• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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Jamás el día de los santos inocentes presenta una particularidad específica, muy de actualidad que sobrepasa los aspectos bíblicos, al par de jocosos, en la idiosincrasia venezolana. ¡Caíste por inocente! Es una frase casi en desuso; como aquella, ya lejana e imperceptible: ¡Aquí es!, cuando existía el goce sibarítico disfrutado a plenitud en pretéritas carnestolendas. Cuando los muchachos procuraban su ración de caramelos. Tiempos idos pero recurrentes en el mundo de los recuerdos que suelen reaparecer en la víspera de año nuevo.

Los estertores del año 2015 nos traen “sorpresas”, en el exacto significado de la frase, que no son tales. Para los aun compatriotas crédulos que siguen pensando en pajaritos en estado de gravidez, quienes esperan como un simple milagro divino la solución definitiva del drama venezolano. A pesar del TSJ con todas sus salas, además de todos los entes que conforman el Estado, pintarrajeados, burlesca e íntegramente de rojo. Dos ilustres ex magistrados (adornados con incuestionables valores ciudadanos y jurídicos, aunque carentes de debida sindéresis política que les obnubila el debido juicio) han solicitado formalmente ante la Fiscalía General de la República la apertura de una averiguación penal donde aparecen indiciados los dos presidentes, uno de la república, el otro de la AN. Uno alto y el otro bajo de estatura; ambos con notorias falencias de cualidades intelectuales y políticas; rechonchos por la dadivosa ingesta de “delicateses” palaciegas, muy pequeñoburguesas; sustitutivas de la sobrebarriga cucuteña y de los bagres de caños deltanos. Ambos denunciantes aspiran, como si disfrutáramos de un excelso Estado de Derecho, a que la fiscal utilice apropiadamente la jurisdicción penal para sancionar a los presuntos delincuentes, infractores recurrentes del derecho penal positivo…

Se debate en el “limbo” indescriptible donde nos encontramos los venezolanos; si efectivamente la Sala Electoral del TSJ habilitó o no el tiempo necesario para recibir el recurso contencioso electoral de impugnación que afectaría a 22 diputados opositores. La MUD denunció el despropósito oficialista en rueda de prensa, señalando, incluso, el número del expediente contentivo de la acción. Seguidamente el TSJ declaró que la noticia era incierta. Además de la denuncia formal, solicitaron a sectores de la comunidad internacional ayuda. Manifestando, luego, que ante la “contundente” respuesta de la mesa, la maniobra oficialista no se había consolidado. Por ninguna parte se escuchó la convocatoria a la calle (este tipo de protesta es un recurso constitucional apropiado de manifestación cívica) para enfrentar el reiterativo conato de fraude en que vivimos. Pareciera que existe un temor reverencial por parte de algunos dirigentes opositores de desempolvar, aplicándolos, los vetustos pero aún eficaces e irrenunciables modos de lucha y de presión popular. Su talante cívico y reivindicativo es incuestionable. Algunos prefieren utilizar eufemismos, al solicitarlas, mediante frases rebuscadas como “presencia ciudadana”. Lo fundamental en todo discurso político apropiado es el contenido del mismo con meridiana claridad conceptual. ¡En ocasiones las medias verdades son más perniciosas que las mentiras!

La pretensión de mantener hegemonía absoluta en todos los tribunales venezolanos está aparentemente consolidada. Sus debilidades se constatan a simple vista, haciéndolas extensivas también, al resto de los poderes públicos. En la Fuerza Armada Nacional forcejean milicos indignos con militares institucionalistas para la cabal aplicación del artículo 328 de la CN. La mayoría circunstancial en el TSJ no debe ser menospreciada porque es parte del todo. Se trata, simplemente, de procurar la logística teórica adecuada para implementar el alibí necesario y continuar en el poder utilizando el contumaz disfraz de hetairismo republicano difuso. Al resto mayoritario de la población venezolana, por encima de discrepancias circunstanciales, nos queda como única opción la de mantener la voluntad de lucha con la debida lucidez, con criterio claro, sin eufemismos, para apreciar la realidad. Con la finalidad de implementar los mecanismos apropiados para resolver la crisis nacional. Esta se desenvuelve en un constante proceso de mutación letal sobrevenida. Es pertinente afirmar, de Perogrullo, que uno deja de ser bueno cuando comienza a ser malo.

Existen diversos venezolanos en disímiles posiciones políticas que asumen ciegamente, como reza la vieja canción, el alter ego del trashumante caminador en las calles de La Habana de otros tiempos. El célebre guarachero, quien “arrollaba la conga como es”; la del estribillo jacarandoso: “…El mismito se mató…”. Piensan, quizás, que el suicidio en la vida real conserva un significado distinto al contenido en el suicidio político. Es decir, que el que se da muerte políticamente por propia mano es susceptible de sobrevivir a posteriori. Que la misma no mantiene la condición de perpetuidad, de rasgo con valor definitivo e inmodificable. Infieren que la asunción de la inmortalidad política es consustancial con la vivencia terrenal, como si se tratara de sustentar en lo subjetivo pensamientos relacionados con creencias religiosas o metafísicas.

En el siglo pasado constatamos algunos casos de “cadáveres políticos insepultos”. Hubo, además, algunos otros “muertos cargando basura”. Unos no eran tales cadáveres. Eran personajes que la diatriba política los había encasillado así. Lo cierto es que quien muere por las diversas causas conocidas –el suicidio es una de ellas– no tendrá ocasión de ver su pescuezo retoñar.

Las cabezas visibles del oficialismo moribundo y ya nauseabundo (acompañados de sus tercos seguidores milicos & civiles; todos depredadores del erario público y causantes de los males que padece la república) están a punto de darle la patada a los menguados vestigios de la casi inexistente y de mero adorno “lámpara constitucional”. Menguada por las constantes violaciones y todas las iniquidades cometidas. La genuina Constitución Nacional, sin falsas interpretaciones, regirá pronto, de manera prístina, como garantía cierta de la paz social, de la justicia y del bienestar económico a que aspira Venezuela.

…A pesar de todo, de los flujos y reflujos, de las contradicciones imperantes, de las amenazas reales y/o virtuales, de todas las voces agoreras y amenazantes. El año 2016 se vislumbra con signos inequívocos de cambios profundos para Venezuela. Todos debemos aportar nuestra impostergable cuota de militantes de solidaridad ciudadana… ¡Feliz y próspero año nuevo!

 

cheye@cantv.net

@CheyeJR

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