• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

Al instante

Arpías

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En el siglo pasado hubo un cierto tipo de la literatura infantil que proyectó hacia el nuevo fenómeno comunicacional emergente, el cine y la televisión, a diversos prototipos de mujeres, muy definidos, por los aspectos resaltantes de su personalidad: especímenes con disimulo ostentoso, interés bastardo y maldad infinita. Este hecho hizo que esos personajes se popularizaran y se expandieran mundialmente. Los niños se convirtieron en adultos y en el ínterin, nuevas generaciones de infantes han conocido las maldades, siempre las mismas, de estos oscuros personajes.

El primer domingo del mes vi por Televen, en el programa de opinión del acartonado y casi nonagenario cerebro gris del régimen, a la titular del ministerio del poder popular de elecciones del gobierno. Como lo señaló Rómulo Betancourt en 1936, a su regreso del primer exilio, al aconsejar que al congreso gomecista fuera menester acatarlo poniéndose un “pañuelo en la nariz”. Por cierto, este fue el primer error táctico de estrategia nebulosa que cometió a lo largo de su exitosa carrera como político, coadyuvando la extensión de la vetusta, conservadora y antidemocrática armadura constitucional, prevalida de gamonales enquistados, hasta el 18 de octubre de 1945.

Efectivamente, yo me coloco un pañuelo en la nariz cuando me dispongo a ver y escuchar programas de opinión como el aludido; así como en algunos otros de los muchos que existen –apabullantes todos y que desdicen la conseja de que son “minoría en los medios comunicacionales”– para ponderarlos debidamente, sin interpretaciones rebuscadas de terceros. Lo hago para saber “por dónde vienen los tiros” y también como ingrediente fundamental, además de las asombrosas noticias cotidianas y de otras opiniones, para la elaboración de mis artículos semanales en este diario, así como en los comentarios breves en mi blogs.

En el supracitado programa, armado de paciencia franciscana, escuché por parte del entrevistador la frase inspiradora para la redacción del artículo. Dijo, palabras más, palabras menos, con su tradicional dialéctica difusa, que aquellos que critican a las distintas mujeres, burócratas y titulares de los poderes públicos que han garantizado, y por ende propiciado el régimen totalitario vigente, todos, toditos, son ¡misóginos! Es decir, quienes criticamos y luchamos de mil maneras para cambiar democráticamente de gobierno; padecemos de esa particular patología. Si denunciamos la indudable y manifiesta parcialidad de la señora Lucena y del trío de féminas (todas militantes públicas y encubiertas del PSUV) que la respaldan, entonces somos ¡misóginos!

Si los compatriotas que criticamos la gestión del Tribunal Supremo de Justicia, regido con mano firme, no propiamente jurídica, por parte de su presidenta y de las anteriores, porque el TSJ es cabeza de uno de los poderes públicos esenciales del Estado –desde que lo plasmó magistralmente Montesquieu– por sus características de ser el ejecutor a plenitud del cabal ejercicio de la balanza de la justicia sin más cortapisas que la ley y el derecho. Quienes señalamos que la Sala Constitucional se ha excedido, y seguramente se seguirá excediendo, con interpretaciones torticeras para apalancar las características de seudoconstitucionalidad que pregona el régimen poseer socarronamente y erróneamente, entonces somos ¡misóginos!

Si más de 90% de los venezolanos comunes y la casi totalidad del gremio de abogados creemos que la actuación de la titular del Ministerio Público ha convertido al insustituible órgano creado para la cabal actuación del Estado en resguardo de la aplicación correcta de las normas penales positivas; indubitablemente ha convertido a este organismo en una eficaz mandarria que golpea conciencias y encarcela a personas en tenebrosas ergástulas. En consecuencia e irremediablemente, somos ¡misóginos!

Si el cambio de género –jamás de política– efectuado en la Contraloría General de la República y la Defensoría del Pueblo (cuyas anteriores gestiones fueron oscuras, insípidas y obsecuentes) no se hubiese hecho, entonces tendríamos un quinteto de féminas garantizadoras del afianzamiento e instauración a perpetuidad de este gobierno totalitario que nos oprime. Criticarlas, como lo hicimos en su debida oportunidad, nos convierten en ¡misóginos!

En la actualidad falta que el titular el Ministerio de la Defensa (milicos sustentando el poder detrás del trono) siga siendo desempeñado por una dama. La almirante en jefa Carmen Teresa Meléndez Rivas ejerció, en una especie de “Campaña Admirable” por su brevedad, las carteras de los ministerios más emblemáticos del poder: la Secretaría de la Presidencia, la de Defensa y del Interior, Justicia y Paz. A la hora del balance final (en sus diversas gestiones ministeriales) las mismas no pudieron ser más grises, como el uniforme de faena de grumete. Por haberlo criticado, se nos endilga ser ¡misóginos!

Fuera del ámbito de este artículo he dejado –exprofeso– las infames gestiones de otras féminas. Como la realizada, con desparpajo inimaginable, por aquella que prometió al anterior presidente desaparecido, acompañado por su colega nicaragüense Daniel Ortega, que en dos años (2011) los caraqueños y todo el mundo podríamos bañarnos y hacer “picnic” en la orillas de nuestro emblemático Guaire, superando las acogedoras características naturales del Sena en París. Otra a quien denominan primera combatiente, cuando presidió la AN. Lo resaltante de su gestión fue el ejercicio de simple jardinería. Sembró de flores el Capitolio. Si se les recuerda a ambas, y a muchas más, por lo demagógico y teatral en sus desempeños. Por ello, soy ¡misógino!

Los venezolanos estamos sometidos desde hace más de dos décadas a un prototipo de régimen que seguramente engrosará las páginas de Guinness por lo original y por lo eficaz que ha resultado para el provisional afianzamiento del conocidísimo pero silvestre y malsano régimen totalitario. El mismo ha sido revestido con un disfraz que aparenta legitimidad y legalidad, condición sine qua non para todo régimen republicano y democrático. Tenemos, no me cansaré de decirlo hasta que cambie definitivamente, un gobierno totalitario sin la menor duda. Aparentemente interrelacionado republicanamente con la ampliación de los tres poderes tradicionales aumentados a cinco por la Constitución vigente. Estos poderes se encuentran “todos, toditos”, subsumidos, obsecuentes y dirigidos por uno solo: el Poder Ejecutivo; representado por el presidente de la república, quien se despacha y se da el vuelto arbitrariamente a su real antojo prevalido de todo tipo de argucias de carácter metajurídico.

Para que lo anterior haya sido exitoso –por ahora– ha requerido de la ayuda de innumerables féminas, todas arpías, resteadas y muy diligentes, quienes de manera individual y/o a la cabeza de poderes constitucionales se han prestado para violar impunemente esos preceptos. Como en los cuentos infantiles y de las hadas a que nos referimos al comienzo, el final siempre será el mismo: la arpía, bruja, perversa, pérfida, malvada, al final, inexorablemente, es derrotada. Emerge entonces, de manera sublime, la mujer virtuosa y esplendorosa no solamente por su belleza global, sino impregnada de todo lo hermoso y creador relacionado a su rol fundamental, el de la maternidad. Siempre protectora para con los hijos, propios y ajenos. Enemiga a ultranza de todo aquello que signifique deshonra, injusticia, ruindad y maldad. ¡Misóginos! son aquellos que propician las indignidades reales cometidas contra la señora Lilian Tintori de López, “Inesita Terrible”, secuestrada en el Sebin con graves dolencias de salud. Igualmente la capitán de la Fuerza Aérea Laided Salazar. Aherrojada en lejana cárcel con presos comunes, en la actualidad. En el pasado reciente basta nombrar el asesinato de las dos damas en Valencia y la paliza a una pacífica manifestante. Estas no fueron “agresiones virtuales”… ¿Quiénes son entonces los reales misóginos; además de fariseos, demagogos y miserables de la peor calaña?

En lo personal, por si acaso, doy un testimonio de fe: soy un enamorado impenitente de las féminas en su más alto significado. Esto no excluye ni es contradictorio de que sea un combatiente impenitente contra cualquier tipo de injusticia y de latrocinios cometidos por personas, indistintamente de su género. Por ello, estoy a millones de años luz de ser ¡misógino!

 

cheye@cantv.net

@CheyeJR

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