileros volcados en las calles exigiendo el cese a la impunidad y la destitución de Rousseff. Tan es así, que el índice de popularidad de la presidenta está en un nivel de aceptación alrededor del 13%, cifra similar a la de septiembre de 1992, que ocasionó la destitución del entonces presidente Fernando Collor de Mello . La millonaria cifra del fraude   financiero no llega ni al uno por ciento de lo robado y dilapidado en Venezuela. La presidente, sin rehuir el tema, anuncia un paquete anti corrupción para castigar y apartarse en el futuro de esa conducta. ¿Lo logrará?

En nuestro país -el de “seguid el ejemplo que Caracas dio”, con un apoyo a la gestión gubernamental en la actualidad también de 13%- no se produce ni la más leve brizna de indignación traducida en protesta cívica ante los desafueros a que somos sometidos; como los son, el alto costo de la vida, represión desbordada, desabastecimiento general, inseguridad jurídica y personal, amenaza cierta -no presunta- que país extranjero nos sustraiga de la soberanía nacional territorio patrio y la corrupción desbordada con el escándalo de Andorra. El presidente, los milicos, la AN y el eufemístico Frente Patriótico no dicen nada. Solamente conformaron un Estado Mayor milico & cívico para recoger diez millones de firmas a Obama. Jamás el término Estado Mayor había alcanzado un desprestigio -con “chercha” incluida- como en lo actual. Producto del escuálido erario nacional en divisas extranjeras, canceló casi ciento ochenta mil dólares para pagar un remitido en The New York Times y así coadyuvar la megalomanía presidencial.

La MUD y los otros grupitos electoreros opositores están ocupados solamente en seleccionar a un poco más de un centenar de precandidatos que “salvaran a la nación” en la enchiquerada contienda electoral próxima. El partido de Leopoldo López anuncia su lista de precandidatos, seguramente encabezada por el dirigente preso. El partido del alcalde Ledezma hace lo mismo. Hasta ahora, el movimiento de la señora Machado aún no ha tomado posición. Lo último sería que encabezara un puesto salidor en Miranda nuevamente y tropezar con la misma piedra. Pareciera que todos, además de miopes, están inoculados con “el síndrome de Estocolmo”.

A los pardos y blancos de orilla, en época colonial, se les exigía, además del certificado de limpieza de sangre, el pago de emolumentos para poder acceder a determinados cargos y profesiones. Mutatis mutando, la MUD exige a los precandidatos a la AN, “bajarse de la mula” con más de cien mil bolívares para poder competir. ¡Fariseos con liquidez al Poder!

 

cheye@cantv.net | @CheyeJR