• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

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Aprehensión

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El presidente editor de El Nacional, Miguel Henrique Otero, denuncia un nuevo atropello contra el diario y su persona, luego de que el Tribunal 29° de Primera Instancia en lo Penal del Área Metropolitana de Caracas ordenara al Cicpc para que lo traslade a la sede del tribunal. Todo de acuerdo a lo relacionado con la querella interpuesta por el presidente de la Asamblea Nacional. Si viviéramos en un país donde se aplicara la justicia como es debido, el oficio donde se hace la requisitoria no debería causar alarma. Todos sabemos que la coerción es pertinente cuando existe renuencia por parte del indiciado a cumplir con los presupuestos jurídicos. Aquí estriba la diferencia entre la moral y el derecho. Cuando el ciudadano violenta la ley, el Estado tiene la facultad de hacerla cumplir mediante la fuerza. Lo infame del presente caso, es la impudicia para utilizar estos recursos babosamente urdidos con visos de revanchismo político impropio.

La idéntica solicitud fue efectuada contra todos los codemandados, con la excepción de Teodoro Petkoff y Beatriz de Majo, por razones de salud. Tenemos la certeza, sin pecar de adivinos, que la acción penal incoada derivará, ineluctablemente, con una condena de privación de la libertad para algunos y el consecuente y discutible resarcimiento económico ocasionado al imperturbable; pero guapo, por apoyado, demandante. Resarcimiento este, calculado no precisamente en “conchas de ajos”, pero que refleja de algún modo la valoración en efectivo de su capital (complementándose armónicamente el ego elevadísimo con su patrimonio real) para el desagravio respectivo. Se trata de una impresionante suma que incidirá también, sin menor duda, para que se intenten a posteriori las acciones legales propiciatorias de carácter mercantil para cambiar de dueños a El Nacional, Tal Cual y La Patilla. No estamos ¡descubriendo la pólvora! con esta aseveración.

Como Miguel Henrique Otero se encuentra fuera del país, lo único que se me ocurre es solicitarle, muy respetuosamente, que no regrese a Venezuela. Un juicio copiado casi al carbón al seguido en contra de Leopoldo López es su seguro destino. Además de la considerable pérdida patrimonial que se vislumbra. Por creer en “pajaritos en estado de gravidez” el señor López se entregó a la “justicia revolucionaria” y ha sido condenado a casi catorce años de prisión. En un seudojuicio donde se siguen violentando, a todo evento, sus garantías procesales. El valor cívico y el arrojo manifestado por Otero Castillo para enfrentar la opresión; además de todos los desafueros gubernamentales inferidos a su persona, están demostrados a cabalidad. No es necesario que se someta al seguro escarnio resultante de una prisión injusta, además de ilegal.

Entiendo que residir en el exterior, producto de la violencia institucional instaurada en nuestro país, no es agradable. También la responsabilidad en la dirección del diario requiere su presencia cotidiana. Sin embargo, los adelantos tecnológicos conocidos contribuyen a minimizar la ausencia física y su influencia en el manejo directo del mismo. El caso de Petkoff es distinto. Además de edad avanzada, posee una amplia experiencia política de cárceles y persecuciones que seguramente influirán para que no cometa errores de juicio y pecar de crédulo. Ravell está pisando un inestable terreno. Debe ponderar debidamente su intención de retornar al país. No debe convertirse en nueva víctima propiciatoria. ¡Las ergástulas! del régimen están hambrientas de recibir “carne fresca” para saciar sus envilecidos deseos. El amedrentamiento persistente propiciado por el gobierno a través del “agavillamiento institucional” a todo lo que signifique oposición no complaciente es la regla. Aspiran, por lo contrario, a confrontar con una oposición tímida, insulsa y bobalicona acorde a sus bastardos intereses.

Nicolás Maduro es presidente; pero también suele actuar en doble conjunción, como un irresponsable agitador trasnochado. Nos ha brindado una de sus constantes admoniciones virulentas, de sindéresis dudosa, a que nos tiene malacostumbrados: “…Solo con nosotros se pueden superar las dificultades. Con la burguesía vendría el caos, vendría la violencia. Si la revolución perdiera las elecciones el 6 de diciembre, es muy probable que en el transcurso de los próximos meses y años la revolución tome otro carácter”. Hace más de un mes anunció que ante un revés electoral, él estaría en la calle… ¿Haciendo qué?… Esta sombría predicción contradice la condición de ecuanimidad –sine qua non– para ejercer con propiedad la alta magistratura nacional.

Se anuncia que la nefasta Asamblea Nacional, la misma que no legisla, ni debate ni controla, dio inicio al procedimiento para elegir a nuevos magistrados del TSJ –por doce años– antes de que culmine el actual ejercicio parlamentario; acelerando la renuncia de algunos, o mediante la jubilación de otros. No es al azar que esto se produzca. Hemos venido insistiendo que el régimen persiste en revestirse con un manto de “seudolegalidad y legitimidad” ante el futuro incierto. Tienen el control absoluto de las Salas Constitucional, Electoral y Penal del TSJ para continuar haciendo gárgaras de sedicente republicanismo. Quieren apalancar con nuevos pilares la nociva política de ostentar un barniz grosero e impropio de legalidad y legitimidad para que les siga propiciando el opaco lustre.

El inefable poder milico se incrementa cada día. Todo indica que el estado de excepción vigente en territorios fronterizos continuará. Pretenden conciliar lo irreconciliable. Limitan los derechos de manifestación y otras actividades públicas garantizadas por la constitución en un proceso electoral donde la civilidad se debe manifestar a plenitud y sin ningún tipo de sordina en las calles.

Todo viene debidamente “empaquetado”; como las cestas contenedoras de harina precocida, aceite, arroz, pasta y otros ingredientes alimenticios, que el gobierno todavía reparte en ciertas localidades para corromper conciencias y mitigar la hambruna indetenible.

La oposición organizada, por su parte, recita un ritornelo cándido como de autistas. Solo se les ocurre anunciar que el 7 de diciembre Venezuela cambiará por obra y gracia del brebaje mágico ingerido el día anterior. Los ingenuos, y otros no tanto, deducen (de acuerdo con el “correo de las brujas”) que el doctor Ramos heredará mansamente de Cabello la presidencia de la Asamblea Nacional. Que inmediatamente el gobierno promulgará la ley de amnistía; se liberarán los presos políticos y retornaran los exiliados. De igual manera la Asamblea procederá a ejercer a cabalidad su papel de control y se aplicarán todos los recursos parlamentarios contra los ministros y demás autoridades que cometan delitos políticos y administrativos; con sus necesarias consecuencias. Sin rubor alguno señalan que esta Asamblea designará nuevos poderes públicos: CNE, FGR, CGR, DP y los magistrados de un nuevo TSJ, quienes investirán a nuevos jueces probos y con plena estabilidad para impedir la continuación de presiones impropias propiciadoras de la perniciosa obsecuencia actual que imposibilita la implementación de un efectivo Estado de Derecho. Todo lo anterior con el beneplácito irrestricto del Ejecutivo nacional. En el ínterin, la indescriptible presidenta del CNE dice que su feudo “no cuenta encuestas, sino votos”. Lo cierto es que solo cuenta cuentos… ¡Cuéntame ahora una de vaqueros!

No es agradable pecar de “aguafiestas” en pleno proceso celebratorio cuando los músicos afinan sus instrumentos y se aprestan a tocar. Pienso que es preferible plantear la cruda realidad, por más antipática que sea, que fomentar vanas ilusiones. Los seres humanos estamos propensos, ¡vaya usted a saber por qué! a preferir vivir en una eterna espera de mejores tiempos devenidos por actos fortuitos. Obvian propiciar la aplicación, con entereza y decisión, de los medios idóneos para lograr los cambios necesarios e impostergables. ¡No se debe diferir lo ineludible! Casi todos sabemos, o intuimos, lo que acontecerá en diciembre y a lo que estamos expuestos.

Después de la votación el gobierno hará lo que le es usual: continuar en el poder por tiempo indefinido. Para ello cuenta, de acuerdo con su premisa, con todo el poder institucional implementado con las artimañas conocidas: el CNE expresará su particular versión de los resultados. Estos serán debidamente apalancados por la Sala Electoral del TSJ. Coetáneamente, a los opositores que protesten el fraude, se les aplicará su ración de legalidad a través de la Sala Penal del TSJ; por intermedio de los jueces complacientes de instancia, (recordar “la salida” en febrero de 2014 y las consecuencias que aún padecemos) sustentado por las bayonetas que indebidamente ostentan milicos y demás grupos paramilitares armados, o colectivos, si se prefiere el término, todos comprometidos con el gobierno.

Frontalmente, para evitar la consumación de lo anterior, y una vez conocidos los veraces resultados, deberemos estar en la calle. Solidarios como en otros tiempos, los que constituimos más de 80% de los venezolanos. Aquellos que votaron por la MUD, o por otros opositores y los que votamos nulo. ¡En real ejercicio de política unitaria! desde abajo. Todos los que no deseamos ni estemos dispuestos a permitir que se vulnere nuevamente la voluntad popular. Maduro persiste en amenazarnos: “…Si la revolución pierde el 6 de diciembre es muy probable que en el transcurso de los próximos meses y años la revolución tome otro carácter”. Esta aseveración posee una sola traducción. Es menester que nos preparemos debidamente para ello sin cortapisas ni excusas para postergar lo ineludible. Desempolvar el artículo 350 de la Constitución explicándolo pedagógicamente y sin eufemismos. La expectativa (predecible por los antecedentes conocidos) debe mantenerse como opción factible para no actuar de manera improvisada llegado el momento. Arrollando, si es menester, a quienes dirigen la oposición; si estos persisten en aceptar lo inaceptable. No se vislumbra otra opción factible para la ejecución oportuna de los mecanismos constitucionales tendentes a la restauración plena de la vida republicana y democrática seriamente comprometida.

 

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@CheyeJR

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