• Caracas (Venezuela)

José Rafael Avendaño Timaury

Al instante

Aeróbicos

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


No es cierto que en nuestro país no exista el diálogo entre el gobierno y la oposición organizada. No es necesario discurrir acerca de las diversas modalidades que adornan este tipo de comunicación: verbal, epistolar, por señas y los virtuales sobrevenidos por la tecnología (tweets, etc), aceptados con naturalidad por lo expedito y cotidiano como normas de conductas producto de reflejos condicionados. Esta modalidad de peculiar diálogo, algunos de carácter ruin e infecundo, existe de hecho. Unos lo piden, otros lo dan y otros se niegan.

En materia de protesta política, las grandes concentraciones de masas, tanto en recintos abiertos como en cerrados, eran precedidas ocasionalmente por cortas caminatas provenientes de diversos sitios que confluían en el lugar de reunión. Esas jornadas revestían modalidades particulares: pancartas alusivas, la repetición de consignas de carácter combativo con recias voces y coros acompasados.

En los últimos años se institucionalizó el uso de las denominadas “marchas” como una manera de protestar. Se estableció esta rutina de operación como una especie emergente de peculiar cultura. Comenzó con la adquisición de elementos propiciadores del confort necesario: gorras, zapatos deportivos, franelas de modas, “koalas” donde se guardaban envases de agua, bebidas energizantes y/o espirituosas; además de los celulares para tomar las gráficas y selfies. Se protestaba, pero también servían de divertimiento, casi como un ejercicio de relaciones públicas. Valían como punto de encuentro con amistades cercanas o alejadas.

Las marchas promovidas tanto por la oposición como por el gobierno conservan rasgos parecidos, aunque también diferenciadores. Las oficialistas están dotadas con una logística envidiable (una de las pocas actividades gubernamentales en las que han sido eficientes), con uniformes unicolores –que privilegian el uso del rojo– muy parecidos a los utilizados por los “camisas negras” de Benito Mussolini, complementados luego por los nazis de Adolfo Hitler; grupos precursores de los actuales “colectivos” fascistas de la robolución. El presidente venezolano fallecido hubo de actualizar, con armonía, aquella nefasta costumbre política de agavillamiento. A los participantes gobierneros se les premiaba de diversas maneras: generosos viáticos, alimentos, bebidas (refrescantes, también rociadas con el “aguardiente” de rigor), transporte desde remotos estados, algunos provenientes del Zulia y del Táchira, otros cercanos como Aragua y Carabobo. El aserto anterior está respaldado por múltiples testimonios con gráficas elocuentes que muestran autobuses estacionados en las vías públicas caraqueñas. Los viajeros express aprovechan la ocasión para patear un poco la capital y conocer los centros comerciales más emblemáticos y surtidos de otras épocas, atiborrándolos de marejadas rojizas. Los empleados públicos eran y son los eternos convidados de piedra. Siempre amenazados por la pérdida del empleo, con el infamante pase de lista y la coactiva exigencia no de fe de vida, sino de la constancia indubitable de su vergonzante presencia burocrática. Las marchas de la oposición no gozan del repulsivo boato delictivo proveniente de las ahora escuálidas rentas públicas.

Lo parecido entre ambos cuasi maratones radica en la costumbre establecida como un axioma de que el gobierno nacional suele responder ipso facto a las convocatorias de la oposición con una actividad similar en la misma fecha y hora (avenida Bolívar y/o Miraflores) contando, al comienzo, con el obsecuente permiso otorgado por el “perro guardián” de ocasión (alcalde del municipio Libertador), autorización siempre negada a la oposición. En la actualidad las caretas rodaron por el piso y se incumple, sin aspavientos, con el formalismo. Ya nos hemos referido a los conceptos de flujos y reflujos; acción y reacción; tesis y antítesis. En la actualidad el uso indiscriminado de las marchas promovidas por sectores de la oposición ha devenido en una especie de patología perversa, aquella que hace inútil el uso de los antibióticos cuando se utilizan sin prescripción facultativa y de manera desproporcionada. Así, las bacterias se tornan inmunes y salen fortalecidas.

En enero de este año el presidente de la AN, con motivo de su juramentación en el cargo, anunció que en seis meses se establecerían las formas y los modos de propiciar el cambio de gobierno de manera constitucional. Celebré con fruición ese anuncio y escribí al respecto, apoyando la iniciativa y planteando la vía del referéndum revocatorio como lo idóneo, en lo táctico y estratégico, de esa acertada política. Luego, el tribuno se dejó atascar ¿de manera complaciente? por compañeros suyos en la MUD y algunos respetables académicos. Se perdió tiempo valioso en la discusión e implementación de otras modalidades (renuncia, enmienda y/o reformas a la Constitución, Asamblea Nacional Constituyente, recursos ante el TSJ, CNE, FGR para dilucidar la nacionalidad de Maduro y el consiguiente retiro de la Presidencia; y muchos, sibilinamente, le otorgaban primacía a la próxima elección de gobernadores), que solo han servido para prolongar la agonía del régimen (1). Careció, lamentablemente, el parlamentario del liderazgo necesario para imponer la política correcta, para enfrentarse con decisión a las equivocaciones y errores tácticos promovidos por sus compañeros de ruta. Este tipo de liderazgo es el que hace la diferencia entre los “hombres de Estado” y los demás líderes acostumbrados a las acomodaticias políticas de gabinete, siempre inútiles en los momentos históricos cruciales.

El gobernador de Miranda asumió ad hoc la conducción del revocatorio. Los hechos han demostrado que era, es y seguirá siendo lo acertado para la instauración del ¡nuevo gobierno ya! este año, de manera constitucional, pacífica y democrática, obviando las expectativas cruentas que nos amenazan. También celebré el hecho y escribí al respecto. Pero, engolosinado como está el gobernador –por sentirse depositario de designios divinos para morar a todo evento en Miraflores– ha cometido delicados deslices tácticos (negativa a formalizar un equipo de dirección política amplio para conducir el proceso revocatorio y utiliza como único recurso de masas las frustrantes marchas, cada día menos numerosas, agotándolas por el uso indiscriminado, rutinario y sin concierto alguno), equivocaciones inexcusables que retardan el desenlace final por todos esperado. Con presencia diaria en todos los medios, cansona y aburrida por repetitiva, sin nada sustantivo que anunciar, los cometerá (reiteración de los viejos errores, renovados e incrementados con los sobrevenidos) caprichosamente junto a todos los demás dislates imaginables. Su tozudez permite hacer suya la frase célebre de Luis XV: “Después de mí el diluvio”.

Ante el empantanamiento y la gravedad de la crisis nacional, cargada por el explosivo e inevitable desenlace ya cercano, es menester abrir con nuevas opciones el actual juego político, pedestre y trillado por el uso de la “recurrente caminería”. Para que se cumpla la aplicación plena de la Constitución nacional, los obreros y empleados –de manera espontánea u organizada– deben propiciar paros en sus sitios de trabajo, de 15 minutos de duración al comienzo, para protestar por el alto costo de la vida y por la incapacidad de poder cubrir con los salarios la normal ingesta alimenticia. Las condiciones objetivas (económicas, sociales y políticas) están dadas a plenitud como la demostración palpable de un teorema, porque el hambre real y la sed de justicia formal y social campea por los cuatro costados de Venezuela. Por ello la innegable insuficiencia calórica no debería desgastarse más, por ahora, con nuevos ejercicios aeróbicos hasta que llegue la hora propicia de “jugarse a Rosalinda”. Los médicos, odontólogos, laboratoristas, enfermeros, etc, deben hacer lo mismo en las clínicas y centros hospitalarios, protestar por la falta de medicinas y demás insumos que está segando la vida de muchos compatriotas (niños, adultos y ancianos sin discriminación alguna). Los  propietarios de todo tipo de vehículos también deben paralizar el tránsito, estacionándolos en la vía pública, con el uso de las cornetas durante minutos a una hora determinada, por la carencia de repuestos vitales. Los medios de comunicación (escrita, televisiva y radial) a través de sus propietarios y/o empleados, de manera concertada o no, deben asumir una conducta similar. En definitiva, se debe comenzar este mes la celebración de paros escalonados en todo el país, incrementándolos de forma global –la protesta y el lapso de las mismas– semanalmente, de modo armónico con concentraciones populares en los barrios y urbanizaciones, acompañados de ser posible con los 112 diputados de la MUD en la AN, parlamentarios regionales, concejales, dirigentes de todos los partidos organizados y de la sociedad civil en general. También con la presencia de los nuevos dirigentes y líderes que necesariamente habrán de surgir. Por último –sin establecer la prelación por orden de importancia–, con la presencia motora y juvenil, siempre de vanguardia, combativa y pura por desinteresada del estudiantado, presente en todos los procesos sociales venezolanos… ¡Quien desee pescar guabinas debe mojarse las nalgas!

Nota:

1.- Diversas y contrapuestas propuestas emanadas de Leopoldo López, Enrique Márquez, Antonio Ledezma, María Corina Machado, Henri Falcón, Andrés Velázquez –todos equivocados por acción u omisión al presentar proposiciones que, aunque pertinentes, no fueron cónsonas con la realidad objetiva– propiciaron e hicieron difuso, por bifurcar, el planteamiento táctico correcto en el tiempo y en el espacio. Se perdieron cinco meses. Todos ahora están contestes en que la solución pertinente en lo político y constitucional transita, de manera ineluctable, por el referéndum revocatorio. Es hora de sobreponerse a los errores cometidos: “No temer volver la vista atrás porque no existe el riesgo de convertirnos en estatuas de sal”… ¡París vale una misa!